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LAS NUEVAS TENDENCIAS AUDIOVISUALES

La dictadura del 'spoiler': entre la plaga y la patología

La obsesión por evitar el destripe de series como 'Juegos de tronos' o películas como 'Vengadores: Endgame' condiciona las formas de consumo audiovisual y el trabajo análítico de críticos y académicos

Beatriz Martínez y Julián García

Un fotograma del episodio quinto de la octava temporada de ’Juego de tronos’

Un fotograma del episodio quinto de la octava temporada de ’Juego de tronos’ / HBO / HELEN SLOAN

Existen desde que tenemos uso de razón, hemos mantenido con ellos una convivencia más o menos pacífica, pero en los últimos años se ha expandido a modo de peligrosa pandemia.  El ‘spoiler’, ese incómodo detalle que nos desvela una parte fundamental de la trama de una ficción y arruina nuestra experiencia al acercarnos a ella, forma ya parte de nuestras vidas y ha condicionado hasta el paroxismo las nuevas formas de consumo audiovisual. Puede que nos hayamos vuelto algo majaras con los ‘spoilers’. Esta información, por cierto, contiene 'spoilers'.

La serie 'Juego de tronos’ -especialmente esta octava y controvertida última temporada que finaliza este lunes- y la película 'Vengadores: Endgame’ han supuesto un punto de inflexión en un  fenómeno que asola las redes y desata la ira de millones de usuarios refractarios al ‘spoiler’. Se trata de dos casos muy específicos elevados a la categoría de evento, que llevan años acompañando a toda una generación de espectadores, y que de alguna manera sirven para poner de manifiesto que los productos culturales de masas siguen importando, afectando incluso emocionalmente, y generando frondosos debates en torno a la forma en la que los consumimos y los experimentamos. A veces incluso de forma violenta. Quizá leyeron la noticia hace unos días. Por lo visto, un joven recibió una paliza a las puertas de un cine de Hong Kong por soltar 'spoilers' de 'Vengadores: Endgame'. La gente que hacía cola no se tomó bien que el joven, en actitud temeraria o directamente mentecata, comenzara a desvelar detalles cruciales de la trama, muertes incluidas.

El origen de la cultura del 'spoiler' –término derivado del inglés ‘to spoil’ (arruinar) y que la Fundéu recomienda traducir por ‘destripe’ para evitar el anglicismo- procede de la noche de los tiempos, pero, puestos a ponerle fecha, podríamos situarlo en 1960, año en que Alfred Hitchcock estrenó ‘Psicosis’, una película que tenía la particularidad de jugar con las expectativas del espectador tanto en el prólogo como en el final. Por esa razón, el propio director avisó en la campaña de promoción que los espectadores que ya la hubieran visto se abstuviesen de desvelar los giros de la trama para no arruinar la sorpresa a los que se acercaran a ella por primera vez. Hitchcock, siempre tan listo, había vuelto a revolucionar el cine con otro concepto, el ‘spoiler’, que forma ya parte de nuestro vocabulario básico cinéfilo (y seriófilo).

Fotograma animado de 'Psicosis', de Alfred Hitchkcock.

¿Las consecuencias? Se despertó el morbo, se incrementó la curiosidad, pero también tuvo un impacto en las formas de consumo: ya no se podía ver una película que estuviera a la mitad en una sesión doble. Había que hacer algo tan básico como empezar por el principio y terminar por el final.

“José Luis Garci se ha puesto con ‘Juego de tronos’ a partir de la octava temporada, y al parecer la está disfrutando muchísimo. Recordaba que cuando era pequeño la gente entraba al cine, aunque estuviera avanzado el metraje, y después se quedaba para ver el inicio de la película. Ahora eso resultaría imposible porque todo se ha vuelto mucho más lineal”, cuenta Noel Ceballos, periodista de la revista 'GQ', autor del libro ‘Internet Safari’ y experto en vida digital. “Si coges una revista de los años 80 de televisión, en ella se anunciaba en portada que Chanquete moría en ‘Verano azul’. Y precisamente ese era el gancho para que el público viera el último episodio”, continúa. ¿Sería eso posible ahora? Rotundamente no.

¿Se ha convertido entonces la plaga del destripe en una patología? “La obsesión por mantener el factor sorpresa intacto roza en muchos casos la paranoia”, afirma Elena Neira, profesora de los estudios de Comunicación e Información de la UOC. “No hay más que ver cuando estás en un bar o en una cena y se te ocurre decir algo de una película”, secunda Quim Casas, crítico de EL PERIÓDICO y profesor de Comunicación Audiovisual en la UPF. Concepción Cascajosa, profesora de Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III, opina que el ‘spoiler’ forma ya parte de la experiencia de consumir series de televisión y ha obligado a modificar algunos hábitos (madrugar para ver el capítulo, silenciar palabras clave en redes sociales o directamente no entrar en ellas). “Aunque luego está la gente que disfruta fastidiando a los demás, pero creo que esos son casos puntuales”.

El espectador, creador de contenido

David Pulido, guionista de la película ‘Tarde para la ira’, de Raúl Arévalo, ha comenzado una cruzada personal contra los ‘spoilers’ en su cuenta de Twitter. “Independientemente del efecto, no entiendo la intencionalidad. Es algo que entraría más en el terreno de la psicología o la sociología. Hay gente que se levanta para ver el capítulo de ‘Juego de tronos’ y se pone directamente el final para tuitearlo a los dos minutos de haberlo colgado. Muy loco”. Para Javier García Rodríguez, escritor y profesor titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Oviedo, el espectador se ha convertido en un creador de contenido, y el sentido de una obra lo forma la cadena de respuestas que genera. “Así, se debatiría entre su deseo de inmediatez y su deseo de inocencia”. Mucha gente ya no concibe ver algo sin tuitear al mismo tiempo. “Las series están más cerca de los espectáculos deportivos, donde vemos y aplaudimos y queremos compartirlo de forma simultánea. Antes era una experiencia más personal, más literaria, que cada uno gozaba a su manera”, sostiene Pulido.

Las redes sociales han contribuido de manera fundamental a expandir el fenómeno hasta llevarlo hasta sus últimas consecuencias. En la época de ‘El sexto sentido’ (1999), en los albores de internet, la transmisión de los ‘spoilers’ era básicamente de carácter oral. M. Night Shyamalan recogió el espíritu de Hitchcock y volvió a darle un nuevo sentido a la cuestión del giro argumental (o 'twist'), que por otra parte forma parte de muchísimas películas icónicas como ‘El planeta de los simios’ (1968). Pero como advierte Quim Casas, en aquel tiempo no resultaba tan ofensivo. “El ‘spoiler’ ha vulgarizado el concepto del ‘twist’ y las nuevas tecnologías han contribuido a hacer más poderosa la tiranía del ‘spoiler’”.

Porque… ¿cuándo prescribe un destripe? ¿Cuándo se puede abrir la compuerta y decir sin miedo a la colleja que Anthony Perkins también es la madre, que Bruce Willis está muerto o que la Viuda Negra se sacrifica para salvar al mundo del puño de Thanos? No hay una respuesta concreta, pues el tiempo es un concepto relativo, pero el sentido común nos hace pensar que un ‘spoiler’ televisivo debería caducar a las 24 horas de su emisión, 48 a mucho estirar, y uno cinematográfico lo debería hacer tras el primer fin de semana de su estreno. Todo ello, por supuesto, con sus singularidades, como recuerda Elena Neira: “En el caso de ‘Vengadores: Endgame’, el pacto de silencio se alargó durante una semana y se promovió de manera muy activa desde los perfiles oficiales de los actores e, incluso, de los directores”. En este sentido, el ‘spoiler’ formaría parte descarada de las estrategias de márketing de los propietarios de contenidos,  “que alimentan nuestra obsesión por ser rápido a costa de predicar que el castigo de nuestra indolencia será disfrutar de una experiencia de segunda categoría”.

Aplicar el sentido común

Los académicos dedicados al comentario y el análisis de la ficción consideran que el ‘spoiler’ es un obstáculo en su trabajo. “Sin desvelar el final, casi siempre es imposible el análisis crítico”, afirma Jordi Sánchez-Navarro, director de los estudios de comunicación de la UOC, quien considera, sin embargo, que “explicar un giro importante de la trama cuando el capítulo o la película en cuestión llevan apenas unas horas en circulación me parece una falta de respeto”. En definitiva, se trataría de aplicar el sentido común, evitar las actitudes 'destroyer' o pielfinistas. En definitiva, como apunta con cierta sorna García Rodríguez, “todo depende de la necesidad de cada espectador por hacer amigos o enemigos”.

Última imagen del último capítulo de 'Perdidos (Lost).

J.J. Abrams, en ‘Perdidos (Lost)’ fue uno de los primeros en utilizar las ventajas de las redes sociales para avivar el interés del ‘fandom’. La propia naturaleza de la serie propiciaba las interacciones, pero cada vez el público se volvió más y más participativo y más exigente. Hasta llegar a la última -y demencial- firma de casi un millón de fans de ‘Juego de tronos’ en Change.org, que piden que se vuelva a rodar la última temporada para que se amolde a sus expectativas. Internet se ha convertido en un magma incontrolable y, como dice Sánchez-Navarro, un ecosistema ideal para el desarrollo del egocentrismo: “Tan egocéntrico es creer que tenemos el derecho a decir lo que queramos sin preocuparnos de si arruinamos la experiencia de otro, como creer que tenemos derecho a que nadie nos cuente el final de nada”.

Porque, quizá, la trama no es lo único importante

Pero ¿de verdad es tan importante conocer detalles de la trama? ¿Acaso el pánico al ‘spoiler’ no es  el peor síntoma de que, en realidad, estamos disfrutando la experiencia cinematográfica, televisiva o literaria de un modo incompleto? “El argumento, la trama, es el cementerio de la narración”, afirma García Rodríguez. “La teleserie es heredera no de la novela, sino del folletín decimonónico. Seguimos como los lectores del siglo XIX, que esperaban la llegada de los barcos con las nuevas entregas de los folletines. De la misma manera que nadie lee un poema para ver cómo sigue o cómo termina, ceder todo el protagonismo a los innumerables puntos de giro nos lleva al pasado más que al presente y al futuro”. Para Pulido, en cambio, este aspecto “depende de la intención creativa del guion. Hay veces que lo importante es lo que ocurre y otras en cómo ocurre. Por eso podemos ver ‘biopics’ o películas que empiezan por el final con el mismo interés. Pero algunas películas se convierten en experiencias emocionales, y eso debería preservarse”.