01 oct 2020

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Mirador

Extrema necesidad

Xavier Bru de Sala

Monumental, el lío del agua, que deja de ser de todos. Un embrollo que solo se explica por la extrema necesidad financiera y de tesorería de la Generalitat. Si se privatiza, no es por ideología. No es para ganar dimensión y competitividad. Si se venden las aguas Ter-Llobregat no es para convertir grandes empresas públicas en multinacionales privadas, como hizo en su día José María Aznar. Los canales de distribución del agua no son como los del teléfono o los carburantes. Ni siquiera como los de la electricidad o el gas, que permiten diversidad de operadores con una sola red. Ni como los trenes, que pueden pertenecer a varias compañías, públicas o privadas, con independencia del propietario de las vías. Ni como las autopistas, que disponen de concesionarias. Ni como el peaje a la sombra del Eix Transversal.

El agua es el bien primordial, la fuente de la vida y de su mantenimiento. El agua no se importa como se hace con el petróleo o la electricidad. Hay que garantizar el suministro constante y, si puede ser, la calidad con los propios recursos. El proceso del agua es de una extrema complejidad. La eficiencia de la red es muy deficitaria. Entre otras razones, porque la que se pierde por las tuberías, quizá la tercera parte, también hay que pagarla.

Como saben todos los ciudadanos, en Catalunya no nos sobra ni una gota de agua. Como sabe todo el mundo, la hemos estado pagando por debajo de su precio mientras dejábamos que se hinchara la Agència Catalana de l'Aigua. Las tarifas suben, y más que subirán, porque se trata de cobrar al usuario el precio real ya sobre el retorno de la deuda más los intereses.

Como todavía no sabe todo el mundo, y debería saber, no hay que contar con que la privatización del agua metropolitana comporte ninguna mejora, ni en el servicio ni en la tarifa. Una empresa, ya sea Acciona o bien Agbar, obtendrá provecho en detrimento de nuestros azotados bolsillos. Si se vende la gestión del agua, subraya el Govern, es por pura necesidad. Porque hay que pagar las nóminas.

Pues bien, aunque no lo digan públicamente, porque no queda bien, la explicación más racional del error en la adjudicación, o en el control, de la empresa pública Aigües Ter-Llobregat va por el mismo lado: extrema necesidad. Angustia por cobrar y por pagar nóminas. Los técnicos de la Administración, que de veras influyen mucho en la adjudicación, se habrán visto presionados por la prisa ambiental. Se debe privatizar y con urgencia, antes de que acabe el año, para evitar entrar en la espiral de quedar a deber las nóminas. Ahora, la situación de las finanzas es aún más delicada, y las necesidades de tesorería, aún más extremas.