EL ONZE DE SETEMBRE

La Diada cierra su bucle fiscal en Barcelona

La ANC culpa al "expolio" de la infrafinanciación de las universidades

El acto ante la UB orilló toda mención a los rectorados "unionistas" que denunció Paluzié

La concentración de la Diada de Catalunya 2020 en la plaza de la Universitat de Barcelona.  / MANU MITRU

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El Govern de CiU, con Artur Mas al frente y Joana Ortega como vicepresidenta, trató infructuosamente de reconducir la primera Diada del 'procés', la del 2012, hacia una manifestación por el pacto fiscal. De hecho, esa fue la reivindicación del propio Mas ante Mariano Rajoy, diez días después. Y de la negativa del entonces presidente del Gobierno se derivó la celebración de las elecciones del batacazo de CiU. De 62 a 50 escaños cuando el objetivo era la mayoría absoluta. El Govern no logró suavizar las aristas independentistas de la manifestación del paseo de Gràcia, como acredita la historia. Por todo ello, no deja de tener su gracia que el Onze de Setembre del 2020, el del covid-19, el que, de alguna manera, cierra un ciclo y un modelo de celebración de la Diada, tuviera su acto central, nada menos que ante la delegación especial de Hacienda en Catalunya, en la plaza de Letamendi.

El centro de Barcelona, a las 4 de la tarde, parecía ayer el escenario de una maratón atlética urbana, en ese momento en que el ganador ya está en el hotel , pero siguen llegando corredores. Calles cortadas, poquísima gente en las aceras del paseo de Gràcia. Ningún turista con 'trolley'. A esa hora, cuando en la era pre-covid, la ciudad bullía festivamente, los disciplinados voluntarios de la ANC seguían marcando puntos en el asfalto señalando dónde se debían  colocar los asistentes. Por ejemplo, en la plaza de Catalunya, delante del Banco de España, pero también de El Corte Inglés, a decir de muchos, dos de las instituciones que dan sentido a la unidad patria (española).

También en la plaza de la Universitat. Allí no eran puntos gordos de pintura blanca, sino cruces casi de topógrafo de color salmón. Y se pintaron demasiados, porque, luego, el acto apenas llenó la plaza (a metro y medio de distancia cada manifestante, como mandan los nuevos cánones) y se dejaron incólumes todas las señales desde la propia plaza a la calle de Balmes. Todos de pie, excepto dos señoras de mediana edad que se sentaron en esos bancos monopersona que el ayuntamiento tuvo a bien colocar hace años por toda la ciudad para alegría de los que no buscan ampliar su círculo de amistades cuando se toman un receso. No se levantaron ni con la amable invitación de la voluntaria de la ANC de turno.

Denuncia del 'expolio' 

Frente a la universidad, dos grandes pancartas. En una se apuntaba que con 21 días de déficit fiscal que se ahorrara Catalunya bastarían para duplicar la inversión en universidades. Y con cuatro días más, la de las becas para los universitarios.

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Y es que el acto fue íntegramente por esos derroteros. Grosso modo, el relato era: 'La pésima financiación del Govern, por culpa del expolio fiscal impide que la educación superior reciba los fondos que merece'. No hubo ni una mención con el megáfono (sí, se utilizó ese instrumento 'vintage' que remite directamente a las huelgas estudiantiles) a la polémica sobre los rectorados "unionistas" de la UAB y la propia UB, según denunció la líder de la ANC, Elisenda Paluzie. Acto soso, en definitiva.

En cuanto al aspecto de las plazas, Òmnium Cultural anduvo más lista. Aplicando la máxima del judo de emplear la fuerza del propio rival para tumbarlo, en este caso la pandemia y la limitación de aforo, optó por dejar las sillas vacías y no se expuso a que se captaran imágenes desalentadoras para su parroquia.