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Diana Riba

No es la señora Varoufakis

NÚRIA NAVARRO

Raül Romeva, el político que ha dado un paso al frente para encabezar la lista del procès de cara al 27-S, ha sido ungido como el «Varoufakis catalán». Pero que nadie espere ver una foto suya desayunando en la terraza de su casa de Sant Cugat con su pareja, Diana Riba, y el monasterio recortado al fondo. La catalana está en las antípodas de Dánae Stratou, la esposa del exministro de Finanzas griego, que ha posado para la prensa, ora a lomos de una BMW, ora mostrando una de sus intervenciones de arte conceptual. «Mis hijos [Elda y Noah, de 12 y 7 años] y yo queremos quedar completamente al margen », pide Riba con amabilidad al otro lado del teléfono.

Ella tiene su propio universo de sentido. Codirige desde el 2008 la librería infantil y juvenil Pati de Llibres de Sant Cugat junto a la expareja de Joan Herrera, excamarada de Romeva en IC-V y padrino de uno de los niños. Ambas, como cuentan en su web corporativa, iniciaron la aventura cuando estaban embarazadas (Riba del segundo), y juntas han visto crecer a la par a las criaturas y al negocio.

Castellera de pro

Su discreción -y el celo leonino de Romeva por la república independiente de su casa- complican el trazado del prefil de esta primera dama accidental. «Es una mujer espectacular, muy segura de sí misma», afirma una amiga suya, que explica también que estudió Pedagogía, fogueó su juventud en la Plaça Reial y se mudó con su pareja a la casa de los abuelos de ella en Sant Cugat, donde no faltan ni huerto ni gallinas. Y ha sabido ganarse un sitio en la comunidad vallesana. Es dinamizadora cultural, ha colaborado en la radio local y ha entrado con convicción en el mundo casteller (todo el clan está enrolado en las filas de los Castellers de Sant Cugat). Un rastreo por sus redes sociales desvela también que está muy implicada en el colegio (público) de sus hijos, que le interesan los temas de crecimiento personal y las manualidades, que es una nadadora muy competente y le placen los veranos en Menorca.

Marcar espacio

Más reposada que el exeurodiputado, durante los 10 años que él trabajó en Bruselas, se encargó de timonear la vida familiar. Ahora bien, cuenta otra amiga, «cuando Raül volvía a casa tres días por semana, él se encargaba de los niños a tiempo completo. Diana supo marcar su espacio». Y llegó el esperado regreso definitivo. En abril del año pasado, ella publicó en su muro: «Hoy comienza una nueva etapa en casa. (…) Espero saber retirarme, no ser tan protagonista del día a día y dejarle paso en esta nueva función que comienza hoy».

Pero su «retirada» le ha durado poco. Apenas un año. Romeva ha sido de nuevo secuestrado por la Historia, y eso que su conversión al independentismo ha sido de cocción más lenta. Cuentan los más próximos que la decisión ha sido «muy consensuada». Dos meses de esprint, y a esperar el rumbo que tome el país y, por ende, él mismo.

Lo que no hay forma de saber es cómo digiere Riba eso del Varoufakis catalán y las ráfagas de piropos a su hechura de ironman de la emancipación de Catalunya. Es probable que con flema, porque quienes conocen a Romeva aseguran que «le importa muchísimo la imagen que proyecta, pero no está nada pendiente de seducir». Es fácil pensar que,ya que el flequillo de Mas no es lo que era, usa su encanto como anzuelo para arrastrar indecisos a Junts pel Sí.

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