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debate soberanista

La marmota Phil ha muerto

El eco de la cadena de querellas anunciada por el fiscal general presagia un cambio narrativo en ese extraño concepto llamado 'procés'

Carles Cols / Barcelona

Joan Coscubiela expresa sus quejas al president Carles Puigdemont en el hemiciclo del Parlament. el pasado 6 de septiembre.

Joan Coscubiela expresa sus quejas al president Carles Puigdemont en el hemiciclo del Parlament. el pasado 6 de septiembre. / ACN / Pere Francesch

El código irlandés que regla los duelos a pistola, y que data de 1777, establece que no se puede abortar un desagravio por parte del oponente una vez que ambas partes han tomados posiciones. Los padrinos han elegido el terreno, la hora, la distancia y hasta el número de disparos, pero ya no hay margen para la marcha atrás. Ese instante de tensión es el que se vivió en Parlament cuando a la una de la tarde el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, anunció la presentación de querellas contra todos los miembros del Govern de la Generalitat y contra los integrantes de la Mesa del Parlament que el miércoles facilitaron la tramitación de la ley del referéndum. Fue un momento de aquellos en los que a las radios no hay quien les tosa. Había quien compartía auriculares. Fue como el penalti de Djukic o el tiempo de descuento en Tenerife, pero más. La medio adormecida mañana que se vivía en el Parlament (en el hemiciclo, en los pasillos, en el bar…) hizo clic. Los duelistas estaban, por fin, tras años de ‘procés’, cara a cara.

La locución por radio de Maza fue el penalti de Djukic de la política. Despertó a un medio adormecido Parlament

Del ‘procés’ se ha dicho con razón que era el día de la marmota Phil, que era la rueda del hámster, o, si se prefiere, que sus guionistas echaban mano de una regla básica de la historia gráfica por entregas, el ‘cliffhanger’, literalmente dejar al protagonista colgado de un risco en la última viñeta de la página (organizar un 9-N, convocar unas elecciones plebiscitarias, anunciar una ley de ruptura y no entrar en el registro el texto…) para volver a repetir la treta en la siguiente página. Se consigue así, a golpe de ‘cliffhanger’ (Hergé era un maestro), mantener atento al lector, celebrar manifestaciones multitudinarias si es menester. Puede que el murmullo que recorrió el Parlament a la una del mediodía fuera el timbre que anunciaba un súbito cambio en la estructura narrativa de la política catalana.

La defensa del hipopótamo

Las consecuencias fueron inmediatas. Hasta aquella hora, el ‘te lo cuento pero no me cites’ sostenía que la CUP quería abordar ya, desde primera hora el segundo desafío, tramitar la llamada ley de transitoriedad. Junts pel Sí dudaba. No en la voluntad de dar salida a la ley, sino en el momento de hacerlo. La oposición, reconocían, había logrado el miércoles que el pleno fuera histéricamente caótico. La bisoñez de Carme Forcadell les facilitó la tarea. Querían, por lo  tanto, una segunda jornada tranquila, pulsaciones a 60, y si era necesario, trasladar el ‘caso transitoriedad’  al viernes. A su manera, Maza lo impidió. Recosió esa ligera discrepancia entre la CUP y Junts pel Sí. Nada más finalizar la votación de las conclusiones de la comisión de la ‘operación Catalunya’, la republicana Marta Rovira, igual que el miércoles, alzó la mano y pidió una alteración del orden del día. Fue justo antes de la hora del almuerzo. Lo contrario hubiera podido interpretarse como flojera en las piernas.

7 de septiembre. Es una fecha a tener en cuenta. Ya se verá. Incluso el resultado del duelo. Ya se verá. En ajedrez hay una estrategia tal vez poco conocida, pero muy interesante. Es la defensa del hipopótamo. El nombre le viene por la imagen de este gigante de los ríos africanos, escondido bajo el agua, cuando solo asoman las orejitas y las narices, pero que cuando se decide ataca con brutal fiereza. ¿Se ha comportado el Gobierno central, sin ánimo de ofender, como un hipopótamo? Es un punto de vista. El maestro Maximilian Ujtelky, como un Mariano Rajoy de los escaques, sublimó esta estrategia. Desesperaba a sus rivales. Los agotaba. Y entonces los atacaba. Ganaba con ello partidas imposibles. También, sin embargo, perdía con gran estrépito muchas partidas. El lunes, por ejemplo, Onze de Setembre, se podrá ver cuántos peones, alfiles y torres tiene en liza el bloque independentista.

Ciutadans, PSC y PP, en pie, aplaudiendo a Coscubiela. Ver para creer

A cuatro días de esa fecha, el pleno del Parlament se reinició por la tarde en una sesión tan agria que ríete tú de aquella del “'vostès tenen un problema i es diu 3%'”. El primer intento de retomar el debate duró, cronómetro en mano, 55 segundos. La oposición batió así la plusmarca mundial de suspensión de pleno, porque obligaron a Forcadell a reunir la Mesa del Parlament. El segundo intento también fue de récord: un minuto y nueve segundos. Fue una jornada extrañísima. Como el juego de las escaleras y las serpientes, un subir y bajar la fichas sin que avanzara la partida. Si el plan era fotocopiar el aspecto emborronado de la jornada anterior, la oposición logró su propósito. Y además al alimón. La imagen más representativa de ello fue el inimaginable momento en que todos los diputados de Ciutadans, PSC y PP se pusieron en pie para aplaudir al portavoz de Catalunya Sí que es Pot, Joan Coscubiela, con cánticos de “¡democracia, democracia, democracia!”, tras pronunciar un enardecido discurso. 

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