Su relación con jueces y fiscales

"Control de togas": las maniobras de Villarejo para influir en los jueces

  • El excomisario cultivaba su relación con distintos jueces con comidas, cursos y visitas para las que se valía de su cargo

  • Dejaba constancia de sus vínculos con algunos de ellos en sus agendas y en las grabaciones que hacía de todo encuentro

Togas y puñetas de varios jueces del Tribunal Supremo.

Togas y puñetas de varios jueces del Tribunal Supremo. / ARCHIVO / AGUSTÍN CATALÁN

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Ángeles Vázquez
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Periodista

Especialista en Tribunales y Justicia

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Cristina Gallardo
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Tono Calleja
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Uno de los métodos que el excomisario José Manuel Villarejo practicaba para ayudarse en sus trabajos era cultivar sus relaciones con los jueces y magistrados de los distintos juzgados y tribunales, en especial los de Instrucción de la capital, ubicados en Plaza de Castilla, y los de la Audiencia Nacional. En su agenda denomina a estas prácticas de una forma muy significativa: "control de togas".

Gracias a sus anotaciones y a los audios que grababa de cualquier encuentro, desde que llegaba a las proximidades y saludaba hasta que se había alejado lo suficiente para no ser descubierto, se pueden comprobar cómo eran sus relaciones con los magistrados, a los que también ofrecía clases y conferencias a través de Schola Iuris.

Hay con quien se aprecia una especial confianza, como ocurre con el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, circunstancia que, según fuentes jurídicas, le impidió ser secretario de Estado con Dolores Delgado como ministra de Justicia. O con el exdecano de los juzgados madrileños José Luis González Armengol, que le debía un favor en relación con la imputación de la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre por huir de la policía tras aparcar en zona prohibida para sacar dinero de un cajero.

Una relación que también busca con su sucesor, Antonio Viejo. "Fundamentalmente, ponerme a su disposición. De alguna manera, tenemos por norma que cada vez que una persona de su cargo toma posesión, pues para que nos conozca un poco", se presenta Villarejo, que añade que trabaja "en el área de inteligencia de la Policía", según la grabación del encuentro a la que ha tenido acceso 'El Periódico de España'.

Tras romper el hielo, Villarejo le comenta, como ya había hecho con Armengol lo que le preocupaba, la causa por delitos fiscales contra el empresario hispanolibanés y amigo personal del rey emérito Abdul Rahman El Assir, que se instruía en el Juzgado de Instrucción número 52 de Madrid, con cuyo titular, entonces Fermín Echarri, se reunió para tratar de influirle. El excomisario intentó sin éxito, además, utilizar este encuentro para apartarle del tribunal que juzga por tres de los contratos investigados en el caso Tándem.

El excomisario, que ejercía la acusación popular en la causa contra Aguirre a través de la asociación Transparencia y Justicia, llegó a él a través de Armengol, quien hizo llegar a la presidenta las preguntas que le iba a realizar en el juzgado, para que pudiera jugar con ventaja. El expolicía y el juez comentaron la jugada días después. "El asunto ha quedado de puta madre", dice el entonces decano, que añade en alusión a la presidenta del PP de Madrid: "Que se joda que además un escarmiento de esto..." El comisario completa: "No viene mal".

Fondos reservados

El punto principal de la reunión, sin embargo, era ayudar a El Assir y Villarejo llegó a ofrecer al magistrado 20.000 euros de fondos reservados por su participación en las gestiones para conseguir un acuerdo judicial que beneficiase al traficante de armas. "Puedo poner las iniciales y un garabato. Digo que hay una persona que me ha asesorado en este tema y oye, muy ricos 20.000 euritos libres de impuestos", le ofrece. 

Villarejo ofrece fondos reservados a Armengol.

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Armengol responde: "Como los de Vera y Barrionuevo, ¿y eso lo firma el secretario de Estado?", a lo que el expolicía contesta afirmativamente para presumir a continuación de que otros fondos reservados los tiene "de Presidencia del Gobierno". Tras la comida, Villarejo lo apuntó en sus agendas: "Comida muy agradable, muy predispuesto a todo. Acepta llevar temas delicados".

Durante esta conversación, Villarejo se vanagloria ante su interlocutor de ser la persona a la que acuden otros jueces y fiscales de España en problemas. Entre ellos cita a Joaquín Aguirre, titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Barcelona, a quien se refiere como "osado" y "valiente", pero en un "entorno hostil". "Me dice, me fio de ustedes, pero a la primera que me hagan les corto la cabeza, porque es un hombre vehemente", comenta el comisario a su interlocutor.

Otro magistrado al que Villarejo trata de acercarse durante esos años es Juan Antonio Toro, un juez polémico que en julio de 2020 fue absuelto por el Tribunal Supremo de un delito de prevaricación imprudente en concurso con un delito de revelación de secretos por facilitar información, a quien no era parte del procedimiento, de una causa relativa al expresidente de la Federación Española de Baloncesto José Luis Sáez.

Anotaciones de Villarejo sobre el juez Toro.

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Las agendas evidencian que el comisario trató de acercarse a él utilizando como intermediario al exjefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) Enrique García Castaño, también imputado por el espionaje al extesorero del PP Luis Bárcenas. De hecho, Villarejo asegura haber mantenido una conversación con Toro a través del teléfono de su compañero en manos libres.

Privilegios

Estos contactos así como los que le proporcionaba la Policía le permitían privilegios en los juzgados de Plaza de Castilla. Fuentes de seguridad de esta sede judicial explican a este diario que la primera vez que Villarejo tuvo que ir a declarar como investigado por el caso de la denuncia que interpuso contra él la doctora Elisa Pinto, gozó de evidentes privilegios. Entró por el garaje, no por la puerta, y en un coche oficial del Ministerio del Interior con otros dos agentes, un hombre y una mujer, a modo de escoltas.

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También pudo esperar en las dependencias de seguridad, pues decía que hacerlo en la puerta del juzgado permitiría fotografiarle, lo que le habría perjudicado en su condición de agente infiltrado, decía.

Venía y se quedaba en los despachos. Y comenzaba a hablar de muchas cosas con todo el mundo. Siempre entraba por el garaje, pues pedía permiso a sus compañeros de la Policía”, explican empleados de Plaza de Castilla que conocieron al comisario jubilado, entres los que trataba también estaba un forense adscrito a los juzgados madrileños.