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La lonja de la luz

El mercado de Sants, construido en 1913 y reformado en el 2014, sobresale por su estilo modernista tardío

Anna Rocasalva

Espectacular fachada del mercado de Sants, en la calle de Sant Jordi.

Espectacular fachada del mercado de Sants, en la calle de Sant Jordi. / JORDI COTRINA

En una antigua fotografía de 1913, el mercado de Sants (Sant Jordi, 6) se alza imponente en medio de la nada. Hoy en día, pero, su impresionante volumetría se ha empequeñecido al crecer las calles a su alrededor, como si el propio barrio hubiese abrazado lo que tanto anheló tener tiempo atrás: un mercado para abastecer a todo un pueblo.

En el 1846, tras la prohibición de instalar más fábricas en Barcelona, los empresarios encontraron en la villa de Santa María de Sants una solución para sus negocios. "Fábricas como el Vapor Vell y la España Industrial cambian y multiplican la demografía del pueblo, convirtiéndolo en una pequeña ciudad industrial", explica el historiador, Agus Giralt. 

Demanda veci nal

Para satisfacer a la creciente demanda, nace un mercado informal que acaba ocupando la plaza de Osca y las calles circundantes. En  1892, tenía más de 500 paradas pero la bulliciosa actividad termina perjudicando a los vecinos, que presionan al ayuntamiento de la villa para adquirir los más de 4.000 m2 de unos terrenos, popularmente conocidos como “l’Hort Nou”, para ubicar un nuevo mercado.

Pero aún tendrán que esperar 21 años para verlo materializado. Y es que la anexión de Sants a la ciudad de Barcelona, en el 1897, anula un primer proyecto de mercado del arquitecto municipal de la villa, Jaume Agustà i Bondia, que, finalmente, es confiado al arquitecto municipal de Barcelona, Pere Falqués – autor de los famosos bancos-farolas del Paseo de Gracia y la remodelación de la sede del consistorio-.

Hierro y modernismo

“Los santsenses no estaban convencidos de pertenecer a Barcelona y la promesa de un mercado fue una forma de seducirlos”, comenta el historiador. “Por eso en la fachada se observa el murciélago del antiguo escudo de Barcelona - agrega - recordando que la villa ya pertenece a la capital”.

Pero la espera mereció la pena. “En 1913 se inaugura el mercado, de estilo modernista tardío con influencias de la arquitectura del hierro”, explica el arquitecto y miembro del equipo que rehabilitó el edificio en el 2014, Jordi Morros. “El exterior es de ladrillo visto, con elementos cerámicos ornamentales y pináculos que sobresalen de una bonita cubierta a dos aguas, hecha de zinc”, añade. Los más de 15 metros de altura del interior confieren al mercado la majestuosidad de una catedral, permitiendo que la luz entre a través de los abundantes lucernarios.

Tras la remodelación, en la que se añadió tres pisos soterrados para la carga y descarga y parkings para los clientes; y se quitó el falso techo que ensombrecía el interior, el mercado ha vuelto a la vida. “Después de más de 100 años, el edificio estaba al límite y, sin la rehabilitación, muchos de nosotros ya no estaríamos aquí”, comenta el presidente del mercado, Francesc Leyva. “Los mercados tienen que volver a ser el alma de los barrios - concluye - y ahora lo estamos consiguiendo”.

Temas: Modernismo

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