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MIRADOR

Terapia en la izquierda, gana Rajoy

José Luis Sastre

Mariano Rajoy saluda al portavoz socialista, Antonio Hernando, en el Congreso.

Mariano Rajoy saluda al portavoz socialista, Antonio Hernando, en el Congreso. / DAVID CASTRO

Desde que las cosas dejaron de irle bien, todas las semanas son buenas para Mariano Rajoy. Es verdad que gobierna en minoría, pero surfea en el Congreso y hasta exhibe acuerdos con otros. Bruselas, atemorizada con Trump y lo que pueda ocurrir en Francia y Alemania, ve en la Moncloa cierta estabilidad y en el PP ya ni se alteran si Bárcenas describe su “contabilidad extracontable”. Al PP le basta con sentarse a esperar mientras la izquierda se pelea entre sí y dentro de sí, porque lo que decidirá el año son los congresos en Podemos y en el PSOE y será difícil que destierren allí sus luchas internas. La experiencia reciente avisa de que los partidos en España no saben hacer congresos: alcanzan la paz del momento y siembran la próxima guerra.

Será por eso que Pablo Iglesias habla del segundo Vistalegre como una “prueba de madurez” e intenta entenderse con Íñigo Errejón. Ocurre que en el partido más nuevo, que es Podemos, aparecen rencillas como si llevaran decenios y la ideología se mezcla con rivalidades personales. Confundieron la discusión abierta con una refriega de tuits. Sería estupendo para un politólogo contar que todo en Podemos es estratégico, pero hay una parte de lo que pasa que podría explicarla un terapeuta o hasta un novelista: hay lucha personal y de poder, como en el PSOE. “Mi amigo, mi compañero, mi secretario general”, decía Errejón en El Periódico para referirse a Iglesias, que no deja de mentar la “fraternidad”. Lo fraterno también explica el momento político.

La novedad de este año está en la desaceleración política: España está pasando de la gran convulsión electoral a la asimilación, del trasvase de millones de votantes a cierta estabilidad multipartidista. Política lenta. Iglesias lo diagnostica así: “El PSOE no es el PASOK. Tiene un suelo de 4,2 millones de votos y nosotros debemos aspirar a los seis millones”. El PSOE, que ve muy lejanos ya los once millones de apoyos de hace una década, aspira sin embargo a mantenerse por encima de Podemos y se agarra a que muchos de sus votantes no se fueron con Iglesias, sino a la abstención. Esa es la clave ahora, la lucha de los partidos de la izquierda tras una etapa frenética de improvisación constante.

La asamblea de Podemos y el congreso del PSOE resolverán qué partidos deciden ser pero también y sobre todo qué relación tendrán. La política española pende de esa pregunta. Aun ganando Iglesias, deberá considerar la tesis de Errejón sobre los socialistas: "Tenemos que dejar de pensar la victoria solo en términos militares de acabar con los otros”. En el PSOE, nadie imagina un congreso para ir al centro sino para, al menos sobre el papel, afirmarse en la socialdemocracia. Viene la cocción lenta con personalismos fuertes. Por el momento, Rajoy mira tranquilo: lo suyo es la paciencia. Igual que en Bruselas, con dominio conservador mientras los socialistas andan buscando su sitio en Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Curioso que la excepción esté en Portugal, con una alianza de izquierdas.

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