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Opinión
Carme Poveda

Carme Poveda

Directora del Observatori Dona, Empresa i Economia y directora de Análisis Económico de la Cambra de Comerç de Barcelona. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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Turismo y negocios, una relación estrecha

El debate no debería centrarse en actividad turística sí o no, sino en cómo gestionarla para minimizar sus externalidades negativas y potenciar las positivas

El turismo chino regresa con fuerza a Barcelona y crece un 30% este año tras multiplicar las conexiones aéreas

Acaba la temporada turística de verano y toca hacer balance. Los datos disponibles de los primeros siete meses son claramente positivos. El número de turistas extranjeros ha crecido un 4,6% en España y un 2,9% en Catalunya respecto al año anterior, que ya fue excepcional. Catalunya sigue siendo la comunidad líder, al concentrar el 21% de los turistas y el 19% del gasto turístico de España.

Además, el gasto medio por turista ha aumentado un 8,8% en Catalunya, muy por encima de la media española (3,1%). Por ello, aunque el número de turistas creció por debajo de la media, el impacto económico ha sido mayor en Catalunya: el gasto turístico acumulado hasta julio aumentó un 12%, frente al 7,8% en el conjunto de España.

Estos buenos resultados contrastan con algunas opiniones, ya habituales cada verano, que cuestionan el sector turístico. Conviene recordar que el turismo representa el 12,6% del PIB español y el 12,3% de la ocupación (2,78 millones de empleos), según el INE (datos 2024). Por lo tanto, su productividad laboral es ligeramente superior a la media de la economía. En la ciudad de Barcelona, el peso económico es del 12,8% del PIB (2023), un dato significativo pero alejado de lo que se considera un monocultivo turístico. Esta cifra incluye no solo la actividad hotelera, sino también la parte del negocio de restauración, comercio, transporte y ocio, cuya demanda está dirigida a los turistas.

¿Qué ocurriría si no hubiera turistas? La pandemia nos ofrece una respuesta aproximada. En 2020, el PIB cayó un 10,9% y la actividad turística perdió tres cuartas partes de su volumen. De los 755.613 trabajadores en erte con los que se cerró el año 2020, alrededor del 58% pertenecían a alguna rama de la actividad turística. Según Exceltur, las pérdidas generadas por el cierre de fronteras el 2020 fueron de 43.460 millones. Prescindir del turismo tendría un coste económico difícil de asumir.

A medida que aumenta el nivel de vida de los países, aumenta la proporción del presupuesto familiar destinada a servicios, especialmente en viajes, ocio y restauración

En cualquier caso, es un supuesto irrealizable. A medida que aumenta el nivel de vida de los países, aumenta la proporción del presupuesto familiar destinada a servicios, especialmente en viajes, ocio y restauración. En 2025, las familias españolas dedicaron a estos conceptos el 14,4% de su presupuesto total.

En una información publicada recientemente en este diario podía leerse que el turismo chino ha aumentado un 30% en Barcelona, tras triplicarse los vuelos directos. El turista chino se caracteriza por su elevado gasto en actividades culturales y comerciales, además de ser menos estacional (no le interesan las playas). La mejora de la conectividad aérea favorece el turismo, pero también las relaciones económicas con China. Las inversiones de China en Catalunya han pasado de 1,9 millones de euros anuales entre 2000 y 2015 a casi 50 millones entre 2019 y 2025. Sin embargo, las rutas aéreas de largo radio requieren un volumen elevado de pasajeros para ser rentables, y el turismo aporta buena parte de esa masa crítica.

Lo mismo ocurre con Estados Unidos. Los vuelos transatlánticos se sustentan tanto en los turistas como en los profesionales, investigadores y empresarios que viajan por motivos laborales. Unos y otros son necesarios para mantener conexiones directas estables.

El aeropuerto de Barcelona registró un máximo histórico de 8 millones de pasajeros intercontinentales en 2025, y cuenta ya con 59 destinos y 37 rutas de largo radio. Sin embargo, todavía hay 5,3 millones de pasajeros que deben hacer escala para llegar a la ciudad. Estados Unidos concentra 1,5 millones de esta demanda intercontinental no servida con vuelos directos; China, 405.000; y Sudamérica, 314.000, según el estudio del Observatori d’Economia Urbana publicado por la Cambra de Comerç en junio.

Existe, por tanto, margen para reforzar la conectividad internacional y los turistas pueden contribuir a llenar esos aviones. Recordemos que el 49% de los viajeros internacionales lo hacen por turismo, por delante del negocio (24%) y de las visitas familiares (20%).

El debate no debería centrarse en turismo sí o no, sino en cómo gestionarlo para minimizar sus externalidades negativas (ruido, gentrificación, masificación) y potenciar las positivas. El turismo no solo es responsable de una parte importante del PIB y la ocupación de nuestro país, es también una palanca para atraer inversiones extranjeras, 'startups', congresos, investigadores y centros de I+D. Limitar sus efectos negativos es posible con políticas públicas y regulación, mientras que renunciar a sus potenciales beneficios sería un error estratégico.

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