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Relato de verano de Emma Riverola: Ella ha abandonado el grupo.

Ella ha abandonado el grupo (3): Miryam e Instagram

Laura no vio la curva. Eva saltó. Pronto, la inspectora Anglarill añadirá el nombre de Miryam. Otra carpeta sobre su mesa. Serán cuatro. Quizá cinco. Están todas como una chota, dice su superior. Pero ella cree que es el miedo. Siempre es el miedo.

Emma Riverola

Le gustaría que ella estuviera allí. Es la única amiga del mundo real a quien ha invitado a la fiesta, pero está en urgencias, parece que se ha roto el tobillo. ¡Qué pena! Se siente mejor cuando está con Lisa. ¡El mundo te adora!, no deja ella de repetirle.

Mira el móvil, pero se contiene. Si lo coge, empezará a hacer fotos. El jardín ha quedado precioso. Esta vez, ha jugado al misterio. Solo ha anunciado que, a partir de las 12 de la noche, colgará unas imágenes que sorprenderán a todos. Va a superar todas las expectativas: una fiesta de cumpleaños exclusiva para los instagramers más destacados. No se conocen en persona, pero a todos les ha entusiasmado la idea. A través de la red contactó con ellos y consiguió que las marcas le enviaran comida y decoración. Está nerviosa. Ojalá Lisa estuviera con ella.

Le duelen los músculos faciales de tanto forzar la sonrisa. Y eso, antes, no le pasaba. Quizá la sonrisa de verdad no cansa

Espera que esta noche se disparen los seguidores. Si son menos de 300, será un fracaso. Pero ahora no quiere pensar en ello. Siempre es lo mismo, un chute de felicidad o la bajada al abismo. Le gustaría vivir sin esos altibajos. Pero entonces no sería su vida. Y volvería a la existencia anodina de entonces. Una estudiante que sumaba decenas de inseguridades. Todo empezó en el viaje de fin de bachillerato. Se enrolló con Óscar, el chico que siempre le había gustado. Se sentía tan eufórica que empezó a hacerse fotos sin la vergüenza que siempre le frenaba. Las imágenes destilaban una sincera y arrolladora alegría. También sensualidad. Las acompañó de frases ingeniosas y las colgó en Instagram. Ni imaginó lo que iba a ocurrir.

Se retrasan. Es normal. La urbanización es un laberinto. Si Lisa estuviera con ella… Será un éxito, ya verás, le ha dicho esta mañana. Le demostraremos a ese imbécil que todo el mundo te quiere, que no estás sola. Sí, eso dice Lisa. Pero a ella le gustaría que ya hubiera llegado alguien. Mira al cielo, cada vez hay más nubes.

Fiel a su marca

Dos años desde que empezó todo. La diversión se convirtió en su vida. Las marcas la inundan gratuitamente de productos, los restaurantes la invitan, también los hoteles. Todo a cambio de difundirlo en Instagram. Pero, aunque no para quieta, la pantalla se ha convertido en su único paisaje. Siempre piensa en ella. Cuando camina por la calle cuida sus pasos, su ropa, su sonrisa. Siempre puede reconocerla alguien. Derrocha simpatía con todo el mundo. Debe ser fiel a su marca: la alegría. HappyMiry es su nombre. Solo que a la feliz Miryam le duelen los músculos faciales de tanto forzar la sonrisa. Y eso, antes, a ella no le pasaba. Quizá la sonrisa de verdad no cansa. 

Media hora de retraso. Le parece extraño. Y el cielo amenaza tormenta. Está nerviosa. Últimamente está así, ansiosa. Loca, le insultó él. Esa fue la última discusión. Dejó a Óscar hace dos meses. Hizo bien. Como dice Lisa, no todo el mundo sabe encajar el éxito de los demás. Pero no fue fácil. No, no lo es. 

45 minutos de retraso. Tiene que comprobar la hora de la convocatoria. Toma el móvil con alivio, la abstinencia también aumentaba su inquietud. El número de seguidores se ha disparado, bien. Miryam sonríe sin que le molesten los músculos. Pero pronto se le hiela el gesto. 

Compara la visión real con la imagen que le devuelven las fotos. Sí, no hay duda, es su jardín. Le tiemblan las piernas 

Levanta la mirada y compara la visión real con la imagen que le devuelven las fotos. Sí, no hay duda, es su jardín. Sus guirnaldas colgando de los árboles. Su mesa preparada. Sus sillas adornadas. Su piscina llena de globos. Solo falta su soledad. En las fotos de Instagram… su Instagram… ya han llegado todos. No puede entenderlo. Le tiemblan las piernas. Miryam se apoya en uno de los árboles mientras va pasando las fotos. Es su fiesta, no hay duda. Solo que solo ocurre en Instagram. Su vida real sigue vacía. Más y más fotos. Las pasa a un ritmo cada vez más frenético. Todos comen, beben, bailan, se besan… Las imágenes le duelen. Y una la deja helada: allí está ella. ¡Ella! HappyMiry riendo como siempre. Destilando alegría. ¿Qué está pasando? ¿Se está volviendo loca? Loca. Sola. 

Un trueno desencadena la tormenta. Miryam ve cómo el cielo se vacía sobre la comida, cómo el viento destroza los adornos. En Instagram, el cielo está azul. Todo es radiante. Una foto más. Y el pecho de Miryam también se rompe. ¿Cómo has podido, Lisa? En la imagen, su mejor amiga y Óscar se ríen, se abrazan. La oscuridad envuelve a Miryam. Solo tiene una salida. Siente que solo tiene una salida. Y piensa que también será una venganza. 

“Te regalo mi última escena, Lisa. Esta, sin sonrisa”, escribe. Dispone la cámara en el ángulo correcto, justo delante del árbol. El vídeo retransmitirá en directo.

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