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PERFIL

Meritxell Batet, la receta catalana

La abogada llega al Gobierno con el propósito de ofrecer una solución para Catalunya

Júlia Regué

La diputada del PSC Meritxell Batet, en la sesión de control al Gobierno.

La diputada del PSC Meritxell Batet, en la sesión de control al Gobierno. / JOSÉ LUIS ROCA

Meritxell Batet (Barcelona, 1973) ya se la colocaba en las quinielas para formar gobierno cuando los socialistas intentaron evitar la reelección de Mariano Rajoy. La diputada ha tenido que esperar, incansable y firme a los suyos, para arrebatarle las riendas del Ejeuctivo y lograr el control del timón para fijar un nuevo rumbo. Su fidelidad al nuevo presidente la ha nombrado nuevo ministra de Administración Territorial, y su misión será destensar el conflicto catalán y ofrecer recetas para apaciguar a los independentistas.

Batet llega al cargo convencida de "poner la política en marcha" para tender puentes con la Generalitat y dispuesta a diseñar una estrategia de negociación basada en su "catalanismo ponderado y racionalidad española". 

De familia humilde, llegó a la universidad para cursar Derecho gracias a distintas becas. Combinaba sus estudios sirviendo en bares de copas para sustentar a su familia. Y es que su precariedad le llevó a vivir un desahucio junto a su madre. Se licenció en el 1995 y siguió en la academia, primero como profesora de Derecho Administrativo y después como asociada de Derecho Constitucional en la Universitat Pompeu Fabra.

Dejó las aulas para abalanzarse al terreno político. En el 1996 el director de su tesis, Josep Mir, le comentó que el entonces primer secretario del PSCNarcís Serra, buscaba un independiente para formar parte de la primera secretaría del partido. Aceptó el cargo empujada por su admiración a Felipe González.

Escalada socialista

Tras pasar por la Fundació Carles Pi i Sunyer, en el 2004 José Montilla la animó a que saltara al Congreso como diputada en el año de la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero. Recogió su carné en el 2008, y ahí empezó su escalada en las listas socialistas.

Radicada en Madrid, ha sido diputada en el Congreso en las últimas cinco legislaturas, lugar en el que conoció a su ahora ex marido, el popular José María Lassalle. Su primer cargo orgánico lo aceptó en el 2014 como secretaria de estudios y programas. Su tenacidad y sentido de la responsabilidad la valoraron ávidamente junto a su lúcida capacidad de análisis. Perfiló el programa electoral del partido en el 2015 y coordinó el grupo de expertos que estudió una propuesta para reformar la Constitución.

Batet aceptó su primer gran reto como relevo de Carme Chacón al frente de la lista para el Congreso el 26-J, aunque su deseo inicial era repetir como número dos de Madrid. Lo hizo por disciplina, aupada por altos mandos del partido y no por ambición de liderazgo, al verse una figura de consenso para apaciguar una batalla que pretendía emprender el entonces senador Carles Martí. Pero no pudo remontar la debacle electoral.

Arrinconar a la derecha

Su fidelidad a Sánchez se evidenció cuando le apoyó ante la dimisión de 17 de los 35 integrantes de la ejecutiva federal del PSOE para provocar la disolución del organismo de dirección. Batet fue una de las díscolas del PSC que rompió la disciplina de voto para pronunciarse decididamente por un 'no' a la investidura de Rajoy. Su decisión a arrinconar a la derecha española le impedía facilitar el cargo a quien casi dos años después ha logrado tumbar. Partidaria de tejer alianzas con Unidos Podemos, negoció una salida para evitar la reelección del popular. Fracasó.

Desde la oposición se ha encargado de proyectar perfil propio y de alejarse de Ciudadanos y el PP. Protagonizó un tenso debate con los naranjas cuando pretendían sacar adelante una proposición no de ley que cimentaba un frente común contra el 1-O. Pero Batet lo impidió argumentado que no aportaba "ninguna solución" y destacando que no habían referencias al "diálogo para buscar consensos". También protagonizó un agrio rifirrafe con la presidenta de la Cámara baja, Ana Pastor, cuando entonó parte de su discurso en catalán dirigiéndose a Carles Puigdemont.

Más proclive al diálogo y a la serenidad que a la confrontación, aconsejó a la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría a dejar de "parapetarse" tras la ley e iniciar ya unas "negociaciones honestas" para construir un "un proyecto ilusionante" para los catalanes. Y este consejo se aplicará ahora a sí misma.