28 nov 2020

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PERFIL

Alberto Núñez Feijóo: otra bala en la recámara

La clara victoria del líder del PP en Galicia iguala su figura a la de Fraga y le consolida como alternativa nacional en su partido

Daniel G. Sastre

Alberto Núñez Feijóo.

Alberto Núñez Feijóo.

La cuarta mayoría absoluta consecutiva da a Alberto Núñez Feijóo (Ourense, 1961) dos prerrogativas. La primera es evidente: seguir gobernando Galicia, como hace desde el 2009, cuando se presentó por primera vez a las elecciones. La segunda tiene que ver con su eventual futuro en la política nacional: el presidente de la Xunta se ha ganado el derecho a seguir siendo la principal bala moderada en la recámara del PP para un eventual relevo de Pablo Casado.

Ya desde los tiempos de Mariano Rajoy el nombre de Feijóo salía a relucir cada vez que el líder popular atravesaba un mal momento. Pero con Casado el antagonismo es mucho más evidente. Aunque el actual presidente del PP ha mostrado una estrategia errática, algunas de sus decisiones –los pactos con Vox en Madrid o Andalucía, la elección de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria– le sitúan más cerca de la línea dura del partido. Feijóo es lo contrario, el principal abanderado de la sobriedad, incluso en temas sociales como el aborto.

Al presidente gallego le gusta recordar, para reforzar su perfil centrista, que llegó a votar a Felipe González en los 80. Pero su trayectoria política siempre ha estado vinculada al PP. De la mano de Romayo Beccaría, fue primero secretario general de la Consejería de Sanidad a principios de los 90 para dar el salto a la política nacional durante los gobiernos de José María Aznar. Fue presidente del Insalud y de Correos antes de volver a Galicia. También de esa década es la principal mancha de su carrera: su amistad con el narcotraficante Marcial Dorado, de la que hay constancia fotográfica y que siempre le pone en aprietos durante las entrevistas en profundidad.

Ni boinas ni birretes

De vuelta a su tierra con el cambio de siglo, puso orden en un partido hasta entonces dividido entre boinas y birretes, y recuperó contra pronóstico la comunidad para los populares en el 2009, tras una legislatura de bipartito PSdG-BNG.

En los últimos años, además de convertirse en padre tardío –su hijo Alberto nació en el 2017- ha cultivado la imagen de verso suelto. Tras las elecciones generales del 2019, fue de las pocas voces de su partido en abrir la puerta a apoyar la investidura de Sánchez. Y justo antes de estos comicios ha mostrado su independencia de criterio con dos acciones: negándose a llegar a acuerdos con Ciudadanos y dando su apoyo al excandidato del PP en Euskadi, Alfonso Alonso, antes de que Casado lo reemplazara por el áspero Carlos Iturgaiz.

El resultado de ayer iguala su figura política a la de Manuel Fraga y avala la apuesta de Feijóo por la moderación. Casado debe tomar nota, tanto si quiere cambiar de rumbo como si se aferra la línea dura. En este último caso, debe saber que la sombra del presidente gallego será ahora más alargada que nunca.