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Opinión | Ceuta
Emma Riverola

Emma Riverola

Escritora

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Mbappé, por encima del griterío

El jugador reveló que su solidaridad es total con la gente de Ceuta, pero que también tiene un pensamiento para toda la gente que sufre

Vinícius y Mbappé, con las camisetas de Ceuta enrolladas.

Vinícius y Mbappé, con las camisetas de Ceuta enrolladas. / Movistar +

El mediodía del 15 de junio de 1767, Cósimo Piovasco de Rondó de doce años rechazó el plato de caracoles del almuerzo. Su padre, un barón rígido y "dominado por ideas confusas, como sucede a menudo en épocas de cambio", amenazó con encerrar al disconforme si no cesaba en su protesta. Pero el niño, obstinado, se enrocó en la negativa, se levantó de la mesa, abandonó la casa y trepó a una encina. Nunca más volvió a pisar la tierra. Sus estudios, sus amores, incluso su participación en la Revolución Francesa transcurrieron unos metros por encima del resto de los mortales. Nunca abandonó ni a su familia ni su compromiso con la humanidad. Tan solo eligió otro modo de ver el devenir de los días. Un poco más elevado. Un poco más libre. Cuando ya agonizaba, se agarró al ancla de un globo aerostático y desapareció para siempre.

'El barón rampante' (Italo Calvino, 1957) es una de las novelas más inteligentes, tiernas y divertidas de la literatura. Es el relato de un hombre que elige la libertad, pero también el relato de una impotencia: vivir en los árboles no te convierte en pájaro. El vuelo solo llega agarrado a un último lastre. El niño Cósimo lanzó una irreductible negativa a tragarse la autoridad patriarcal del ‘Ancien Régimen’, igual que su creador combatió el fascismo italiano y, como comunista, también rechazó la deriva más dogmática del Partido Comunista Italiano (PCI).

Hace unos días, tres jugadores del Real Madrid (Vinícius, Mbappé y Konaté) se negaron a lucir la camiseta completa que la Asociación Valenciana de Empresarios había creado en apoyo a Ceuta. Lo suyo fue una negativa a medias -solo mostraron la mitad de la prenda-, igual que las intenciones de los empresarios y el puñado de clubs que apoyan las camisetas son desinteresadas a medias. Es fácil intuir que, en el ecosistema político actual, la iniciativa es un empujoncito más a favor de la operación derribo del Gobierno.

Los jugadores mostraron el "Todos somos caballas", pero ocultaron el "Ceuta y sus caballeros de la mar". Posteriormente, Mbappé reveló que su solidaridad es total con la gente de Ceuta, pero que también tiene un pensamiento para toda la gente que sufre. Es decir, para esos migrantes que deambulan en busca de una oportunidad. No quiso "priorizar sufrimientos", afirmó en una declaración impecable. Al momento, PP y Vox se lanzaron a cargar contra los jugadores. Los matices no están hechos para la boca de todos.

Me pregunto si estos que ahora insultan a los tres jugadores y consideran su gesto como una traición a España son los mismos que celebran a "esos jóvenes patriotas que defienden nuestra identidad gritando 'musulmán el que no bote'", tal como apuntó el diputado de Vox Ignacio Hoces refiriéndose al grito en los campos de fútbol. Y si también son los mismos que chillan como monos y profieren insultos racistas en los partidos contra los jugadores negros. En épocas de cambio no siempre es fácil ocupar el lugar correcto, situarse por encima del griterío y el odio siempre es una buena elección.

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