BOMBA DE AUDIENCIA

'Vigil: conspiración nuclear', misterio a escotilla cerrada

Suranne Jones en ’Vigil: conspiración nuclear’.

Suranne Jones en ’Vigil: conspiración nuclear’. / World Productions

  • Los productores de 'Line of duty' han vuelto a arrasar en Reino Unido con este 'thriller' de submarino, estreno imprescindible este lunes en Movistar+

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Juan Manuel Freire
Juan Manuel Freire

Periodista

Especialista en series, cine, música y cultura pop

Escribe desde Barcelona

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Difícil lo van a tener en World Productions para superar los resultados obtenidos con el 'thriller' policial 'Line of duty', cuyo final de sexta temporada (¿de serie?) alcanzó en Reino Unido los 12,8 millones de espectadores, es decir, un 56,2% de share. La atención, además, fue merecida: pocas series tan electrizantes han pasado por nuestras pantallas en los últimos años como esa creación de Jed Mercurio, exploración de la ambigüedad del bien y del mal a través de una alambicada trama de poder, corrupción y mentiras. 

Pero la nueva propuesta de World, 'Vigil: conspiración nuclear' (Movistar+, desde el lunes, día 13), merece también todos los globos oculares del mundo. Los del Reino Unido ya los ha conseguido: en los siete primeros días de su estreno, fue vista por 10,2 millones de espectadores, convirtiéndose en la nueva serie más vista en BBC en todo el año.

El éxito era de prever, no solo por la buena racha de World (también responsables de 'Bodyguard'), sino por el alto nivel de su equipo creativo. Su creador es Tom Edge, guionista de 'The Crown' o la saga 'Cormoran Strike'. Y su director principal, James Strong, el hombre que llevó en un primer momento las riendas de hits como 'Broadchurch' y 'Liar'. Además, sale Martin Compston, el Steve Arnott de 'Line of duty', aunque quizá menos de lo que muchos querrían. (Sáltense un par de párrafos si no quieren saber nada antes del lunes). 

Un misterio seguido de otro más

La trama de 'Vigil: conspiración nuclear' arranca con un misterio que acaba dando pie a otro. En las inmediaciones de la isla de Barra Head, en Escocia, un pesquero y su tripulación son arrastrados hacia las profundidades por una fuerza misteriosa. Algo menos de una milla más allá, el submarino nuclear HMS Vigil recibe su llamada de emergencia. Según el sargento primero Craig Burke (el gran Compston), deberían subir y ayudarles, pero el capitán Newsome (Paterson Joseph) cree que no pueden arriesgarse a revelar su posición sin saber qué ha pasado realmente. Burke es enviado a su litera. Y, segundo misterio, esa es la última vez que le vemos vivo. La versión oficial habla de sobredosis de heroína.

La muerte ha sucedido en aguas territoriales británicas, así que el caso pertenece a la policía. Su mejor investigadora, la inspectora jefe Amy Silva (Suranne Jones), debe trasladarse al submarino tres días para iluminar la oscuridad. Pero nada más cerrarse la escotilla, se da de bruces con una comunidad inhóspita, hecha a partes iguales de secretismo, jerarquías y enemistades internas. Tras explorar el cuerpo de Burke, sostiene que fue asesinado, pero nadie allí abajo parece planear cooperar ni escuchar. 

El jefe de todo esto, Tom Edge, ha definido bien la promesa de la premisa en nota de prensa: "Un misterio en un espacio cerrado, en el que la investigadora debe trabajar y dormir al lado del antagonista al que persiguen. Una detective forzada a trabajar sin todas las cosas que habitualmente le son de ayuda: colegas, herramientas forenses, acceso a información y documentos". Silva no puede llamar a tierra. Puede recibir mensajes –de, por ejemplo, su compañera en muchos sentidos Kristin Longacre (Rose Leslie)–, pero desde el submarino no se emiten señales a menos que haya una emergencia. La angustia del espectador va creciendo al tiempo que se evidencia más y más la profundidad de una conspiración que involucra a la marina y los servicios de seguridad del Reino Unido. 

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