Nuevo ciclo electoral

El PSC confía en que el triunfo en las elecciones municipales de 2023 sirva de trampolín a la Generalitat

Los socialistas, que dudan de que Aragonès pueda agotar la legislatura, buscan los frutos de su estrategia pactista para ganar centralidad a costa de la ruptura independentista

Salvador Illa y Jaume Collboni, el pasado 11 de diciembre en un míting en Barcelona

Salvador Illa y Jaume Collboni, el pasado 11 de diciembre en un míting en Barcelona / ELISENDA PONS

Sara González

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No es ningún secreto que en la lista de deseos políticos de Salvador Illa figura pasearse por el Pati dels Tarongers como presidente de la Generalitat. La diferencia es que, esta vez, la cúpula socialista no cree que sea un sueño inalcanzable, sino que está convencida de que, tras cinco años de remontada, nunca antes desde la caída del tripartito había estado tan cerca. El Govern se ha roto, la relación entre ERC y Junts es a corto plazo irreconciliable y los sondeos constatan que, cuanto más se divide el independentismo, más consolida el PSC la 'pole position'. Como jefes de la oposición, han centrado su estrategia en hacer palanca en esas grietas para ganar centralidad y presentarse como la alternativa gubernamental que garantizará "orden" en las instituciones y "estabilidad" política, económica y social en Catalunya.

El pasado 11 de diciembre, en el mitin que los socialistas celebraron en Barcelona de la mano del presidente Pedro Sánchez para sellar públicamente su apuesta por la desinflamación del 'procés' como vía para desactivar las expectativas independentistas, el líder de los socialistas catalanes intervino desde el escenario con imágenes del Palau de la Generalitat a sus espaldas. Una puesta en escena diseñada para proyectar una moral de victoria que tendrá como primera prueba de algodón las elecciones municipales y, muy concretamente, el resultado de Jaume Collboni en la reñida batalla que se producirá en Barcelona. "El nivel de receptividad a nuestras propuestas es alto, y el nivel de ilusión dentro del partido, también", resumen desde la sala de máquinas de la sede de la calle Pallars.

La fecha de las catalanas

Pero logre o no la joya de la corona territorial, lo que en el PSC tienen claro es que difícilmente el 'president' Pere Aragonès podrá acabar la legislatura con su exigua minoría. La fecha idónea de las elecciones catalanas para los socialistas sería después de unas municipales donde puedan exhibir poderío y antes de una generales inciertas -están previstas para finales del 2023- para poder lucir en campaña que Sánchez continúa en la Moncloa. Ir a las urnas después de una eventual pérdida del Gobierno por parte del PSOE es un riesgo que el partido de Illa preferiría no correr. "Si el Govern es coherente y asume que su debilidad es fruto de la ruptura del independentismo, tiene que afrontar su futuro en las urnas. Aunque no hay que anticiparse, el resultado podría ser un buen momento para romper bloques", sostiene un dirigente de la cúpula del PSC.

Y es que tanto la fragmentación actual del Parlament como la que pronostican las encuestas determina que Illa solo podrá ser 'president' si recibe el apoyo de al menos uno de los principales partidos independentistas, es decir, de ERC o de Junts. En las elecciones de 2021, la victoria no fue suficiente para gobernar porque, precisamente, el líder socialista no contaba con la complicidad de ninguno de los dos. "No tengo prisa", insiste Illa una y otra vez cuando se le pregunta cuándo debería apretar el botón electoral Aragonès. La prioridad, añade, tiene que ser que Catalunya recupere el liderazgo económico. Pero los engranajes de su partido ya trabajan a todo tren rumbo a los dos hemisferios de la plaza Sant Jaume. Tras la estación de los presupuestos, carpeta que se prevé que se cierre durante los dos primeros meses de 2023, todos los actores entrarán ya en precampaña.

Los equilibrios de Illa

Mientras el Gobierno tenía pendiente cerrar con ERC el acuerdo de presupuestos y la reforma del Código Penal, el PSC ha optado por no reclamar una moción de censura o exigir elecciones a pesar de la salida de Junts del Govern y ha hecho equilibrios entre tender la mano al Executiu y reivindicarse como alternativa con una dura crítica a la acción del Executiu.

Una vez resueltos todos los rompecabezas e intercambios de apoyos, ya será otro cantar. Se abrirá una nueva fase que ya ha dado por inaugurada la Moncloa con su negativa a reunir la mesa de diálogo como respuesta a la insistencia de ERC por fijar las condiciones de un referéndum de autodeterminación al que se oponen rotundamente los socialistas.

El PSC señala a los republicanos como sus principales rivales en el nuevo ciclo electoral, una afrenta mutua que Illa quiere encarar presentando su partido como valor seguro y de cohesión en tiempos de incertidumbre económica y social. Si en una cosa se ha esmerado el 'primer secretari' desde su llegada al Parlament es en no caer en el rol estéril que jugó Ciutadans al frente de la oposición la pasada legislatura por los puentes rotos con la mayoría de grupos. "Hemos demostrado que el PSC es una pieza útil aunque no gobierne, que contribuye a la estabilidad incluso estando en la oposición", subraya un dirigente de la dirección que recalca que hoy poco puede hacer el Govern si no es con un acuerdo con su partido. Ellos, detalla, han sido clave para "desmontar" el 'procés' y sin ellos Catalunya no podrá tener presupuestos.