06 abr 2020

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El comisario acusado del chivatazo a ETA niega haber recibido órdenes políticas

Los policías Enrique Pamiés y José María Ballesteros están acusados de colaborar con los terroristas

El comisario asegura que nunca telefoneó al dueño del bar Faisán

El exjefe superior de policía del País Vasco, Enrique Pamiés, ha asegurado esta mañana que no recibió ninguna "orden política" para interrumpir la operación que había abierta contra el entramado de extorsión de ETA. "Para nada, no la recibí. Y si la hubiera recibido, tampoco lo hubiera admitido", ha afirmado con rotundidad a preguntas del fiscal. Pamiés ha sido el primero en prestar declaración en la primera sesión del juicio sobre el conocido como caso Faisán, el supuesto chivatazo que en el 2006 fustró una operación policial contra ETA. Pamiés se sienta en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional junto al inspector jefe José María Ballesteros. Ambos están acusados de colaborar con ETA.

Según la acusación --integrada por el Partido Popular, Dignidad y Justicia y la Asociación de Víctimas del Terrorismo--, el 4 de mayo del 2006, Ballesteros acudió al bar Faisán y le entregó un teléfono al dueño del local y miembro de la red de extorsión de ETA, Joseba Elosúa. Al otro lado del teléfono estaría presuntamente Pamiés, quien supuestamente le alertó de que la policía sabía que iba a reunirse con el etarra Cau Aldanur en Francia y que habían montado una operación para detenerle. Elosúa no hizo caso de la alerta, pero la policía no pudo llevar a cabo las detenciones por un trámite burocrático. Cuando finalmente se llevó a cabo la operación unas semanas después, el 22 de junio, los investigadores no hallaron pruebas documentales, ni el dinero para probar los chantajes.

En su defensa, Pamiés siempre ha asegurado que el día del supuesto chivatazo tenía una cita con un infiltrado en ETA y que mandó a Ballesteros a reconocer la zona. Y ha recordado que Elosúa no reconoció a Ballesteros como la persona que le entregó el número de teléfono.

Esta mañana, el acusado ha asegurado que las llamadas que realizó desde su móvil la víspera de la operación del Faisán tenían que ver con la cita que el tenía con uno de sus confidentes habituales. "Parar un operativo con un teléfono oficial no se le habría ocurrido ni al que asó la manteca", ha dicho. Y en respuestas al fiscal ha negado haber alertado por teléfono a Elosúa de la operación contra ETA. "Yo con Elosúa no he hablado en mi vida por teléfono".

Pamiés, que actualmente es comisario provincial en Huesca, ha asegurado que todo el tráfico de llamadas que había en su teléfono la víspera de la operación policial tenían que ver con el encuentro que el iba a mantener con uno de sus confidentes de confianza en materia antiterrorista, un miembro de ETA que le pasaba información de la banda. El comisario ha asegurado que la denominada operación Urogallo, que es como se bautizó al operativo que debía desmantelar el aparato de extorsión de ETA, no tenía nada que ver con la brigada de información de San Sebastián, que entonces el mandaba. "No se nos informó (desde la Comisaría General de Información de Madrid) y nos dejaron de lado", ha asegurado.

Durante su interrogatorio, el comisario no ha tenido más remedio que dar detalles de cómo era su relación con el miembro de ETA que actuaba como confidente suyo, un tal Romano. "En el País Vasco cuando consigues un confidente, tú te lo guisas, te lo comes y te buscas la vida. A menos que sea una fuente abierta, tú vas solo. A una cita con un individuo metido en la salsa es imposible ir dos personas, es una relación personal e intransferible. El confidente dependía económicamente de mi, le conocía desde hacía muchos años, era el confidente de mayor confianza. Le portegía para encontrar documentación y sobre qué tenía que hacer si le pillaba la policía francesa. Me pedía lo que necesitaba y yo se lo daba. Obviamente sabía que tenía problemas judiciales en España. Obviamente le protegía, si le cogen para qué queremos un confidente. De eso se trata un confidente, si no hay confianza, para qué le quiero".

Pamiés ha descrito el desconcierto que sintó cuando supo que estaba acusado de colaborar con ETA. "Alucinaba en colores", ha dicho. Y ha insistido en que "nunca" habló por teléfono con el dueño del bar Faisán.

El inspector jefe Ballestero ha empezado a declarar negando haber entregado "nunca" su teléfono móvil a Elosúa para que el comisario Pamiés le alertara de la operación contra el entramado de ETA. "Yo nunca hablo dentro de los bares, ni dejo mi teléfono a nadie", ha dicho.

También ha declarado el confidente de ETA apodado El Romano, quien ha confirmado durante el juicio la versión de Pamiés de que ambos tenían una cita el día en que se produjo el chivatazo a ETA. El Romano ha declarado como testigo protegido en el juicio. El confidente ha reconocido que conoce a Pamies desde hace "muchos años", y que mantienen una relación "profesional" de más de 20 años. El hombre ha contado que el día 4 de mayo se iba a reunir con Pamiés en un lugar cercano a la estación de Bayona, y que recuerda perfectamente la fecha porque el día anterior era su cumpleaños. El encuentro no llegó a producirse porque el jefe superior no apareció "y no solía faltar".

El confidente ha contado que el encuentro iba a producirse a la hora de la comida, porque siempre aprovechaban el almuerzo para verse, y que en la reunión, el tenía la intención de pasarle datos sobre ETA. Ha explicado que se trasladó desde la zona donde residía, en los Alpes franceses e italianos, hasta la frontera con España para acudir al encuentro con el jefe superior del País Vasco. Y ha reconocido que esa zona era peligrosa para él. "Siempre había muchísimo más riesgo en el País Vasco francés que en otras zonas más tranquilas", ha señalado. Cuando vio que el alto mando policial no acudía a la cita, ha añadido el confidente, se alejó de la zona y al día siguiente, de acuerdo con el protocolo que habían acordado entre los dos, le telefoneó desde una cabina. El Romano recordó ayer ante el tribunal que Pamiés le dijo que no había acudido a la cita porque "había una operación montada y había habido un lío en la frontera", tras lo que concertaron una segunda cita que se produjo tres o cuatro días después, tiempo en que se quedó en Francia en una "zona de seguridad". El confidente también ha explicado que aunque no era económicamente dependiente de Pamiés, cuando posteriormente fue apartado temporalmente de ETA por "discrepancias" con la dirección, pidió dinero al mando policial y él se lo dio. "Velaba" por su seguridad, ha asegurado.

El fiscal Carlos Bautista le ha preguntado por unos giros de dinero que supuestamente recibía de Pamies de manera periódica, a lo que el confidente ha respondido: "El mundo de la clandestinidad es más complicado que todo eso".

Este lunes por la mañana también ha declarado en calidad de testigo María del Carmen Gogorza, una camarera del bar Faisán, que ha reconocido que alrededor de quince o veinte minutos después de comenzar su turno, a las once de la mañana, entró en el local un hombre preguntando en castellano por el dueño. A preguntas del fiscal, la camarera ha señalado que Elosua no se encontraba en el bar cuando llegó esa persona, que no ha podido identificar pero sí ha dicho que "no era muy mayor" y que cree que pidió un café mientras esperaba la llegada del dueño, aunque ella no se lo sirvió.

"Cuando llega Elosua, ¿le entrega un teléfono móvil?", ha preguntado el fiscal. La camarera ha respondido afirmativamente, aunque no ha sabido decir si el dueño del bar llegó a hablar por ese teléfono.