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PERFIL DE LA DIRIGENTE POPULAR

Cristina Cifuentes, víctima de su propia medicina

Verso suelto en el PP, la presidenta madrileña ha pisado callos al tratar de "levantar las alfombras" en su partido

Defensora de las primarias, la dirigente conservadora aspiraba a utilizar este sistema para suceder a Rajoy

Patricia Martín

Cristina Cifuentes, víctima de su propia medicina

EFE/ZIPI

"Corrupción cero. Levantar alfombras. Regenerar la vida política caiga quien caiga". Ese ha sido el lema que catapultó a Cristina Cifuentes (Madrid, 1964) hasta la presidencia de la Comunidad de Madrid y que le ha hecho caer después del escándalo de su máster fantasma y tras el bochornoso vídeo en el que se la robando en un híper, hurto que se produjo en el 2011, cuando ya era diputada. El código ético que impusó al llegar al poder recoge como motivo de dimisión el falseamiento del currículum y delitos como el robo.  

Licenciada en Derecho y técnico superior de la Universidad Complutense, se afilió a Alianza Popular con 16 años y a los 27 comenzó a ejercer cargos en el PP de Madrid y la Asamblea. Cuando era vicepresidenta, en el 2011, se produjo el inicidente del robo en un hipermercado que ha estado oculto siete años, los mismos en los que ella ha negado conocer las variadas corruptelas que se investigan a nivel regional o nacional en el PP, con el argumento de que nunca estuvo vinculada a las campañas o la tesorería.

En junio del 2012, fue elegida delegada del Gobierno y desde este puesto, poco a poco, fue forjando su ascenso a base de mantener mano dura con los manifestantes -que en aquellos años expresaban su malestar a través de las Marchas de la Dignidad, herederas del 15-M- y mediante la utilización de los medios de comunicación y las redes sociales, donde hasta ahora se ha movido como pez en el agua, usándolos como trampolín.

El accidente de moto

Además de sus méritos propios, también le ayudó a subir escalones que quienes habían obstentado hasta entonces las riendas de la Comunidad y del PP de Madrid, Esperanza Aguirre y sus hombres fuertes, Francisco Granados e Ignacio González, empezaban a caer en desgracia.

Sólo la apartó momentáneamente de la política un accidente de moto que sufrió en el 2013 y por el que estuvo a punto de morir dos veces. Pero volvió con más fuerza y al “500 por cien”. Como muestra, un cuadro adquirido en Singapur que representa a un guerrero que siempre va el primero, sin mirar atrás, ha decorado todos sus despachos oficiales.

Agnóstica, republicana, con cinco tatuajes, una casa de alquiler y cuentas corrientes bastante más parecidas a las de la media de los ciudadanos que la de otros de sus compañeros de filas, Cifuentes es un verso suelto en el PP y nunca ha tenido problemas en presumir precisamente de tener un discurso propio (especialmente en cuestiones sociales) y mucho más severo que el de la dirección nacional de su organización frente a la corrupción.

Conociendo esta trayectoria, fue designada por Rajoy, con Dolores de Cospedal como su principal valedora, como candidata a la Comunidad en el 2015, ante las dudas que surgían en torno a González, en aquel entonces solo por su polémico ático. Una investigación judicial dejaría en evidencia que esa casa era solo la punta de un iceberg.

Las primarias

Cifuentes tuvo que hacer tándem en aquella cita con su máxima ‘rival interna’, Aguirre, aspirante a la alcaldía, y logró retener el gobierno regional con apoyo de Ciudadanos en unas elecciones en las que la segunda, que ganó pero no gobernó, y muchos otros dirigentes regionales cayeron por el precipicio. De ahí que, inmediatamente, ganara enteros como posible sucesora del presidente conservador, cargo que se dice aspiraba a conquistar a través de primarias, sistema que apoyó en el último congreso popular.

Además, nada más llegar a la Comunidad abrió una investigación interna y denunció irregularidades del Canal de Isabel II ante el juez del ‘caso Lezo’. Por el camino se encontró con que fue señalada en un par de informes de la Guardia Civil por una posible adjudicación irregular en sus tiempos de vicepresidenta de la Asamblea. Ya entonces denunció posible ‘fuego amigo’, aunque el juez, al menos de momento, no la ha citado a declarar.

Sus problemas volvieron a aparecer el pasado mes de febrero, cuando Francisco Granados la incriminó en un tribunal en la posible financiación irregular del PP, alegando que sabía de ella dada su presunta relación sentimental con Ignacio González. Pero ella reaccionó con una querella hacia el exsecretario regional y siguió con paso firme, hasta que el caso del máster se cruzó en su camino.

Ha aguantado aferrada a su silla 36 días, en los que ha seguido presumiendo de levantar alfombras, al llevar, para dejar en segundo plano el escándalo de su currículo, la Ciudad de la Justicia de Aguirre a los tribunales. Pero el vídeo del hurto le ha hecho convertirse en el nuevo cadáver político del PP.

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