30 mar 2020

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PSICOLOGÍA

Cuatro cambios en tu rutina que impactan en tu felicidad

Nuestros hábitos determinan nuestro estado emocional

Ángel Rull

Una pareja riendo con globos.

Una pareja riendo con globos. / 123RF

La llegada del nuevo año, retomar el trabajo o pasar de década hace que muchas personas se replanteen cómo de eficiente es su búsqueda del bienestar, si su día a día se orienta a ello o si hay hábitos que tal vez deberían eliminar. Normalmente nos centramos en las cosas negativas que no nos gustan, pero no tenemos en cuenta lo positivo que sí deberíamos instaurar. No siempre tienen que ser grandes cambios, sino cosas más pequeñas, diarias y que tendrían un gran impacto. Es más factible que lo asimilemos a corto plazo y permanezca con nosotros ya como una rutina.

Las cosas que más impacto tienen en nuestro nivel medio de bienestar parecen asociarse con grandes acontecimientos, como mudanzas, viajes o celebraciones. Sin embargo, es la base diaria, el autocuidado o la búsqueda de la calma, lo que más hace que nuestras emociones puedan extremarse o estabilizarse. Es en los hábitos donde podemos encontrar la llave a estar mejor.

Nuevos hábitos

Si decidimos que nuestra vida tenga un cambio sustancial y haya una diferencia significativa en nuestra vida emocional, los hábitos son la base sobre los que tenemos que hacer las modificaciones, a una escala pequeña pero constante. Esto genera que cada día, independientemente de los imprevistos, tengamos una red de seguridad que se oriente al bienestar. Cada día suma y hace que, una vez que acaba la semana o al hacer balance de los últimos 12 meses, estemos satisfechos con lo logrado.

Introduciendo los siguientes hábitos, podremos cambiar la rutina establecida y sentirnos mejor:

1. Relaciones sanas

¿Cuántas personas de tu entorno suman en tu bienestar emocional? No es solo importante romper lazos con todos aquellos que consideremos tóxicos, sino que debemos buscar el contacto con personas que nos hagan estar bien. Si esas relaciones son escasas, o bien haremos hincapié en ellas o buscaremos forjar otras nuevas.

2. Soledad

La soledad es el mejor antídoto contra el estrés y la sensación de estar abrumado. Si dedicamos cada día unos minutos a la calma, la soledad y el silencio, veremos como muchas de nuestras emociones negativas se van diluyendo. Somos más capaces de escuchar nuestras necesidades, de respetarlas y de orientarnos hacia ellas. El mejor momento es nada más levantarnos. Podemos dedicar el tiempo del desayuno a ello, sin pensar en lo que tenemos pendiente ni evaluar el día anterior.

3. Gratitud

La gratitud es una de las 24 fortalezas que más relación se está comprobando que tiene con la tristeza, no solo logra reducirla sino que es capaz de cambiar nuestro foco y apuntar hacia la valoración de aquello con lo que convivimos. Para ello, podemos dedicar unos minutos al día a buscar elementos por los que estar agradecido y el motivo de ello. Pueden ser elementos básicos y de primera necesidad o cosas más grandes.

4. Menos quejas

La forma de reformular las diferentes quejas en las que a veces nos quedamos anclaros es buscando elementos constructivos y que nos aporten valor. No se tratar de no ver lo negativo o encontrar siempre el lado bueno a todo, pero sí orientarnos a ver el partido que le estamos sacando a las cosas. Se relaciona de forma estrecha con la gratitud y también necesita del silencio y la soledad para volver a la calma y dejar atrás la queja.

Nuestras emociones, cómo las vivimos o cómo nos influyen en el día a día, parten de los hábitos que tenemos instaurados. Hace que la felicidad subjetiva que sentimos, la media global, baje o disminuya. Si queremos estar mejor, por tanto, debemos empezar por todas las rutinas.

Ángel Rull, psicólogo.