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CATALUNYA DESDE LA BARRERA

La mirada cómplice

Ciudadanos vascos ven con simpatía el proceso soberanista catalán y apuestan por seguir algún día sus pasos

GUILLERMO NAGORE / BILBAO

Entre Todos: Catalunya vista desde ... País Vasco

A muy pocos metros de donde tiene lugar la conversación con tres ciudadanos vascos, en un céntrico y centenario café bilbaíno, durante muchos lustros se han sucedido multitudinarias manifestaciones bajo todo tipo de lemas, pero en donde había un grito siempre unánime en las marchas; "Independentzia". Eran los tiempos en los que Herri Batasuna situaba a cinco diputados en las Cortes de Madrid mientras que ERC se bandeaba con un único representante, a pesar de que Catalunya envía a la carrera de San Jerónimo el triple de diputados que Euskadi.

Pero a fecha de hoy, es Catalunya la que ha dado casi todos los pasos para una hipotética independencia mientras Euskadi aparece casi escondida, tratando de recuperarse del enorme socavón social y moral que ha supuesto la violencia terrorista de décadas.

Por ello, entramos de lleno en esa aparente contradicción, en el monotema. Para el donostiarra Fermín Aramendia, emprendedor y aventurero de 42 años, está muy claro: "La violencia ha entorpecido que aquí pudiéramos seguir el mismo proceso. En Catalunya apareció Terra Lliure, lo cortaron de raíz y ahora están donde están y nosotros estamos donde estamos".

EN ESTADO DE 'SHOCK'

Una opinión compartida en parte por el bilbaíno Aitor López, radiestesista de 39 años: "Nosotros venimos de un 'shock', de una situación traumática, y ahora estamos en ese momento de tejer sociedad, de establecer parámetros. Aunque sí creo que ya se están dando pasos, más de estrategia, de inteligencia entre la clase política que de expresión popular. Pero lo que está ocurriendo en Catalunya llegará aquí. No es el momento, pero cuando sea, aquí se montará la de San Quintín".

Arantza Jiménez, emprendedora y 'coaching' de 47 años, tampoco duda de que llegará el momento en que "los ciudadanos vascos tendrán que ser preguntados sobre cuál quieren que sea su relación con el Estado". Pero coincide con sus dos compañeros: "Aún no es ese momento, ahora es más el momento de las estrategias".

Al margen de discursos oficiales, el deseo del pueblo catalán de decidir su futuro encuentra en la ciudadanía de Euskadi un terreno abonado, un apoyo inmensamente mayoritario. López considera que el enfrentamiento que se está dando es "un choque entre legalidad y legitimidad. Pero también es un choque entre una mentalidad dinámica, abierta y mediterránea contra otra más cerrada, que es la que se da mayoritariamente en la meseta. No se puede estar todo el rato haciendo llamamientos a favor de la legalidad cuando la voluntad de los catalanes es tan clara, visible y evidente".

Aramendia, quien ha cruzado dos veces el Atlántico en velero y en solitario, va un poco más allá al afirmar que "la percepción internacional sobre este tema es obvia en favor del derecho a decidir de los catalanes". "Es curioso -añade- cómo la gente de sitios muy diversos reconoce a los pueblos y luego el Estado que aglutina a esos pueblos es quien precisamente no los reconoce".

Como no podía ser de otra manera, Jiménez saca a colación el reciente referéndum escocés como ejemplo. "Me llama mucho la atención -apunta- la manía que tiene siempre España de complicar las cosas, de hacerlo todo muy complicado con lo sencillo que es dejar que la gente se exprese libremente. Me dan mucha envidia los escoceses".

Legitimidades enfrentadas, legalidades diáfanas, ámbitos de decisión... llevan la charla a términos que rayan lo metafísico. Aramendia apuesta por un cambio de prisma en el enfrentamiento porque "están dos extremos tratando de que les den la razón, cuando lo que de verdad quieren los catalanes no es tener la razón, sino que les den una solución. Los catalanes llevan un ritmo distinto al que lleva España y lo que quieren es una solución. Quizá haya que cambiar las preguntas para obtener otras respuestas".

MUCHO PORTAZO

López entiende el arma fundamental que se guarda el Estado en la batalla, que no es otra que la legalidad; "Pero claro, esa legalidad no vale para todo y más cuando hablamos de un pueblo, como el catalán, que es de tradición pactista, siempre lo ha sido. Pero el Estado en los últimos años no ha sabido adaptarse a esto y ante tanto portazo, han decidido tirar para adelante".

"Yo entiendo -continúa- que el Estado utilice el argumento de que en una hipotética consulta deben votar todos los españoles, pero ¿un vasco o un murciano debemos votar el futuro de Catalunya? Creo que rotundamente no. La legalidad no puede estar nunca por encima de la legitimidad de los pueblos".

Jiménez lamenta que "en todo el proceso se está dando mucho más importancia a lo que separa, en vez de a lo que une, cuando todo debería haber sido mucho más sencillo. Es cierto que, al final, las dos posturas se enroscan en sus argumentos, pero la pregunta es ¿de qué tiene miedo Madrid?".

Ninguno de los tres votó la Constitución del 78, «una Constitución nacionalista por definición porque niega la capacidad de las naciones que constituyen el Estado para decidir su futuro», apunta López, pero lo tres coinciden en que ha quedado obsoleta y "fuera de la realidad", según Aramendia.

Lo que tienen claro es que, pase lo que pase, a sus amigos catalanes nos los tratarán como españoles si no logran la independencia ni como extranjeros si la logran. "Seguiremos como hasta ahora, tratándoles como catalanes", concluye Aramendia con una sonrisa.