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DESDE MADRID

Primavera independentista en el invierno político español

La manifestación por los presos, la entrevista en TV-3, el autogol de Montoro y la crisis de los partidos favorecen al secesionismo

Se abre la esperanza en el Supremo de que la justicia alemana rectifique y entregue a Puigdemont por algo más grave que la malversación y más benigno que la rebelión

José Antonio Zarzalejos

Una imagen de la manifestación del pasado domingo, 15 de abril, en Barcelona por la excarcelación de los presos independentistas.

Una imagen de la manifestación del pasado domingo, 15 de abril, en Barcelona por la excarcelación de los presos independentistas. / JOAN CORTADELLAS

Madrid es, hoy por hoy y políticamente hablando, un patio de corrala en el que las riñas de las vecindonas ensordecen cualquier análisis de lo que ocurre en el país. Las crisis gritonas se superponen. Será cierto que Catalunya está "empantanada" y que el crecimiento económico futuro de la comunidad es problemático. Pero también lo es que el independentismo ha inaugurado su "primavera" con unos cuantos éxitos de imagen y políticos que demostrarían que el secesionismo sigue jugando su partido y moviendo estratégicamente sus bazas, mientras la política española se sume en el invierno del desconcierto. El ruido en la capital es de tales decibelios en todos los partidos e instituciones -con la salvedad de Ciudadanos- que los círculos del poder central viven ajenos a la gravedad de los acontecimientos en Catalunya.

La que ha transcurrido ha sido una semana exitosa en la prórroga del 'procesismo' que ahora se está dilucidando. Carles Puigdemont -nos lo advierte Jordi Canal en su libro 'Con permiso de Kafka' (Editorial Península)- "era un político gris, mediocre como diputado y como alcalde". Los que le encumbraron, según el historiador de Olot,  "pensaron que era la opción ideal en aquel momento: manipulable e influenciable (…)."  Sin embargo, "no contaron con que Puigdemont podía superarlos a todos en radicalidad, terquedad, temeridad y vocación martirial". Efectivamente: el expresidente de la Generalitat se está descubriendo como lo define Canal y en estos últimos días, a propósito de su éxito provisional ante el tribunal territorial de Schleswig-Holstein, se ha venido arriba y disfruta de los iniciales éxitos de la estación más amable del año.

La manifestación del pasado domingo -300.000 personas- para protestar por los llamados impropiamente "presos políticos" fue, además de un éxito de participación, otro cualitativo: a la concentración se incorporaron las federaciones sindicales de UGT CCOO, proyectando así una sensación de transversalidad inédita en la presión a la justicia española. Las centrales sindicales quedan atrapadas en el relato del 'procés' y vinculadas a la causa emocional de la lucha por los políticos presos. Ese mismo día, Puigdemont fue entrevistado en TV-3 desde su refugio en Berlín, obteniendo una cuota de pantalla del 30%. El fracaso simbólico del 155 se refleja en esa intervención televisiva en un medio costeado por todos los catalanes protagonizada por un prófugo de la justicia.

Itinerario pautado

Más logros de Puigdemont: sigue manejando los tiempos y apurando los plazos, moviéndose en el margen de las semanas que quedan para que expire -el 22 de mayo- la actual legislatura catalana. Para Catalunya y para el conjunto de España los dos escenarios posibles -o gobierno efectivo en la Generalitat o nuevas elecciones- acarrean diferentes consecuencias y todas ellas importantes. Los plazos -y Puigdemont lo sabe- inciden sobre la posible aprobación de los Presupuestos e, incluso, sobre el proceso penal que se tramita en el Supremo, porque ambos asuntos recorren un itinerario pautado que los asesores de Puigdemont valoran al detalle. Ya he escrito que la política catalana es el nudo gordiano de la española.

 Pues bien, el que fuera presidente de la Generalitat dispone de capacidad de desestabilización del cuadro político general, muy fragilizado por las crisis concurrentes en el PP (reventado por Cristina Cifuentes), en el Gobierno (dividido por Montoro), en el PSOE (el fallido fichaje de Carmena, que delata su falta de banquillo) y en Podemos (guerra civil entre Errejón, Bescansa y Pablo Iglesias). La manija política está -qué sarcasmo- bajo el control del PNV.

Añadamos a esta superioridad posicional y psicología del independentismo dos nuevas circunstancias. La primera ha sido el autogol del Ministro de Hacienda al sostener pugnazmente, frente a la acreditación policial en la instrucción de Pablo Llanera, que no se gastó "ni un euro público" en referéndum ilegal del 1-O del 2017. La segunda, remite a la nueva actitud de los presos preventivos que en sus declaraciones indagatorias ante el magistrado instructor se le han encarado, enardeciendo así a las bases independentistas.

Órdago a la grande

El separatismo no ha interiorizado todavía el fracaso de sus propósitos. Cree que dispone de bazas para continuar la aventura iniciada en el 2012 y culminada en el 2017; sigue sin asumir que la maquinaria judicial es imparable; persiste en suponer -en parte con razón- que continúa tiendo oportunidades en el ámbito internacional y recursos de defensa en los procesos penales y, sobre todo, tiene tomada la medida al Gobierno y parasita la crisis política española con mucha eficiencia. No le importa en este momento ni la economía ni la cohesión social de Catalunya; no pretende otra negociación que no sea imponer su proyecto y, por lo tanto, su órdago es a la grande.

Mientras, en Madrid -en un clima de pesimismo- el Estado sigue reposando sobre las espaldas togadas que albergan la esperanza renovada en los últimos días de que la justicia alemana, con una parcial rectificación sobre la primera de sus resoluciones, remita a Puigdemont a Madrid por algo más grave que la malversación y ligeramente más leve que la rebelión. Si así no sucediese y Puigdemont provoca unas nuevas elecciones, el país en su conjunto se acercaría peligrosamente al caos político e institucional. Entre tanto, ETA pide un selectivo e inmoral perdón a sus víctimas y pretende convertir su anuncio de "desmovilización" el día 5 de mayo en una gran baza preelectoral para la izquierda aberzale.

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