Tú no eres mamá

Veronika Franz y Severin Fiala ofrecen una nueva y brillante muestra del incómodo cine austríaco en la desazonante 'Goodnight mommy'

Veronika Franz y Severin Fiala, después de la presentación de ’Goodnight mommy’, ayer en Sitges.

Veronika Franz y Severin Fiala, después de la presentación de ’Goodnight mommy’, ayer en Sitges. / DIEGO CALDERÓN

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JULIÁN GARCÍA / SITGES

Se suele vincular, con razón, el cine austríaco a la desazón, al mal rollo, a lo chungo. Ya saben, autores como Michael Haneke, cuya obra más premiada y popular, Amor, versa sobre la enfermedad y la eutanasia. O Robert A. Pejo, que en 1995 dejó sin aliento a los fans del cine más extremo con Camino del edén, gangrenoso docudrama acerca de un médico forense. O Ulrich Siedl, que el año pasado dejó un reguero de virulenta crítica con su trilogía Paraíso: Amor, Fe y Esperanza. Siedl, precisamente, es el productor de otra de las perlas del cine austríaco más incómodo, Goodnight mommy dirigida por Veronika Franz y Severin Fiala y presentada este martes a competición: un enervante y sádico relato sobre dos niños gemelos rubios que empiezan a sospechar que su mamá no es en realidad su mamá y acaban sometiéndola a un catálogo de torturas bastante atroces. No daremos detalles , pero los niños son bastante diestros con el Super Glue 3.

«¿Qué pasaría si una mujer regresase a casa tras una operación estética y sus hijos no la reconociesen?», apuntan Franz y Fiala -un dúo de lo más sonriente y, aparentemente, muy poco truculento- como punto de partida de su primera película juntos. Estilizada, fría y sofisticada, inequívocamente deudora de Funny games (Michael Haneke, 1997) y de Los ojos sin rostro (George Franju, 1960), Goodnight mommy se postula ya como una de las favoritas para el triunfo en Sitges.

Antes, la esperada Jamie Mark is dead Jamie Mark is deaddejó en el Auditori cierto regusto de decepción. El nuevo trabajo de Carter Smith (Las ruinas) es un melancólico cuento homoerótico sobre el fin de la infancia a partir de la muerte de un joven introvertido y la aparición de su fantasma a un compañero suyo en el instituto. Quizá era que el fantasma (Noah Silver) recordaba de forma muy inquietante a Harry Potter, con esas gafas redondas de alambre, pero costó conmoverse con la taciturna, morosa historia, más allá de la enorme belleza formal del filme.

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