Zak Hilditch: «El paisaje de Australia dicta películas apocalípticas»

El director australiano presenta a concurso en el festival 'Las últimas horas'

El director australiano Zak Hilditch, ayer en el Festival de Sitges.

El director australiano Zak Hilditch, ayer en el Festival de Sitges. / DIEGO CALDERÓN

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JUAN MANUEL FREIRE
SITGES

El director australiano Zak Hilditch ha presentado en Sitges, a concurso, Las últimas horas, otra visión del fin del mundo, ambientada en los momentos previos del apocalipsis. El filme se estrenará el 12 de diciembre en nuestras salas comerciales.

-En Australia cuentan con un legado ilustre de cine apocalíptico; se me ocurren La última ola de Peter Weir, Mad Max, por supuesto…

-¡O Wake in fright! [Proyectada este jueves, dicho sea de paso, en el festival: Prado, 20.00 horas] Me siento orgulloso de esa tradición y espero haber aportado algo de interés con mi filme.

-¿A qué se debe el interés australiano por estas historias?

-En el medio de Australia no hay nada, absolutamente nada. Es solo desierto. Supongo que un paisaje así dicta esa clase de argumentos. Y después está el aislamiento, porque somos una isla.

-Como The leftovers, novela y serie, en su visión del apocalipsis importa casi menos la acción externa que la interna. Es una película que, sobre todo, invita a uno mismo a preguntarse: ¿de qué lado me pondría en una situación así? ¿Cómo respondería?

-Observamos a un puñado de personajes en sus últimas horas sobre la Tierra. Y cada uno afronta el final inminente de forma distinta. Pero creo que, sobre todo, es la historia del personaje central.

-¿Se identifica especialmente con él? ¿O con algún otro personaje?

-Bueno, me encantaría ser tan guapo y musculoso como Nathan Phillips, pero no es el caso (risas). Pero sí es un poco el cicerón del espectador. Es fácil identificarse con él porque es un hombre muy corriente, con sus flaquezas y sus fortalezas.

-Un hombre en busca de redención, que ha hecho algunas cosas malas, y espera poder redimirse ayudando a una niña en esas últimas horas.

-Me interesaba mucho el aspecto de la redención. Creo que existe algo inspirador en un personaje que, durante el final de todas las cosas, en lugar de rendirse a la amoralidad, prefiere tratar de hacer las cosas bien para despedirse.

-La visión que da de la juventud es distópica al cien por cien. Puro nihilismo al estilo Spring breakers.

-(Risas). Sobre todo en la parte de la fiesta. En Australia tenemos, una vez al año, el Australia Day, un día oficial de fiesta nacional. Ese día se arman las fiestas más histéricas. Quería hacer una versión de esas fiestas con orgías y ruleta rusa. ¡Una especie de Australia Day con esteroides!

-¿En qué estado se encuentra el fantástico australiano?

-Se encuentra muy bien, gracias a gente como Jennifer Kent (The Babadook) o los hermanos Spierig. Pero el problema es que los australianos no van a ver cine australiano. Ni siquiera The Babadook tuvo una gran taquilla.

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-Su película sobre el fin del mundo llega a España en un momento tristemente adecuado. ¿Ha visto las noticias del ébola?

-Sí, aunque desconozco los detalles. Parece horriblemente oportuno… Ojalá no se vaya de las manos.