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Opinión | Fútbol y política
Ernest Folch

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Editor y periodista

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Mbappé contra el nacionalmadridismo

En la salvaje polarización española, una camiseta a favor de los ceutíes es ahora mismo sinónimo de una condena a los denominados 'invasores', es decir, a la inmigración

Vinícius, Mbappé y Konaté se negaron a mostrar el mensaje de apoyo a Ceuta

Vinícius Jr. i Kylian Mbappé, mirant d’ocultar el lema ‘Todos somos caballas’, dimarts a la nit a Elx. | KAI FORSTERLING / EFE

Vinícius Jr. i Kylian Mbappé, mirant d’ocultar el lema ‘Todos somos caballas’, dimarts a la nit a Elx. | KAI FORSTERLING / EFE

Pocos fenómenos tan fascinantes como el momento exacto en el que se mezclan explosivamente política y deporte, dos disciplinas que, a pesar de la súplica ambiental que pide que no se mezclen, no solo se confunden, sino que a menudo se influyen y se condicionan mutuamente. El controvertido e inesperado gesto de Mbappé (y también de Vinicius y Konaté) de dejar la camiseta reivindicativa de "Todos somos caballas" a media asta, recogida en el pecho para subrayar expresamente su rechazo, ha abierto una profunda brecha en el madridismo sociológico. Para entender el conflicto, lo primero que deberíamos entender es el mensaje: en la salvaje polarización española, una camiseta a favor de los ceutíes es ahora mismo sinónimo de una condena a los denominados "invasores", es decir, a la inmigración. No hace falta ser muy espabilado para darse cuenta de que, tras esta pretendida solidaridad hacia la población local, se escondía además un rechazo al inmigrante. O lo que es lo mismo: hay quien ha intentado convertir una vulgar jornada de Liga en un eslabón más de la estrategia de acoso y derribo al Gobierno de izquierdas. Para la sospechosa asociación de empresarios que promovió la camiseta, la frase de los caballas era el equivalente a decir "Perro Sánchez, hijo de p…", la canción del verano en media España.

Y puede que Mbappé merezca mucho menos el Balón de Oro que Lamine Yamal, pero con su valiente gesto ha demostrado una fina inteligencia para leer la mercadería ideológica trucada que intentaban colarle. Al día siguiente, preguntado por el incidente, dijo, con una sencillez aplastante, que lo hizo para "no priorizar" sufrimientos. Dicho de otra manera: Mbappé vino a decir que no participaría en ningún aquelarre para sacar rédito político del sufrimiento de tanta gente, también de los inmigrantes. No es de extrañar que, tras la repercusión del gesto y las palabras de Mbappé, Florentino haya contraatacado con un viaje exprés a Ceuta, este sí inequívoco, de pleno apoyo a la población y al gobierno local. La noche de las camisetas, el Real Madrid se apresuró a tapar la tormenta hablando de "respetar la pluralidad", pero con el viaje de su presidente ha querido dejar muy claro cuál es su postura institucional. La división será, por supuesto, negada, pero es diáfana. A un lado ha quedado Mbappé y los demás futbolistas del Real Madrid, que han querido dejar claro que nadie podrá pisotear su libertad de expresión y que no compran el discurso de la ultraderecha sobre la inmigración. Al otro lado, hemos visto un nacionalmadridismo atacando desvergonzadamente a sus propias estrellas en medios y redes por motivos políticos, y por el mero hecho de desmarcarse libremente de la agenda oficial que quiere convertir a Ceuta en el arma de destrucción masiva para el asalto final al Gobierno de Pedro Sánchez. Estamos ante una honda fractura social y simbólica, que de momento será tapada, pero que habrá que ver con una fina lupa cómo evoluciona en las corrientes subterráneas del madridismo. De momento, los que siempre nos aleccionaban diciendo que no se debía mezclar política con deporte, aquí tienen dos tazas.

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