Las propuestas sobre la crisis

De programas y economía

Se echa en falta la promesa de alcanzar un gran pacto para abordar nuestro incierto futuro

De programas y economía

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Josep Oliver Alonso
Josep Oliver Alonso

Catedrático de Economía Aplicada (UAB) y codirector de EuropeG.

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Comenzó la carrera electoral y, si Dios no lo remedia, entramos en un mar de propuestas, de las que al votante le va a costar dilucidar el voluntarismo de la convicción o el pragmatismo de la demagogia. Un análisis somero de los programas electorales permite destacar algunas ausencias, claras inconsistencias, ciertos temores y, por descontado, aspectos positivos.

Comenzando por las ausencias, una de las más relevantes es la falta de valor para proponer un cambio de rumbo en la gobernanza universitaria, que todos los programas reconocen como elemento cardinal del futuro del país. Aunque es cierto que tanto el PSC como CiU mencionan la necesidad de modificarla, no precisan en qué debería consistir el cambio. Ahí hay una clara contradicción entre lo que se dice y lo que se predica. Comprometerse a impulsar la modificación del sistema de elección del rector y de los órganos de gobierno de las universidades sería una importante propuesta, con potenciales positivos impactos sobre el capital humano y la transferencia de tecnología.

Algunas de las inconsistencias reflejan las opciones ideológicas de cada partido. En el programa del PP, su propuesta de una fiscalidad menor (que también promete CiU) y de mantenimiento de los servicios públicos, simplemente es un engaño. CiU y ERC proponen un nuevo acuerdo fiscal con España en el 2013, en la línea del concierto económico, pero eso plantea dudas razonables. Tampoco parece posible cumplir con una reducción del paro a la mitad en el 2014, como dice ICV. El PSC, quizá por su experiencia de gobierno, evita plantear promesas que difícilmente se cumplirán.

Dos temores merecen mención. El primero, el relativo a la inmigración. Ningún partido la sitúa en la parte económica o laboral de sus programas y, aunque aparece en otros ámbitos, no se destaca su contribución al crecimiento ni la necesidad que tenemos de ella.

Hoy, tras el vendaval de la crisis, los inmigrantes ocupados son más de 600.000, sin los cuales es difícil imaginar cómo podríamos funcionar. Y hay más. Somos una sociedad que encara un futuro demográfico adverso, que va a necesitar de más inmigración, entre otros elementos, para asegurar el sostenimiento de las pensiones. Por ello, se echa a faltar una defensa más firme de la inmigración desde esta óptica.

El segundo temor se refleja en las dificultades para explicar el futuro que nos aguarda. Entiendo que a los partidos se les haga cuesta arriba decirle al ciudadano que vienen curvas. Pero, honestamente, creo que ahí las fuerzas políticas se equivocan. Y para muestra, basta el botón británico, donde tanto laboristas como conservadores fueron a su contienda electoral con programas explícitos de recorte de gasto y aumento de impuestos. Aquí se observa poca valentía para decirle a Catalunya lo que nos espera: un período dilatado de sangre, sudor y lágrimas, como dijoWinston Churchill. Estoy convencido de que la ciudadanía lo entiende y, además, agradecería que se le dijera lo que ella misma intuye.

De los aspectos más positivos, algunas reflexiones finales. La primera es una importante coincidencia de fondo en los programas de CiU, PSC, ERC, ICV y PP. Aunque con distinto énfasis sobre las responsabilidades de lo que está pasando, y sobre la distribución de los costes del ajuste, todos postulan que hemos entrado en un periodo de vacas flacas, en el que es necesario aumentar la productividad, incrementar la demanda externa y profundizar en las reformas que los dos anteriores ejecutivos diseñaron: primero,Maragall yCastellscon el pacto por la competitividad y la internacionalización del 2005 y, después,Montilla,con su actualización posterior, ampliada al pacto por la innovación. El diagnóstico, y buena parte de las propuestas, de esos acuerdos se filtra a los programas económicos de los partidos que integran el tripartito, pero también de CiU, e incluso del PP.

De hecho, la crisis y sus desafíos no han hecho más que acentuar la necesidad de reformas identificadas con anterioridad. Así, la mejora educativa, la lucha contra el fracaso escolar, el impulso de la Formación Profesional o de la I+D o la internacionalización, entre otros aspectos, se repiten en los distintos programas. Que sea ello así no deja de ser positivo, dados los problemas que afrontamos. De forma más específica, me parece destacable también la inclusión de actuaciones para favorecer la integración social de la inmigración, a excepción del PP, propuestas que beben directamente de las del Pacte Nacional per la Immigració aprobado en el 2008. Finalmente, la reforma del sector público y la demanda de un gran acuerdo para abordarla me parece una doble propuesta del PSC que merece destacarse.

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La situación económica no está para bromas. Con algunas salvedades, los distintos programas así lo reconocen. Quizá uno encuentra a faltar la promesa de intentar alcanzar un gran pacto para abordar nuestro incierto futuro. Sé que demandar esto antes del día de las urnas es una ingenuidad. Espero que no lo sea el día después.

Catedrático de Economía Aplicada (UAB).