Celebración ciudadana

Diada Sant Jordi 2022: la lluvia irrumpe en una fiesta del libro espectacular

Miles de personas inundan la 'superilla' libresca del centro de Barcelona, que en algunos tramos roza el colapso

Una granizada ha irrumpido la celebración del Sant Jordi en el centro de Barcelona, que este año ha estrenado la ’superilla’ literaria en Passeig de Gràcia. / Manu Mitru

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Elena Hevia
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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

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Rafael Tapounet
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Periodista

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Si los gremios de editores y libreros han pasado la noche haciendo la danza de la antilluvia, ha funcionado solo hasta pasado el mediodía. Los chubascos anunciados en Barcelona por la previsión meteorológica han empezado a caer sobre las 13.00 horas y de qué manera, hasta en forma de granizo. Los modelos más fiables indican que breves tormentas podrían sucederse hasta media tarde. Tiempo inestable como la nitroglicerina, en definitiva. Hasta las 16.30 horas van ya tres aguaceros en la capital catalana.

Con todo, el primer Sant Jordi 'normal' desde que empezó la pandemia del coronavirus hace ya más de dos años es un exitazo en la Rambla y en la 'superilla' libresca que tiene como ejes el paseo de Gràcia y la rambla de Catalunya entre Diagonal y Gran Via: casi imposible acercarse a los puestos de libros y en algunos tramos hay colapso de viandantes.

Un Sant Jordi como los de antes, vamos, de antes de la maldición vírica, con las calles inundadas de gente, aunque de golpe y por un momento han pasado a estar inundadas de agua. Las colas más largas de fans son para cosechar firmas de superventas como Santiago Posteguillo, Julià Navarro o 'los Carmen Mola' y de 'mediáticos' como Karlos Arguiñano. Pero también de 'youtubers' como Plex, con críos encaramados a las farolas y gritándole para llamar su atención y una fila que se alargaba más de una manzana.

Considerable asimismo la cola ante el televisivo autor de 'Crims', Carles Porta, que firma de pie, fuera de la caseta, para romper, dice, la distancia y acercarse a los lectores.

Rigoberta Bandini también se está hinchando a dedicatorias de su libro 'Vértigo', no podía ser de otra forma tras su paso por el Benidorm Fest.

En otra liga, inferior solo en popularidad, Laura Fernández ('La señora Potter no es exactamente Santa Claus) y Lucía Lijtmaer ('Cauterio') no dan abasto para atender a sus lectores y están confirmando el salto cuántico dado con sus nuevos libros. Es una maravilla ver la entrega de Fernández a las dedicatorias, muy personalizadas previo tercer grado al solicitante.

Vean si no este tuit:

Riada humana

Aunque los libros han sido esta vez desterrados de la Rambla -no del todo: subsisten algunas paradas de asociaciones, plataformas vecinales y sindicatos de izquierda revolucionaria, con sus títulos inverosímiles-, el popular bulevar barcelonés ha vuelto a acoger, en el tramo soleado de la mañana, a una riada humana, en una estampa como no se veía desde los días prepandémicos. El gentío avanzaba lentamente, convertido en un desfile de narices goteantes y ojos llorosos por culpa del polen de los plataneros, particularmente contumaz este año, como si esperara nervioso el temporal que estaba por venir.

Contra la comercialización

La 'diada' comenzó en la capital catalana con el tradicional almuerzo con autores que organiza el Ayuntamiento de Barcelona, que tuvo esta vez un cariz más oficial al celebrarse en el Saló de Cent de la 'Casa Gran', a cubierto, en previsión de la amenazante lluvia.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, recibió a autores -entre ellos Olga Merino, Laura Fernández y Juan Tallón, formas de EL PERIÓDICO- y políticos encabezados por la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, y el ministro de Universidades, Joan Subirats.

El acto volvió a ser una defensa del libro por parte de Imma Monsó, que en esta ocasión y a diferencia del pregón del viernes se lanzó a un encendido elogio de la literatura: "Quiero una literatura sutil y sin estridencias -dijo iniciando una letanía de deseos-, que incluya una literatura adulta -incluso la dirigida a los niños-, virgen de censura, resistente a través de los años y que se resista a ser interpretada en clave política, que no busque hacer pedagogía -aunque la haga- y que sea también incómoda".

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Fue consciente Monsó de que su reivindicación parecía anticomercial y anti-Sant Jordi, pero dijo que solo concibe "una literatura capaz de crear lectores y no de contar lectores".

Debutante

La vicepresidenta Díaz, para quien este es su primer Sant Jordi, se mostró muy satisfecha. "Estoy impresionada y feliz ante una fiesta que toma las calles de Barcelona y pone en su centro la literatura y el pensamiento que transforma la vida y las gentes. Así sigamos trabajando por un país plurilingüe y pluricultural en muchas fiestas y muchos encuentros como los que hoy tenemos en Sant Jordi", dijo ante unos periodistas mucho más interesados por preguntarle por los pinchazos de Pegasus y el 'Catalangate’.