Ir a contenido

LA RESACA ELECTORAL

PP y Cs pelearán por el trono andaluz en la 'era Vox'

Rivera sorprende a Casado reclamando la presidencia y ayuda del PSOE

La ultraderecha avisa de que pedirá respeto a su programa a cambio de apoyo

Gemma Robles

Santiago Abascal de Vox espera que PP y Cs muevan ficha.

Santiago Abascal de Vox espera que PP y Cs muevan ficha. / JORGE GUERRERO / AFP

Desde el pasado domingo la ultraderecha forma parte de la vida política española de forma oficial. Cuenta con una docena de asientos reservados en el Parlamento andaluz para una explosiva legislatura autonómica que arrancará, con la constitución de la nueva Cámara, el 27 de diciembre. La radiografía en la primera jornada de la ‘era Vox’ deja ya alguna certeza: Ni PP ni Ciudadanos van a renunciar por las buenas a una presidencia de la Junta que creen haberse ganado por derecho. Y que puntuará en el medallero a nivel nacional. Se avecina lío, pulso entre azules y naranjas y entretenidas semanas de conversación con final incierto. Por no descartarse no se descarta ni la repetición de elecciones, el único clavo al que podría aferrarse una achicharrada Susana Díaz. Eso si la dirigente socialista aguanta la presión interna, dado que en Ferraz le señalan la puerta de salida. El nombre de la ministra María Jesús Montero se coloca como favorito en las quinielas. El Gobierno de Pedro Sánchez, débil y sin presupuestos a la vista, no está para largos experimentos en el sur con Catalunya en continúa erupción.

 La primera batalla será por marcar los tiempos, ya que hay intereses contrapuestos. Pablo Casado tiene prisa y ningún empacho para intentar cerrar, cuanto antes, un acuerdo diestro que incluya a los ‘voxistas’. Al fin y al cabo ahí tiene amigos y excompañeros y él necesita afianzarse. Resta importancia al polémico programa electoral de los de Santiago Abascal en pro de la aritmética, pero desconoce qué precio real le pondrán a avalar al candidato Juanma Moreno. Para Albert Rivera y los suyos el asunto es más indigesto e incompatible con seguir regando el centro político. Prefiere ritmo lento y explorar caminos. Véanse las declaraciones de su admirado Manuel Valls, aspirante en Barcelona, que alerta de riesgo para la democracia y aboga por unir a liberales y socialdemócratas. De momento, Cs anuncia investidura propia y demandan apoyo del PP y abstención de socialistas para, de esa forma, aislar a los recién llegados. A Podemos, de momento, no lo menciona.

Los populares, con 26 escaños  -siete menos que en el 2015-, observan perplejos las intenciones de Rivera, pero miden las palabras. Las ofensas de antaño podrían dificultar próximos acercamientos. Esto va para largo. El PP invoca segunda posición para impulsar el cambio y los naranjas, que han logrado 12 diputados más hasta alcanzar los 21, se erigen como los elegidos por el pueblo para, desde el tercer escalón del pódium, desterrar de la presidencia de Andalucía a los corruptos. Un saco en el que meten a los protagonistas del caso de los Eres y a los del escándalo Gürtel. Que conste en acta (y en hemerotecas), por aquello de los pactos que estén por venir.

Aguantar en La Moncloa

Ante el espectáculo negociador y los codazos que se intuyen en el centro-derecha por hacerse con el trono del Palacio de San Telmo, la socialista Díaz exhibe públicamente estupefacción y mala cara. La ganadora en votos y perdedora en la mente de todos, se resiste a dimitir, pese a que la dirección del PSOE le ha marcado el camino. Se ha medido su actual tirón electoral y ahora se podrá calcular su capacidad para aguantar la presión interna. Ella, de momento, anuncia que convocará al resto de fuerzas políticas en busca de un cordón sanitario que impida que los de Abascal pinten algo en la Junta, ganándole horas de vida (política) al reloj.

En Madrid, los socialistas suben el tono lo justo pero se revuelven en sus sillas. No es para menos la cosa. Toca este martes Ejecutiva en Ferraz para analizar los nefastos resultados andaluces. Tras casi cuatro décadas de poderío, están a punto de perder el gobierno autonómico, pero también la confianza en una de sus principales sucursales electorales. Los socialistas necesitan algo de margen para reinventarse a fin de resistir en La Moncloa lo máximo posible.

Mensajes sobre el independentismo

Hay voces internas que reclaman se tome nota de que coquetear con el independentismo pesa electoralmente, especialmente cuando desde Catalunya siguen sin llegar noticias de apaciguamiento social o político. Lo solicitan con más ímpetu los que tienen examen el próximo mayo. En europeas, autonómicas y municipales.

Los secesionistas tampoco son ajenos a los avisos de Andalucía. Algo les toca. Tras una de las campañas más catalanizadas fuera de las fronteras de Catalunya, la ultraderecha irrumpe y el electorado se derechiza, castigando al PSOE y a Podemos, esto es, los que apuestan (sin resultados) por el diálogo. El presidente del Parlament, Roger Torrent, exige dique común frente a Vox, y enciende las luces de alerta. Carles Puigdemont, desde Waterloo, cree que la irrupción llega porque los socialistas no han puesto suficiente carne en el asador. Obviando que se acaban de quemar en las urnas.