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UNA HISTORIA DE SARRIÀ-SANT GERVASI... Can Castelló

Una casa muy saludable

El Centre Cívic Can Castelló se ubica en una antigua finca burguesa construida en el siglo XVI El edificio ha servido de hogar de familias ilustres, revolucionarios e indigentes

Felipe Valenzuela

Una clase de taichí en la sala noble de Can Castelló en un día de lluvia.

Una clase de taichí en la sala noble de Can Castelló en un día de lluvia. / FERRAN NADEU

Resulta difícil imaginar que, a menos de 200 metros de la Via Augusta, perviva la finca de Can Castelló en perfecta armonía con la ajetreada vida urbana. Donde antes residió una rica familia ahora cultura, ocio y salud se abren al barrio de Sant Gervasi-Galvany en este centro cívico.

Los orígenes de Can Castelló (Castelló, 1) se remontan al siglo XVI, cuando la finca era conocida como Torre Galvany y Sant Gervasi de Cassoles aún funcionaba como municipio independiente. Los terrenos pertenecían a la familia Galvany y destacaban, entre las decenas de fincas que construían el mapa del pueblo, por sus parcelas que hoy irían desde la calle de Copèrnic hasta la mismísima Travessera de Gràcia. No fue hasta 1787, cuando Rosa Galvany contrajo matrimonio con Gabriel Castelló, que recibió el nombre de la familia del novio.

"Donde ahora tenemos las oficinas de dirección antes había una pequeña capilla abierta a los habitantes del pueblo", relata Patricia Fábregas, directora actual del Centre Cívic Can Castelló. Al lado de la salita que acoge el despacho hay una inmensa habitación que recibe a los vecinos del distrito, un espacio que tiempo atrás guardaba los caballos, los carruajes y las viviendas de los masoveros. "La finca se dedicaba al cultivo de trigo y los trabajadores vivían aquí abajo mientras que la planta principal era para la familia", explica la directora.

Rastros históricos

Uno de los diferentes espacios que componen la planta principal es la sala noble, donde, entre otras actividades, se imparten clases de taichí para mayores. El centro comparte el reducido espacio con un casal en salas reformadas que parecen no ser suficientes para ambas entidades. Las decoraciones de madera recuperan el pasado modernista de la finca, que vivió una rehabilitación encargada a Guillermo Busquets por el heredero Joaquim Castelló, a finales del siglo XIX, pero hoy poco se conserva de la finca original y del diseño del arquitecto.

En la apretada tercera planta vivía el servicio, donde se rumorea que había dibujado un mapa de la ciudad en las paredes. "La familia abandonó la finca durante la guerra civil. Se dice que la casa fue ocupada por la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y que llegó a vivir durante un tiempo Dolores Ibárruri", comenta Fábregas.

Amor a la filosofía

Además de rediseñar por completo la finca, Joaquim Castelló se unió a la urbanización del barrio, dividió la masía en parcelas y vendió los terrenos. Aprovechó la creación de las calles para bautizarlas con los nombres de Copérnico, Platón y Descartes por su amor hacia la filosofía.

Después de que el ayuntamiento embargara la propiedad, la finca estuvo casi una década abandonada y habitada por indigentes. El centro cívico abrió en el 2008, diez años atrás, y desde entonces en él organizan proyectos centrados en la salud física y emocional.