EL FINAL DE LA LEGISLATURA

El fantasma de la mayoría absoluta de los populares

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Carles Pastor
Carles Pastor

Periodista

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Que el anuncio de adelanto electoral al 20 de noviembre coincida con una ligerísima mejoría de los datos de empleo y con una encuesta del CIS que augura un recorte (insuficiente para romper la tendencia) de la distancia que le saca el PP al PSOE, permite pensar que los estrategas de la Moncloa han llegado a la conclusión de que el 2012 será mucho peor que el 2011, y que su único objetivo realista es entorpecer queMariano Rajoygane aAlfredo Pérez Rubalcabapor mayoría absoluta, aprovechando que este otoño puede ser una rendija entre lo malo y lo peor.Josep Antoni Duran Lleidalo tiene claro: lleva semanas reclamando elecciones en noviembre, pero es que su principal objetivo, más que aumentar el número de sus diputados, es que el PP no gane por mayoría absoluta, lo que podría ocurrir si sigue deteriorándose la situación financiera y socioeconómica española.

Una mayoría absoluta del PP tendría una repercusión -positiva para unos y negativa para los demás- en el conjunto de España, pero sus consecuencias serían especialmente impactantes para la política catalana.

Una mayoría relativa permitiría a la oposición y a los partidos bisagra condicionar la política revisionista deRajoy,en particular la socioeconómica. La sospecha de que el PP tiene una agenda oculta neoliberal, o acasoneocon, no se desvanece por las palabras deRajoy de ayer mismo, cuando prometió gobernar desde el centro, con diálogo, transparencia y solvencia, y negó que tuviera la intención de acometer (nuevos) recortes sociales. ¡Ojalá fuera cierto!, pero el gato escaldado del agua fría huye.

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En Catalunya, las repercusiones de una mayoría absoluta de la derecha española se extenderían a sus principales instituciones. No es solo que los diputados de CiU en el Congreso seguirían siendo políticamente impotentes (adiós al pacto fiscal/concierto económico), es que el PP haría pagar en oro su contribución a la gobernabilidad de la Generalitat y del Ayuntamiento y Diputación de Barcelona, instituciones todas ellas en manos de CiU, en minoría, pero con apoyo del PP.

La gente deAlicia Sánchez-Camachoha demostrado ser maestra en el arte de amagar y no dar, de gesticular mucho, pero golpear poco, consciente de que su principal papel en este tiempo es conservar unas buenas relaciones con CiU por si fuera necesario resucitar el pacto del Majestic de 1996, el que permitió gobernar a unJosé María Aznaren minoría parlamentaria. Si esa perspectiva se desvanece, si los populares pueden campar a sus anchas en las Cortes, auguro días amargos y noches en vela aArtur Mas, DuranyXavier Trias,como los tuvoJordi Pujoldel 2000 al 2003. También en política autonómica el PP debe tener una agenda oculta, y es muy poco probable que sea del agrado de los catalanistas.