Análisis

González-Trevijano y su discurso 'real' flirtean con un 'consenso' para la presidencia del TC

Los magistrados María Luisa Balaguer y Cándido Conde-Pumpido, ambos del sector progresista, son las opciones para presidir el Tribunal Constitucional que se presentarán al Pleno convocado para este miércoles 11 de enero

El presidente del Tribunal Constitucional, Pedro González-Trevijano.

El presidente del Tribunal Constitucional, Pedro González-Trevijano. / EFE

Ernesto Ekaizer

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En un discurso de 13 folios estilo “rey en Nochebuena”, donde hay frases para todos los gustos dentro de una clara inclinación a estribor, el presidente saliente del Tribunal Constitucional, Pedro González-Trevijano, insinuó el posible consenso entre el sector conservador y el progresista en un momento en el que el presidente en funciones, Ricardo Enríquez, ha convocado para este miércoles, día 11 de enero, el Pleno para elegir a los magistrados que ocuparán la presidencia y vicepresidencia.

Señaló, al citar un auto del TC de 2006, que es lo normal que “un magistrado del Tribunal Constitucional haya sido designado precisamente por sus ideas y opiniones expresadas a través de los instrumentos habituales de difusión jurídica, que conforman su trayectoria profesional...”.

Y enfatizó: “Por esta misma razón, no comparto la falsaria dicotomía entre jueces “conservadores” y “progresistas”, así como las reclamaciones de imposibles unanimidades, por lo demás inexistentes en los demás ámbitos de la sociedad, y que no son nunca un fin en sí mismas. No hay tampoco sentencias parciales de la mayoría. Hay, sin más, sentencias, aunque todos anhelemos su mayor respaldo posible”.

González-Trevijano, precisamente, y su colega Enrique Arnaldo, han trabajado en los últimos meses para impedir que el sector progresista consiga sacar adelante con sus exclusivos votos (6 o 7 si se incluye o no a la magistrada María Luisa Segoviano) un candidato progresista sin necesidad de contar con los votos conservadores (4 o 5 si se incluye o no a Segoviano).

En esas gestiones ha coincidido la simpatía de la magistrada adscrita al sector progresista María Luisa Balaguer dispuesta a saltar a una presidencia apoyada en los cuatro o cinco votos conservadores y en el de ella misma, lo que dejaría en 6 votos contra 5 al sector progresista.

Este sector se orientaba ayer, según fuentes del tribunal consultadas por El Periódico de Catalunya, a nombrar un candidato único, en la perspectiva de prescindir de los magistrados conservadores. Y esa es la candidatura del magistrado Cándido Conde-Pumpido. Sería, pues, la primera presidencia progresista después de nueve años (desde 2013) y de siete meses de bloqueo deliberado (desde el 12 de junio de 2022) para frenar el cambio de mayoría de voto de la magistrada Segoviano, pues, es quien inclinará hacia uno u otro lado la balanza.

El presidente saliente, por tanto, no advierte ahora una línea o una frontera entre conservadores y progresistas. Pero cuando hace declaraciones públicas sostiene otra cosa: “Los juristas somos casi todos gente conservadora, porque el Derecho es una ciencia conservadora”, explicó al diario 'El País', a primeros de septiembre pasado. En todo caso, va en línea, como explicó Enrique López, juez en excedencia y Consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, en el sentido de que “el PP tiene el apoyo de la mayoría de la carrera judicial”.

González-Trevijano hizo un discurso de 'name dropping', lo que en inglés equivale a citar nombres propios. La larga lista: Isaiah Berlin, Kelsen, Beethoven, Aristóteles, Virgilio Zapatero, Bergson Juan Genovés, Jorge de Esteban, Jefferson, Stravinsky Montesquieu, Häberle, Peces Barba, Manuel Aragón, Luis María Cazorla, Ulpiano, Carl Schmitt, Garcia Pelayo, Saavedra Fajardo, Fernando de los Ríos, Encarna Roca, Homero, Goethe, Jean Monnet, Cruz Villalón, Tennyson y Chesterton (y alusiones a Dante, Hegel o Nietzsche, Shakespeare, Montaigne).

Pero sus mensajes fueron nítidos.

En relación con el asunto de qué son y que deben ser los magistrados del TC, señaló: “Tampoco es ocioso recordar, que el procedimiento de designación no implica un mecanismo de representación. El magistrado no representa a nadie. Ni al órgano por el que fue elegido, ni a la fuerza parlamentaria que impulsó su proposición. Está a solas con su conciencia y sólo de ella depende. La ausencia de espurios vínculos y su indeclinable independencia son exigencias de su legitimidad de origen y de ejercicio”.

Defendió la “presunción de constitucionalidad” de la acción legislativa, pero festejó la admisión de las medidas cautelarísimas del Partido Popular para paralizar la legislación dirigida a desbloquear el TC.

Si ya es fuera de lo común que un auto sobre medidas cautelarísimas tome partido en el el fondo de un asunto a elucidar -la renovación por sextos es inconstitucional sostiene la resolución-, no es menos llamativo que ayer proclamase: “El motivo que nos congrega hoy aquí no es una despedida. Antes al contrario, celebramos una continuidad, en línea con su renovación por tercios, según mandata expresamente el artículo 159.3 de la Constitución”

Las matizaciones del expresidente sobre el consenso entre progresistas y conservadores remite al asunto que está cargado como pocas veces de incertidumbre: ¿quién ocupará la presidencia?

Y eso es así por el tortuoso proceso que ha sufrido la elección de los dos magistrados del Consejo General del Poder Judicial y el papel de María Luisa Segoviano en el camino.

El sector progresista la incluye en su primera lista de cinco magistrados junto con otro magistrado conservador, Rafael Fernández-Valverde, y otros tres considerados progresistas. ¿Por qué? Querían mostrar que el argumento utilizado por la derecha de que no existían magistrados en el Tribunal Supremo interesados en el cargo era falso.

Entonces, María Luisa Segoviano se acostó la noche anterior a su designación, la del 26 al 27 de diciembre pasado, como una magistrada cercana al sector conservador, y se levantó al día siguiente como próxima al sector progresista.

Los conservadores se equivocaron al pensar que el sector progresista rechazaría a Segoviano porque, según ya se habían plantado, querían al magistrado José Manuel Bandrés. El sector progresista prefirió a Segoviano ante la posibilidad de prolongar el bloqueo -según se desprendía del auto de las cautelarísimas- del TC un año más, hasta las elecciones generales.

Pero, según las fuentes del TC consultadas, el sector progresista descolocó a los conservadores con la primera derivada, pero sin haber resuelto la segunda derivada: garantizar la presidencia para Conde-Pumpido.

Lo que hará María Luisa Segoviano solo ella lo sabe. Hoy en la reunión del grupo progresista, en el que cuentan con ella, se podrá avanzar hacia su decisión. Ella ha hablado de cualidades para presidir como consenso, ánimo de dialogar y empatía.

La pregunta del millón: ¿ha llegado al TC con una posición ya adoptada? ¿La ha propuesto José María Macías, el líder del sector conservador den el CGPJ, sin decirle que debe votar contra Conde-Pumpido como, según fuentes solventes, se lo dijo antes al magistrado Pablo Lucas, que desistió de participar?

¿O es que no es necesario que se diga lo que uno mismo puede intuir?