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las estrategias diplomáticas

Cuba y el factor gallego

Rajoy, con su conocida ambigüedad, pudiera hasta tocar en La Habana el tema de los disidentes y los derechos humanos sin levantar demasiados sarpullidos

Cristina Manzano

LEONARD BEARD

LEONARD BEARD
Fidel Castro y Manuel Fraga, brindando el 28 de julio de 1992 en Galicia.

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El monumental Centro Gallego de La Habana representa, con todo su decadente esplendor, el poder que en su día tuvo la colonia gallega en la isla. Un poder que, simbólicamente, ha perdurado a lo largo de la historia, por encima de los avatares políticos e ideológicos. Así, por ejemplo, Franco (gallego de nacimiento) mantuvo siempre relaciones diplomáticas con la Cuba de Castro (nieto de gallego); así, Manuel Fraga, como presidente de la Xunta, protagonizó vistosos encuentros con el dictador cubano. Parece que ahora, después de varias décadas de distanciamiento, ha llegado la hora de Rajoy. ¿Sabrá o querrá aprovecharla?

La ocasión se la han puesto en bandeja. En su reciente visita oficial a Madrid, el ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, invitó tanto al Rey como al presidente del Gobierno a visitar la isla. La invitación ha sido bien recibida por parte española y aunque la fecha está sin fijar, el límite temporal sería febrero del 2018, cuando está previsto que Raúl Castro abandone el poder.

Sea cuando sea, la idea que flota en el ambiente es la de aprovechar la oportunidad.

NUEVOS ALIADOS

Para La Habana, forma parte de su necesidad de buscar nuevos aliados. En pleno proceso de reformas -hacia no se sabe dónde- algunos de los pilares sobre los que pensaba construir su futuro se tambalean. El más importante, claro, el venezolano, hace aguas por todas partes y el inestable régimen de Maduro no puede mantener la ayuda -traducida en millones de barriles de petróleo- que ha sostenido al régimen cubano la última década. Además, las perspectivas de una nueva y positiva relación con el vecino del Norte se han difuminado con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Para Madrid, se enmarca en la nueva actitud del Gobierno de querer recuperar un papel en el mundo. Cuba es parte indeleble de nuestra historia y sería natural tener una relación especial con la isla. Es, además, el momento de reforzar y consolidar los intereses que allí tenemos -España es el primer inversor y el tercer socio comercial-, con más de 200 empresas ya presentes. El objetivo: tomar posiciones cara a los potenciales beneficios de una supuesta apertura en un futuro no muy lejano.

RETOMAR EL LIDERAZGO

Pero además es la oportunidad de retomar el liderazgo dentro de la Unión Europea en la relación con Cuba. Liquidada ya la Posición Común que lideró José María Aznar -que condicionaba las relaciones europeas con la isla-, el nuevo acuerdo UE-Cuba está 'solo' a falta de la ratificación de los respectivos parlamentos nacionales. España debería dar ejemplo y ser la primera en hacerlo.

En este contexto, la visita del Rey -la primera de un monarca español; Juan Carlos solo viajo a La Habana en el marco de la Cumbre Iberoamericana- tendría un potente valor simbólico. Y la de Rajoy contribuiría a normalizar, políticamente, las relaciones entre dos pueblos hermanos. Además, es posible que con su conocida ambigüedad gallega pudiera hasta tocar el tema de los disidentes y los derechos humanos sin levantar demasiados sarpullidos. No es que la diplomacia sea su fuerte, pero ¿quién sabe?

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