La mirada de los fotógrafos de siete 'presidents'

Los secretos más mudos del Palau de la Generalitat

  • Los dos fotógrafos de los siete 'presidents' de la Generalitat en democracia revelan las vivencias más intensas

  • Los profesionales describen las anécotas de instantáneas nunca publicadas y guardadas en el archivo oficial

Jordi Bedmar y Rubén Moreno, fotógrafos oficiales del President de la Generalitat. / Ferran Nadeu

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

Periodista

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Pasqual Maragall bañándose en bóxers en el mar Muerto, Jordi Pujol pronosticando en privado que la victoria de Artur Mas de 2003 no le llevaría a la presidencia, Carles Puigdemont grabando un mensaje institucional por si era detenido. Y, más recientemente, el rey Felipe VI mirando al nuevo inquilino de Palau, Pere Aragonès, con cara de interrogante. Todos estos momentos no se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Están en la retina, el recuerdo y el disco duro del archivo de Jordi Bedmar y Rubén Moreno, los dos fotógrafos de la presidencia de la Generalitat que llevan más de 20 años retratando y por tanto siguiendo día a día a todos los presidentes de Catalunya desde Jordi Pujol.

Jordi Pujol en una recepción en el Palau de la Generalitat del nuevo consistorio del Ajuntament de Barcelona, con el alcalde Joan Clos, el 14 de junio del 2003. El ’president’ rompió el protocolo chutando una naranja que había en el suelo. / JORDI BEDMAR

Bedmar es autor, entre muchas, de una instantánea de gran calado: la mirada de reojo del rey al 'president' Torra en una cena del Mobile el pasado año. No se supo hasta pasado un cierto tiempo oficialmente que la foto era suya, porque la colgó en las redes 15 minutos y la borró. Lo que no se sabe es que Bedmar guarda en su archivo la misma escena un año después, entre el rey y el nuevo 'president' en ese mismo escenario. Esta vez la mirada del monarca es más bien de duda, según explica el joven y al tiempo veterano fotógrafo. La foto está archivada.

Moreno tomó imágenes del mensaje institucional de Puigdemont por si lo detenía la Guardia Civil tras el 1-O. "Hice cuatro fotos y me sacaron, una vez empezaba el discurso, y pensé 'qué raro, ¿Por qué me sacan?", luego con el tiempo entiendes que se vivía un momento muy duro. Él estaba pausado, pero la procesión iba por dentro".

Jordi Pujol. / Rubén Moreno.

Las espinas de la autocensura

En Palau y fuera de Palau, el día a día de los fotógrafos está plagado de rutinas pero también atesora un material precioso que está en el archivo oficial. Los jefes y las jefas de prensa de todos los presidentes han optado por la prudencia, o directamente la autocensura, a la hora de exhibir fotos no amables. "Lo primero y básico que se nos pide es muchísima discreción", describe Bedmar. Un ejemplo: la famosa imagen de Maragall colocándole una corona de espinas a su entonces vicepresidente, Josep Lluís Carod-Rovira, en Jerusalén, la tenía por supuesto Bedmar. Pero no la divulgó. Fue una agencia internacional la que la distribuyó y automáticamente se convirtió en una gran polémica. "Le dije a Norma [de la Fuente, jefa de prensa] 'de esta foto qué haremos, porque es muy chula' y me dijo 'no, no, esto no'". Lo que no se sabe es que Maragall también le puso la corona al conseller Antoni Castells, que incluso imitó en el gesto a Jesucristo de rodillas. "Tengo la foto y es espectacular", recuerda riendo. Otra imagen que nadie verá. De momento.

¿Qué pasa cuando esa discreción choca con el instinto periodístico de los fotógrafos? Bedmar fotografió cómo Joan Gaspart servía la cena al entonces rey Juan Carlos I, porque su empresa de cátering era la que se encargaba del ágape: "Me salió el instinto, disparé, y se me tiraron los escoltas encima, ¡ha, ha, ha! Has de capar el instinto". "Haces la foto y queda en el archivo", asume Moreno. "No son imágenes graves, incluso muchas humanizan al político, pero como hay este miedo a hacer el ridículo, que tienen todos los políticos en general, se decide no hacerlas públicas", describe Bedmar. En cambio, recuerda, el expresidente español Mariano Rajoy tenía tres fotógrafos. El institucional, el de prensa y el de las redes sociales buscando la imagen más original y humana.

La Casa Real

Capítulo aparte merece la Casa Real. Bedmar y Moreno recuerdan perfectamente los codazos y manotazos de los policías cuando no se quiere que se dispare, como cuando Torra regaló un libro del fotoperiodista Jordi Borràs al monarca en Tarragona. Y no le dejaron hacer ninguna foto en el acto de homenaje a las víctimas del atentado de Barcelona y Cambrils, que se hizo en la plaza de Catalunya. "Porque no interesaba", explica. "No tienen manías, los que tapan son policías, van a saco", añade Bedmar.

El más presumido, sin duda, ha sido Artur Mas. El más fácil para trabajar, también lo tienen claro: Montilla. "Siempre hacía la misma cara, lo dejabas cinco minutos y volvías y seguía allí, era disciplinado...La foto buena era cuando señalaba algo, cuando reía no era tampoco buena porque se le achinaban mucho los ojos", recuerda Bedmar. La antítesis fueron Maragall y Pujol.

En el mar Muerto, recuerda Bedmar, Pujol acudió de visita y tocó un momento el agua salada. El año siguiente, en el marco del foro de Davos, llegó Maragall y se empezó a desnudar. "Jordi, ¿te animas o qué?, me dijo, y yo: ¡Y tanto! Y yo me quedo en slips, él se queda en bóxers, y para dentro; tengo una foto allí de los dos flotando con una lancha detrás de soldados. Con el cielo rojizo, por la tarde". Moreno recuerda cómo Pujol, en un viaje, lo cogió por banda para charlar un rato y desconectar de la tensión de la agenda.

El silencio de Palau

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Durante el período de intervención de la Generalitat en virtud del artículo 155 de la Constitución, los fotógrafos pasaron el tiempo archivando fotos en un Palau en un silencio absoluto, solo roto por el carrito de las mujeres de la limpieza. En octubre del 2017 recuerdan el helicóptero sobrevolando el palacio. Y de las decenas de reuniones en palacio no hicieron ninguna foto. Salvo algún descanso entre cumbre y cumbre. Moreno fue a Madrid a la cárcel de Estremera. Se quedó en el párquing, cuando el 'president' entró. "Dos días antes estábamos aquí en Palau hablando con [Raül] Romeva en un banco de Palau", recuerda, impresionado.

Están acostumbrados a ser sordos cuando fotografían conversaciones políticas. Moreno recuerda que Pujol, en la noche electoral en la que su sucesor, Artur Mas, ganó los comicios, le confesó a Francesco Cossiga: "Hemos ganado pero no gobernaremos". De comentarios de estos podrían llenar varios libros, los dos fotógrafos. Solo una vez han borrado una foto. Lo hizo Moreno, y fue porque había osado tomar el lado malo de Julio Iglesias en un acto en Barcelona. Su asesora de imagen le había advertido.