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FESTÍN ESTÉTICO

'Peaky Blinders' no se inspira en el trap sino en los 'hooligans'

Las pintas masculinas de la serie son bastante fieles a las de los pandilleros británicos de finales del siglo XIX y principios del XX

Ramón Vendrell

Arthur (Paul Anderson) y Tommy Shelby (Cillian Murphy), en una imagen de ’Peaky Blinders’

Arthur (Paul Anderson) y Tommy Shelby (Cillian Murphy), en una imagen de ’Peaky Blinders’

No, los cortes de pelo de los Peaky Blinders no son la fantasía de un 'trapero' pasado de jarabe para la tos. La serie es un drama histórico británico con la BBC de por medio y eso implica cierto rigor estético. Leamos: "Lleva el pelo tan corto como es posible, con la excepción de una pequeña zona en la coronilla, peinada hacia delante y sobre la frente para formar un flequillo". Más o menos podría aplicarse esta descripción a todos los miembros masculinos del clan Shelby. Pero es la que hizo un periodista de 'The Daily Graphic' en 1898 de un 'hooligan' sentado en el banquillo de los acusados y está recogida en 'Teenage. La invención de la juventud 1875-1945' (Desperta Ferro Ediciones, 2018), de Jon Savage.

'Hooligans', y poco antes 'scuttlers', es como la prensa inglesa bautizó a los integrantes de las primeras pandillas de delincuentes juveniles de la era industrial. ¿Qué les diferenciaba de, por ejemplo, los chicos carteristas de Fagin en 'Oliver Twist'? Que había bandas por todos lados (los Cuarenta y los Tigres de Bengala en Manchester; los Maravillosos Pálidos en Birmingham; los Veloces en Liverpool; los Desfile de Monos y los Chicos del Emparrado en Londres), que estas bandas tenían un marcado gusto por la pelea territorial, que los pandilleros compartían códigos indumentarios (pionero dandismo barriobajero) y desprecio por la sociedad adulta y, definitivo, que las publicaciones periódicas habían evolucionado como maquinaria carnívora e hincaron el diente al fenómeno.

En cuanto a los peinados más arriba descritos: quizá fueran inspirados, por un lado, por los cortes de pelo militares y, por otro lado, por los exotismos capilares de los nativos norteamericanos, convertidos en motivo de fascinación popular por 'El último mohicano' (1826), exitosa novela de James Fenimore Cooper que abrió la vía a un sinfín de novelas de quiosco ('penny dreadfuls') explotadoras del asunto.

Un dibujo de un 'hooligan' también publicado en 'The Daily Graphic' parece un 'peaky blinder' (antes de pasar por el departamento de glamurización de la productora, eso sí). Botas, traje de tres piezas y la icónica gorra llamada 'newsboy cap' (atención: no vale cualquier 'flat cap', tiene que ser la 'newsboy cap' de ocho secciones). Faltan en los atuendos masculinos de la serie los grandes y personalizados cinturones de los 'hooligans', ornamento a la vez que arma. Y aparecen larguísimos abrigos eduardianos que difícilmente podían costearse esos quinquis. Si bien es cierto que 'Peaky Blinders' va de una familia que sale de ese sustrato para devenir prósperos gánsteres. 

Los toques gitanos, concentrados en el personaje de Polly, rematan un festín para forofos de la indumentaria callejera. Así tenía que ser sucediendo 'Peaky Blinders' en Birmingham, cuna de los Dexys Midnight Runners.