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José Carlos Castaño, archivero de memorias

Un exagente de empleo se dedica a rescatar el testimonio vital de personas de edad avanzada para montar vídeos y libros sobre ese patrimonio humano en extinción. Sus clientes son los familiares de los ancianos y las instituciones.

JUAN FERNÁNDEZ / Madrid

José Carlos Castaño.

José Carlos Castaño.

Quizá la forma más sabia que hay de encarar el futuro conste en plantear el presente sin perder de vista el pasado. En plena era de Youtube, con millones de archivos de vídeo circulando por aquí y por allí en formato digital, resulta que se nos había escapado un detalle crucial: dentro de poco --cinco años, diez, 15, lo que aguanten los cuerpos--, un descomunal capital humano se va a perder y no va a volver jamás.El día que se hayan ido los que actualmente tienen 70, 80 y 90 años, con ellos se habrán marchado también sus experiencias. A los de aquí nos quedará su recuerdo, ¿pero qué hay de sus testimonios? ¿Dónde irá el relato de lo que vivieron contado por ellos mismos?

El siglo XX y lo que va de XXI son prolijos en recopilación de memorias, pero nadie reparó en las vivencias personales de los que nunca fueron protagonistas de la Historia con mayúsculas. Si ese abuelo que luchó en la guerra se muere sin que cuente lo que penó aquellos años, aquellos años se marcharán con él de manera definitiva. Si ese modesto jubilado se va sin narrar cómo era el mundo cuando su piel era dura como la de un tambor, adiós a ese mundo para siempre. José Carlos Castaño (Sabadell, 1969) se ha marcado como objetivo que todo ese patrimonio humano, civil, y anónimo no se pierda, sino que quede registrado para que puedan volver a visitarlo las próximas generaciones.

De paso, aspira a hacer de esto un oficio, y a vivir de él. Después de aprender de forma autodidacta el abecé de la fotografía y el vídeo, se ha convertido en un hombre-orquesta multimedia y ha montado El Almario, una productora unipersonal a través de la cual recopila las vivencias de los viejos de los pueblos y las ofrece en forma de libro a los ayuntamientos -ya lleva tres hechos sobre otros tantos municipios de Almería: Sierro, Terque y Padules-. También realiza documentales sobre oficios en extinción por encargo de instituciones públicas: en el último año, su cámara ha dejado registrado para la posteridad el testimonio de un puñado de mineros, pescadores, hojalateros, parraleros y relojeros antiguos.

Igualmente, realiza videomemorias a la carta para particulares. ¿Le gustaría conservar los recuerdos del patriarca de su familia? Por un módico precio y mediante unas cuantas entrevistas de vídeo en profundidad, Castaño es capaz de elaborar un delicado documental sobre su historia personal que emocionará a hijos, nietos y bisnietos.

«Me interesa retratar la vida de personas con historia, con carga emocional, con chicha, que hayan vivido y tengan algo que contar. Por eso me atraen tanto los viejos», explica.

Hace dos años, José Carlos trabajaba como agente de empleo en una fundación dependiente de la Junta de Andalucía, pero ni le convencía el proyecto -- «aquello era mucho despacho y muy poco interés por la gente», recuerda--, ni le veía futuro a su puesto. De hecho, a la semana siguiente a su marcha liquidaron al completo a su equipo.

Tocaba reinventarse, aunque en su caso este salto ya estaba planificado. En realidad, cree que lleva toda su vida preparándose para esto. Estudió Ciencias Políticas, hizo de payaso, fue encuestador, ejerció de retén anti incendios en los montes, trabajó de reportero en la tele. «Y ahora pienso que los destinos laborales más inútiles fueron los que más me enseñaron sobre la condición humana», observa. Ignora si esta será su reinvención definitiva o habrá más, pero de momento tiene una misión que cumplir. Lo difícil es explicarlo. «Si fuera anglosajón diría que soy filmmaker. Aquí cuento que me dedico a registrar experiencias sentimentales. Quiero crear el arca de Noé de los recuerdos de la gente».

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