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DISENSO EN EL PARLAMENT

La enésima crisis entre JxCat y ERC deja al Govern en coma

Las discrepancias sobre la sustitución de los diputados suspendidos bloquean de nuevo el Parlament

Los socios del Ejecutivo catalán llegan a un frágil acuerdo que puede exponerles a acciones judiciales

Fidel Masreal / Xabi Barrena

Sabrià pasa junto a Torra y Aragonès, en el Parlament.

Sabrià pasa junto a Torra y Aragonès, en el Parlament. / Joan Cortadellas

La legislatura catalana anda tocada de muerte. La lucha entre la posconvergencia y ERC, iniciada con el debate sobre el pleno nonato de investidura de Carles Puigdemont, el 30 de enero, aderezada con la desautorización constante que PDECat y ERC hacen del 'president' Quim Torra, acercan el escenario electoral hasta el primer recodo del camino. Llegará este en breve, en cuanto se puedan convocar elecciones, a partir del 27 de octubre, o tardará un poquito más, quizá hasta la sentencia del juicio al 'procés', pero se antoja imposible que vaya mucho más allá habida cuenta de las luchas intestinas que acompañana este Ejecutivo.

Y es que Junts per Catalunya y ERC dieron este jueves uno de esos espectáculos difíciles de narrar y por el que casi rompen el Govern. Una polémica que solo encaja como un puzle si uno pone el foco electoral sobre las piezas. Es la lucha por el relato, como se dice ahora. La posconvergencia apuesta por llegar a los próximos comicios arropada con la túnica de la pureza independentista, la defensa del Govern destituido y del estatus de sus 'exconsellers' y 'expresident'. ERC, con la ejecutiva diezmada a manos de la justicia, se arroga el papel de partido de orden, posibilista (siempre dentro del independentismo) y deseoso de ampliar la base.

Acusaciones cruzadas

Y las acusaciones. Los republicanos aventan que los posconvergentes quieren exponer a Roger Torrent, posible candidato de ERC en unas elecciones, al fuego de las querellas de la justicia. Los herederos de CDC atribuyen a los republicanos un odio cerril a Puigdemont, al que quieren borrar del mapa.

Así las cosas, cualquier reto que se presenta en el camino soberanista es un buen motivo para la batalla por ese relato. Y detrás, en segundo plano, queda la gestión de un Govern con problemas no menores en la agenda social y que no ofrece ninguna actividad legislativa ni plan estratégico dignos de mención.

Esta vez, la excusa para la batalla fue la definición de cómo sustituir o no a los seis diputados procesados por el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, que en julio reclamó que delegaran su representación en el Parlament a otros diputados. Aquello generó una bronca monumental entonces entre JxCat y ERC, en la que se acusaron públicamente de mentirosos. Dos meses y medio después llegó el acuerdo, certificado por el pleno del Parlament. Se trataba de designar a diputados sustitutos y listo.

Todo parecía correcto hasta que JxCat dijo que no, que no consideraba necesario designar a nadie, pese a que Oriol Junqueras y Raül Romeva sí lo habían hecho por carta el miércoles. El enojo de ERC fue monumental y acusó a los posconvergentes de romper el acuerdo. Y así hasta el precipicio. Una vez más, las espadas en alto hasta una hora antes de iniciarse el pleno con las votaciones de las propuestas de resolución fruto del debate de política general. JxCat se negaba a acatar lo que le exigía el presidente del Parlament: que presentaran sus cuatro diputados un escrito como el de Junqueras y Romeva. La respuesta, un 'no' tajante.

Y de nuevo, todas las alarmas encendidas y dos reuniones al más alto nivel en el Parlament con el 'president' Torra, el vicepresidente Pere Aragonès, la 'consellera' de Presidència, Elsa Artadi y el propio Torrent, así como los parlamentarios negociadores de uno y otro bando. Hubo un montón de reproches mutuos y acusaciones de querer dar al traste con la legislatura. Previamente, en la reunión del grupo de ERC se escuchaban mensajes apocalípticos como que este podría ser el último día de la legislatura.

Esquerra describía a JxCat como un grupo con batallas internas entre ellos. Y estos últimos acusaban a los republicanos de seguir sin digerir que en las elecciones de diciembre Puigdemont se impusiera a Junqueras. Así de fangosa es la batalla que se vio a las claras durante todo el día en el Parlament, aunque a media tarde unos y otros comparecieran juntos para exhibir un pacto con el que intentar maquillar una evidencia: la ruptura total de objetivos estratégicos e incluso de sintonía personal.

Tras horas de reuniones, en efecto, llegó un pacto... que cada cual interpretó a su manera. ERC defendía que JxCat había cedido presentando cuatro escritos a la Mesa del Parlament, refiriéndose a un texto que el posconvergente Albert Batet había presentado por la mañana. En cambio, JxCat sostenía que dichos textos demostraban que no se cedía el voto de los cuatro diputados.

Palabra de letrados

Por si fuera poco el conflicto, los letrados del Parlament advertían a media tarde que no, que el pacto exhibido no daba suficientes garantías jurídicas porque JxCat se remitía a una situación previa a la interlocutoria de Llarena: en cada votación, los cuatro votos de los diputados ausentes se sumaban, sin más, a JxCat. Algo que podría ser de dudosa legalidad y poner en riesgo de impugnación judicial las votaciones que haga el Parlament.

Pero pese a la advertencia de los letrados, la mayoría independentista de la Mesa votó a favor del pacto JxCat-ERC. Y entonces llegaron las peticiones de la oposición para que se reconsiderase la decisión. Una oposición que ya amenaza con llevar el conflicto de nuevo al Tribunal Constitucional, e incluso con alguna querella.

Así, el Parlament, en lugar de debatir las resoluciones sobre saluddependenciainfraestructuras o vías de diálogo con el Estado, la Cámara quedaba de nuevo bloqueada por la incapacidad de los grupos que apoyan al Govern de ponerse de acuerdo en un simple documento de seis diputados a los que, de facto, la Cámara ha dejado de pagar el suelo. Es decir, ya no ejercen como diputados.