26 nov 2020

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Un niño mira a la calle mientras permanece confinado por el coronavirus en A Coruña.

EFE / CABALAR

Un cuento de vampiros (4): Tengo que esconder este diario | Texto y podcast

Atención, querido diario, voy a escribirlo: hoy he estado hablando con el vampiro. Ha sido así. Yo estaba con el libro de 'Las brujas'. Estaba leyendo en la calle, cerca del taller mecánico.

Juan Soto Ivars

Tengo que esconder este diario. Si lo ve mi padre me va a matar. Pero quiero escribirlo todo, todo, todo, y no ocultar nada. Quiero decir toda la verdad. Le he dicho una mentira muy grande a mi padre. Me ha preguntado: ¿de dónde vienes? Y yo le he dicho: estaba tirando piedras a las latas. Y me ha dicho: anda que no te gusta tirarle piedras a las latas, hijo mío, ¿qué te han hecho las latas? Y yo le he dicho: ¡ser una lata! Y nos hemos reído. Pero yo me sentía fatal porque es mentira que haya estado tirando piedras a las latas. Lo que he hecho no tiene perdón.

Atención, querido diario, voy a escribirlo: hoy he estado hablando con el vampiro. Ha sido así. Yo estaba con el libro de 'Las brujas'. Estaba leyendo en la calle cerca del taller mecánico porque hay un poyete con sombra y hace fresco, en casa de la abuela no se podía estar del calor. Iba por la página 56, y de pronto se me acercaron dos niños del pueblo que son malísimos. Uno se llama Rubén y el otro se llama Cristofer, creo que su nombre es Cristo Fernando pero le llaman Cristofer como a uno de mi clase que se llama Juan José y le llaman Juanjo, aunque no estoy seguro. El caso es que los dos son malísimos.

Me han dicho que
ese es su territorio
 y que no está permitido leer mierdas ni sentarse a la sombra

Me han dicho que ahí no podía estar. Les he preguntado por qué y ya estaba muerto de miedo por si me pegaban o algo. Y me han dicho que ese es su territorio y que no está permitido leer mierdas ni sentarse a la sombra para los de fuera que no somos del pueblo. Me he levantado para irme y Cristofer me ha dado un empujón y me ha vuelto a sentar para no caerme, y me ha dicho: no te he ordenado que te levantes. Me he quedado callado y sentado y estaba muerto de miedo y me ha dicho que le diera el libro, y yo se lo he dado porque es mejor evitar los problemas.

Entonces se ha puesto con el otro a hacer como que leían, pero era mentira, porque han dicho esto: “el Josito es subnormal y su madre es una puta que le puso los cuernos a su padre con un ricachón y se lo folla y le come la polla”. Te juro que me temblaban las piernas y aunque estaban diciendo cosas horribles no podía defender a mis padres porque tenía mucho miedo. Y han seguido diciendo como si leyeran: “el Josito lee este libro para enterarse de lo puta que es su puta madre y de lo cornudo que es su padre y de lo mongolo que es él”. Se han puesto a reírse y yo me he reído también solo porque quería que me dejaran en paz, pero me ha dicho Rubén que de qué te ríes tú y le he dicho que me divierten los tacos.

Por dentro pensaba que me gustaría agarrar un cuchillo y clavárselo en el ojo a Rubén y que llegase hasta el cerebro. El cerebro es un órgano que tenemos dentro de la cabeza y está dividido en dos hemisferios, derecho e izquierdo, y sirve para pensar. Los zombis comen cerebros porque no pueden pensar en nada y tienen mucha hambre de pensamientos, así que van por el mundo buscando gente para comerse sus cerebros. Si pillasen a Rubén y Cristofer se quedarían con hambre, porque ellos son solo músculos.

Entonces Rubén ha seguido con el juego de leer el libro inventándose insultos y me he dado cuenta de que estaba forzando el lomo y rompiéndolo y arrugando las páginas y le he dicho que por favor no rompa el libro y me ha dicho: “que te calles”. Y como seguía maltratando el libro y es de mi padre cuando era pequeño, se lo he dicho, que no era mío, y que por favor parase de hacer eso, pero que si quería podía seguir diciendo cosas, y entonces me ha dicho: ¿ah, es de tu padre? Y le he dicho que sí y entonces ha escupido en las páginas y ha tirado el libro al suelo y se me han tirado los dos encima a pegarme pescozones.

Está demostrado
que el sol no los
mata, 
es información falsa sobre vampiros 

Yo no veía nada y me cubría la cabeza pensando que ojalá no haya echado un lapo con mocos y que voy a tener problemas con mi padre por dejar que estropeen el libro, y en ese momento se ha oído una voz muy fuerte y un hombre ha dicho: “Desgraciados, dejad en paz al chiquillo, pero qué coño os habéis creído” y los dos bestias han salido corriendo. Pero cuando he abierto los ojos casi me cago y he pensado que ahora sí que tenía problemas: el vampiro estaba delante de mí, ¡era él quien había asustado a los niños!

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Está demostrado que el sol no los mata, es información falsa sobre vampiros y es importante que se sepa. Hacía sol y él no estaba ni a la sombra. Llevaba pantalón largo pero iba de manga corta y tenía la piel muy blanca y llevaba gafas de sol. Ha cogido el libro del suelo y con un pañuelo lo ha limpiado. Luego se ha puesto a enderezar las páginas dobladas, y se ha quedado quieto como si el libro le trajera recuerdos del pasado, de cuando estaba vivo