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CRÍTICA DE SERIE (SIN SPOILERS)

'Black mirror', quinta temporada: huida de las tinieblas

La 'Dimensión desconocida' de la era Apple regresa con tres nuevas historias más luminosas de lo habitual

Juan Manuel Freire

Angourie Rice y Ashley T-O-O, en el episodio Rachel, Jack y Ashley Too.

Angourie Rice y Ashley T-O-O, en el episodio Rachel, Jack y Ashley Too.

¿El espectáculo de 'Black mirror' debe continuar? Sí mientras la tecnología siga delimitando nuestras relaciones con los demás, nosotros mismos y el mundo. De forma callada, o no tanto, redes sociales, asistentes virtuales y realidad virtual o aumentada siguen cambiando nuestra percepción de la realidad: ¿haciendo esta última insuficiente?

El progreso es tan imparable que, quizá, lo mejor sea rendirse y dejarse llevar, o tratar de ver el lado positivo. Es la idea que se desprende de algunas historias recientes de lo que empezó siendo una colección de negrísimas parábolas morales, otra muestra del talento para la sátira de Charlie Brooker, guionista curtido en el mítico (falso) noticiario 'Brass eye' de Chris Morris.

'Black mirror' obtuvo su buena reputación poniendo a un primer ministro inglés ante el dilema de copular o no con un cerdo en directo en televisión (en el episodio 'El himno nacional'), presentando la versión más cruenta de 'Factor X' ('Quince millones de méritos') o preguntándonos por qué filmamos la violencia en lugar de tratar de resolverla ('Oso blanco'). Pero en su tercera temporada ya había un episodio optimista, 'San Junípero', que acabó valiendo a Brooker sus dos primeros Emmy. El tercero fue por 'USS Callister', el episodio de la cuarta temporada sobre el que existe más unanimidad.

Por eso, quizá, en su quinta temporada (Netflix, desde este miércoles), 'Black mirror' haya preferido, sobre todo, agradar y alegrar antes que amargar. Sus responsables (esencialmente, Brooker y la coproductora Annabel Jones) tenían además ante sí la misión de calmar los ánimos tras la turbia recepción del episodio interactivo 'Bandersnatch', estrenado por sorpresa en Navidad del 2018 y objeto de más reproches que adhesiones. Por culpa de los esfuerzos dedicados a este 'elige tu propia aventura' (o mejor, tu propia decepción), la nueva temporada tiene tres episodios en lugar de seis y se ha retrasado medio año.

Juego de roles en entorno virtual

De hecho, 'Striking Vipers', primer y quizá mejor episodio de la nueva temporada, se rodó antes que 'Bandersnatch'. Contaremos su premisa, pero solo eso: sabemos del pánico a los spoilers en el 2019. Dos antiguos amigos, Danny (Anthony Mackie; el actual Falcon de Marvel) y Karl (Yahya Abdul-Mateen II; Black Manta en el universo DC), se reencuentran en situaciones muy distintas en sus respectivas vidas. El primero tiene mujer, casa con jardín, proyecto de tener hijos, el lote completo de la realización adulta. El segundo sigue soltero y parece disfrutar de ello. Pero ambos quizá sigan carentes de algo, como descubrirán en sus partidas de 'Striking Vipers', una especie de 'Street Fighter' de realidad virtual con más libertad de movimiento que cualquier entrega de 'Grand Theft Auto'.

Brooker ha confiado la dirección del capítulo, no por azar, a Owen Harris, quien ya se encargó de poner en imágenes 'Ahora mismo vuelvo' y 'San Junípero', otras reflexiones de 'Black mirror' sobre la interferencia de lo artificial en lo íntimo y amoroso. Como el nunca bien ponderado 'Playtesting', la historia de terror más triste del milenio, aborda el posible componente emocional del 'gaming', aunque con optimismo.

Los amantes del viejo, amargo 'Black mirror' aplaudirán quizás con fuerza 'Añicos', dirigido por James Hawes, a quien debemos el discutido (sobre todo por su larga duración) 'Odio nacional' del 2016. Andrew Scott, ahora mismo aclamado por su papel de sacerdote sexi en la segunda temporada de 'Fleabag', es un conductor de VTC que, por algún motivo, toma como rehén al empleado (Damson Idris) de una empresa líder en redes sociales. La raíz última del secuestro es tan simple como devastadora, e invita a tomar un respiro (unos minutos de reflexión) antes de saltar al siguiente episodio. El papel de Topher Grace como gurú al estilo Jack Dorsey o Mark Zuckerberg oxigena un 'thriller' de tensión incómoda y tristeza sin límite, esta última nutrida por la música original de Ryuichi Sakamoto.

Si 'Añicos' es, en última instancia, un ataque al capitalismo y la nueva economía de la atención, 'Rachel, Jack y Ashley Too' tira dardos hacia la industria del pop. Dirigido por la cocreadora del 'nordic noir' 'Monster', Anne Sewitsky, pero con un tono más cercano a los productos Amblin de los 80, se centra en una 'popstar', Ashley O (Miley Cyrus en un papel que conoce bien), ahogada por no poder desarrollar sus instintos creativos y resignada al lanzamiento de una muñeca basada en su (supuesta) personalidad. La introvertida adolescente Rachel (Angourie Rice) pide una de ellas por su cumpleaños, y el resto, como suele decirse, es… 'spoiler'.