'Sintromizados' para que la sangre circule con fluidez

Un millón de españoles toman a diario fármacos anticoagulantes para evitar accidentes cardiovasculares.

En el caso del Sintrom, el más usado, el control alimentario y de los hábitos de vida es imprescindible para atinar al ajustar la medicación

CONTROL.Prueba a una paciente en el servicio de Hematología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

CONTROL.Prueba a una paciente en el servicio de Hematología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. / RICARD CUGAT

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Antonio
M. YAGÜE

AMatilde López, madrileña de 45 años, le costó mucho asumir -pero lo ha hecho- que ha de tomar el resto de sus días una pastilla diaria y mantener un control para que su sangre circule con mayor fluidez y evitar que se le formen los terribles trombos. «Hace seis meses -recuerda- sufrí un aneurisma de aorta en plena calle y me llevaron pitando al hospital. Luego vino una intervención quirúrgica y, aparte de otras secuelas, pasé a ser una paciente crónica del Sintrom», marca europea del principio activo acenocumarol. Un millón de españoles que llevan prótesis valvulares cardiacas, como ella, o padecen otros problemas de corazón, como las arritmias por fibrilación auricular, o son propensos a sufrir un trombo toman este histórico anticoagulante oral, que da el nombre de sintromizados al colectivo. No obstante, los hay -menos de un 10%- que toman otros nuevos, como dabigatrán, rivaroxabán o apixabán. El objetivo es reducir a menos de la décima parte el riesgo de sufrir problemas tan graves como un infarto, un ictus cerebral o una trombosis.

Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en el mundo occidental. Los especialistas consideran que el paulatino envejecimiento de la población y el actual ritmo de vida, cada vez más sedentario, contribuirán a aumentar el número de estos pacientes de manera espectacular en los próximos años. La Federación Española de Asociaciones de Anticoagulados (Faesan) calcula un ritmo de crecimiento del 10% al 20% anual.

El control de la coagulación, más difícil a mayor edad, ocupa un lugar primordial en la vida de estos pacientes. Un 40% de ellos, la mayoría de más de 65 años, temen sufrir una hemorragia o un ictus y uno de cada tres tiene pensamientos negativos sobre su futuro, según una investigación realizada por la organización de pacientes mediante encuestas en 30 hospitales españoles.

FACTORES DE RIESGO / «En los últimos años se han disparado hasta niveles casi epidémicos los factores de riesgo cardiovasculares, en especial la diabetes y la obesidad, que junto con la hipertensión son los principales factores determinantes para la fibrilación auricular y el ictus», explica el responsable del área cardiovascular de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Sem- fyc), José María Lobos.

Los especialistas advierten de que el control alimenticio y de hábitos de vida es imprescindible para atinar con la medicación ajustada. Y tanto o más importante es después el control periódico, cada tres o cuatro semanas, para mantenerla. «Los pacientes pueden hacer una vida casi normal, pero con control. Pueden y deben implicarse en el tratamiento», coinciden Amparo Santamaría y Juan Carlos Souto, jefes de Hemostasia y Trombosis de los hospitales barceloneses Vall d'Hebron y Sant Pau.

Los estudios oficiales calculan que un 30% de los pacientes susceptibles de ser tratados no lo son por temor a su incapacidad de manejar el tratamiento, muy avanzada edad o un lugar de residencia que dificulta los controles, lo que hace temer a los médicos que sufran graves hemorragias. «En este grupo sin tratar se dan la mayor parte de los ictus y embolias cerebrales mayores», apunta Souto, también director científico de Monitor Medical, centro barcelonés especializado en el autocontrol tutelado de los anticoagulantes orales. El paciente -explica- usa un pequeño aparato llamado coagulómetro. Cada semana, de forma sencilla y eficaz, hace en casa los controles de su tratamiento con Sintrom. Según el resultado de ese análisis, será capaz de autodosificarse. «Los pacientes

-subraya- obtienen un beneficio muy significativo; disminuye la posibilidad de complicaciones graves en más de un 50%, ganan calidad de vida y dejan de sentirse como enfermos crónicos».

Los expertos calculan que los anticoagulantes han salvado en los últimos 40 años decenas de miles de vidas. «Pero lo más importante es que también evitan embolias, y con ello desastres personales y familiares, y proporcionan calidad de vida», apunta Santamaría, al tiempo que destaca que su trabajo «muy en la sombra» es un claro exponente de medicina preventiva para que la gente viva más años y mejor. Advierte que además de al cerebro, los coágulos pueden ir a parar por ejemplo a una pierna, y si no se llega a tiempo, hay que amputarla.

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COMO LOS DIABÉTICOS / La terapia de los anticoagulantes en general y el Sintrom en particular es una de las actuaciones de la medicina moderna «mejores desde el punto de vista de relación coste-eficacia», defiende Souto. El manejo de estos enfermos ha de ser parecido al de los diabéticos con la insulina, con una gran ventaja clínica y económica, añade.

¿Qué consejo se le da a un paciente tras decirle que a partir de mañana ha de tomar un anticoagulante? «Que no se angustie, que lo toman millones de personas en todo el mundo y que, a partir de una edad, es la enfermedad más frecuente que hay. Y que evita embolias y salva vidas», resume Amelia Rincón, médica de familia en un centro de salud madrileño.También que no olvide en todo momento que «siempre va anticoagulado» y, por ejemplo, no debe practicar deporte de riesgo.