El endiablado tablero político

¿Quién representa a Catalunya? El protagonismo de Puigdemont en la investidura

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españas posibles Puigdemont

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Jose Rico

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Hablar en nombre de todos los catalanes, o de todos los españoles, es un defecto que ponen en práctica a diario todos los dirigentes políticos, seguramente sin excepción. Todos los partidos convierten sus postulados y exigencias en la opinión y las reivindicaciones de toda la ciudadanía, les hayan votado o no, piensen igual que ellos o no. La CiU de Jordi Pujol patentó y exprimió esta práctica en Catalunya con el músculo que le brindaban sus holgadas victorias electorales, pero superada la era de las mayorías absolutas, la manía de arrogarse la representación de todo un colectivo más allá de las fronteras de voto no desapareció y, como último ejemplo, el 'procés' se cimentó sobre el relato de una mayoría social que empujaba en una u otra dirección.

Lejos parecen ya aquellas tensiones de 2017 cuando la realidad de 2023 es que los dos principales partidos independentistas, ERC y Junts, están inmersos en una negociación con el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez. Un diálogo entre tres partidos en el que, sin embargo, los focos están puestos en una sola persona a 1.339 kilómetros de Barcelona y 1.580 kilómetros de Madrid. El pasado martes, ante una escenografía institucional y un panel que le identificaba como 'president', Carles Puigdemont expuso sus condiciones para el mayor "compromiso histórico" de España con Catalunya desde 1714.

La primera de esas condiciones, dijo, sería "reconocer y respetar la legitimidad democrática del independentismo". "No existe una receta autonómica para resolver los problemas de Catalunya. Lo determinante es el reconocimiento del derecho de autodeterminación de Catalunya", describió Puigdemont, advirtiendo de que Junts no renunciará a la vía unilateral "como recurso legítimo para hacer valer los intereses del pueblo catalán". Ya sea por asignar legitimidades colectivas o por capitalizar el protagonismo, el rol de Puigdemont ha incomodado al resto de actores de la negociación, y ha devuelto a la primera línea el debate sobre quién representa a Catalunya en estos contactos.

La investidura de un presidente del Gobierno está en manos de los 350 diputados del Congreso, esto es, de las posiciones de los distintos grupos parlamentarios y, en consecuencia, de las decisiones que tomen las direcciones de los partidos. De esos 350 diputados, 48 han sido elegidos en Catalunya y su distribución es el dato más real para medir la representatividad de los catalanes. En las últimas elecciones, el PSC se llevó el 40% de los escaños (19) mientras que Sumar, ERC y Junts empataron con 7 diputados, aunque JxCat fue quien recabó menos votos de los tres. El PP obtuvo 6 asientos y Vox se quedó con 2.

Dicho de otro modo, Puigdemont parece situado en el centro de la ecuación pese a tener 12 escaños menos que la primera fuerza, los mismos que la segunda y la tercera, y solo uno más que la quinta. A ello se suma que el 'expresident' no se presentó a las elecciones y, oficialmente, no dirige ni tiene cargo orgánico alguno en Junts. Pese a ello, el pasado lunes se reunió con bombo y platillo con la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, que en este caso sí lidera uno de los partidos que negocian con el PSOE, Sumar.

La explicación es obvia: el sistema parlamentario español otorga a las minorías la llave de la gobernabilidad cuando los grandes partidos no llegan a la mayoría absoluta. Pero al excesivo protagonismo de una de ellas, Junts, y en concreto del 'expresident', le ha respondido, en una entrevista en EL PERIÓDICO, quien sí ostenta la jefatura del Ejecutivo catalán, Pere Aragonès: "Quien negocia en nombre de Catalunya lo que afecta a su estatus político es el Govern".

Echando mano de la ironía para intentar disimular su incomodidad, ERC se felicita de que Junts haya pasado de "poner palos en las ruedas a avances como los indultos o la eliminación de la sedición" a sumarse a la vía de la negociación. Cuando gobernaban juntas, ambas formaciones ya se enzarzaron por la representatividad de Catalunya en la mesa de diálogo, tras el intento de JxCat, vetado por Esquerra, de incorporar a dirigentes sin cargo en el Govern. El líder del PSC, Salvador Illa, ha reclamado directamente a Puigdemont "ir con cuidado a la hora de hablar en nombre de Catalunya", que es un país "plural".