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Vinos para compartir

Combinando la tradición francesa del bistrot y de la bodega de barrio, Le Bar a Vins ofrece una personal carta de quesos,'rilletes' y vinos a copas.

Miquel Sen

Bruno y Athena, con sus vinos y platos de queso en su local Le Bar A Vins.

Bruno y Athena, con sus vinos y platos de queso en su local Le Bar A Vins. / LUAY ALBASHA

Si la baguette merece ser patrimonio de la humanidad, bistrots y bar a vins merecerían igual clasificación. Dispuestos a dejarnos beber lo mejor a copas, Bruno y Athena Oliveira dejaron la bodega familiar parisina para buscar un nuevo clima donde ubicar su Le Bar a Vins (Vintró, 5). Una idea a realizar en una ciudad abierta, en un barrio que mantuviera carácter marcadamente popular.

Su proyecto exigía una implicación vital con la gente que lo rodeara. Encontraron el ambiente adecuado en Sant Andreu, un espacio urbano que aún no está triturado por el turismo. Era el ingrediente que les faltaba para abrir un establecimiento en el que el diálogo con los dueños es un ritual.

Los patrones saben de vinos y quesos. Por esta razón no ofrecen los más famosos y caros, sino que bucean en origen, eligiendo entre las denominaciones prestigiosas la copa que destaca, el queso liberado de la maquinaria industrial. Para no sorprender a su clientela comenzaron con buenos tintos y blancos del Languedoc Roussillon, por su proximidad palatal con los catalanes. Pero su parroquia pronto extendió sus aficiones hacia otras D.O. para sacarse el sombrero, como Pomerol, una de las zonas de Burdeos que ofrece más positivas sorpresas o Crozes Hermitage y Châteauneuf du Pape.

La tapa como alternativa

Dentro de su inmersión barcelonesa Bruno y Athena descubrieron la tapa como alternativa a la rigidez del plato y el menú. Muy pillos, plantean un tapeo acorde con las copas, jamón ibérico en compadreo con los quesos más importantes de Francia, todos de leche cruda. 

Así nos sorprenden con uno de oveja elaborado en Córcega, el Upecurinu, una joya; el Cabecou, minúsculo queso de cabra, o el clásico Brie de Meaux, sin olvido de una pieza reverencial, el Comté reserva, que cuadra bien con muchos vinos, incluido un blanco menos conocido que el Chablis, más económico, de Viré Clessé. Buen golpe chicos. 

Evidentemente, no falta la versión mini de la tartiflette, aunque las rilletes de oca y la ensalada de mollejas confitadas se sitúan en primer plano de mis afrancesados gustos. Por cierto, los domingos toca cata de ostras.

El Coto Verdejo 2017, un buen vino a 4,95 euros

César Fernández, director técnico de El Coto, es un enólogo fino. Durante años ha buscado un pago que cumpliera los criterios imprescindibles para lograr que una variedad que no es propia de La Rioja se aclimatara, dando un vino de calidad. Eligió la Finca Carbonera, en el término municipal de Bergasa, culminación del proyecto de una bodega pensada para elaborar blancos junto al mismo viñedo.
 
La altura de 800 metros, imprescindible para alcanzar una buena acidez, el suelo pedregoso y el clima continental son básicos para la elaboración de un verdejo cien por cien que trabajan despalillando y macerando en frío.
 
Tras la fermentación a 16 grados dejan el vino con sus lías para marcar mayor untuosidad. Como corresponde a un verdejo, el aroma de hinojo y de anís es evidente y condiciona la intensidad, a la que se suman unas notas de fruta fresca