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La 'mani' de Carmen

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David Miró
David Miró

Periodista

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Pongamos que se llamaCarmeny que vive en el barrio de Sant Ildefons, en Cornellà de Llobregat. Llegó hace 50 años, cuando todavía era una adolescente, huyendo de la miseria del campo andaluz. Hoy sus dos hijas tienen carrera y buenos trabajos (cruza los dedos cada vez que lo dice), y su principal ocupación es cuidar de los nietos. Siempre ha sido muy activa y muy curiosa, nunca se le fueron las ganas de aprender, de recuperar lo que la larga noche franquista le arrebató. Hace dos años se apuntó a un curso de catalán del Consorci per a la Normalització Lingüística, y ya ha llegado al nivel intermedio. Se atreve incluso a hablarlo con sus nietos, Pol yArnau. Se enfada mucho cuando en verano vuelve al pueblo y le hablan mal de los catalanes. El otro día se encaró con un jovenzuelo envuelto en la bandera de España que tras el partido gritaba «Puta Catalunya». «Pero hijo, no ves que si no hubiese sido por Catalunya hoy a lo mejor serías alemán», le espetó.

No entiende de federalismo ni de tribunales constitucionales, pero sabe que Catalunya es especial, que no es lo mismo que otras partes de España (ella ha recorrido muchas con el Imserso) y que no hace falta haber ido a la universidad para verlo. Es evidente. Las cosas aquí son diferentes, van de otra manera, la gente tiene otra forma de pensar. Y no pasa nada. Tiene un yerno independentista y a veces discuten, pero todo se arregla con un buen vino y unos chistes. A fin de cuentas también tiene familiares de derechas. No se puede estar de acuerdo en todo con todos.

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Carmen está pensando si irá a la manifestación. Su marido no está bien (es lo que le pasa a la clase trabajadora, que la salud se acaba justo a los 65), pero sus hijas sí quieren que vaya. Ella no ha ido a una manifestación desde las reivindicaciones vecinales de los 80, y le da miedo con todas esas cosas que se ven por la tele, las cargas policiales, los disturbios... Su hijaMaríale dice que no pasará nada, que también va elpresidentMontillay que habrá mucha gente, de todo, no solo nacionalistas radicales, como dice ella de su yerno.

El yerno es, precisamente, quien más le insiste. Ya le ha dicho que ese día no irá con ningunaesteladani gritará independencia ni nada. Solo desfilará, en silencio, al lado de su mujer, sus hijos y su suegra. En su agrupación de ERC ya se ha discutido por eso con compañeros que quieren gritar contra España, incluso algunos contraMontillay los socialistas. Piensa que sería un inmenso error, que mañana lo importante, lo que verdaderamente marcará la frontera entre el éxito y el fracaso, es que su suegra pueda ir a la manifestación y sentirse cómoda, es decir, catalana. Por eso hará lo necesario para que sea así. Y el domingo, a Sant Ildefons a comer ese salmorejo que le sale tan bueno... y a discutir también, si se tercia.