Ágora
Janet Sanz

Janet Sanz

Portavoz del grupo municipal Barcelona en Comú

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El PSC, descontrol turístico y cortinas de humo

Barcelona en Comú volvió a poner sobre la mesa la reducción de cruceristas adelantándonos al previsible colapso estival y los grupos municipales de PSC y ERC votaron otra vez en contra de esta proposición. Cuesta creer que la reducción de cruceros o la gestión de zonas saturadas que ha anunciado el alcalde vayan en serio

Cruceros en el puerto.

Cruceros en el puerto. / FERRAN NADEU

Dice Jaume Collboni que Barcelona está masificada, y solo ha necesitado ocho años para darse cuenta. A buenas horas, mangas verdes, después de dos mandatos torpedeando toda medida del gobierno municipal de Barcelona en Comú para abordar esta situación. Ahora bien, si nosotras proponíamos limitar el turismo y reducir la cantidad de visitantes priorizando así a las vecinas, el PSC propone más limpieza, más policía y facilitar su flujo por los puntos turísticos de la ciudad. Un Pla Endreça adaptado a un parque de atracciones donde las medidas contra la masificación se reducen a anunciar los tiempos de espera y a limpiar detrás de un turista para que el próximo se encuentre el escenario impoluto y listo para un selfi. Ni una medida para bajar el precio del alquiler, ni una medida para proteger el comercio de proximidad, ni una medida para cerrar apartamentos turísticos y destinarlos a vivienda permanente. En definitiva, ni una sola medida para las verdaderas externalidades negativas de la masificación.

Desde Barcelona en Comú acogemos los últimos anuncios con escepticismo y serias dudas, ya que si algo han hecho Collboni y el PSC durante los dos mandatos de gobierno de Ada Colau ha sido oponerse, por ejemplo, a cualquier acuerdo que redujera el número de cruceristas en la ciudad. Me explico: en 2018, inspiradas por ciudades como Venecia o Amsterdam, Barcelona llegó a un primer acuerdo con el Puerto para reducir a 7 las 13 terminales proyectadas y alejarlas del centro de la ciudad. Era un acuerdo pionero, pero no era un acuerdo suficiente, y ya entonces sostuvimos que debía reducirse también el número de barcos, especialmente aquellos de corta duración que hacen 'fast food' turístico, más nos encontramos con la negativa de PSC y ERC, a cargo de la concejalía de Turismo y a cargo del Puerto, respectivamente. Tras la pandemia, 2022 supuso la vuelta masiva de cruceristas a la ciudad y desde Barcelona en Comú forzamos a la Generalitat a crear una mesa de negociación para abordar la reducción de barcos y visitantes. Nuevamente, PSC y ERC obstaculizaron el acuerdo y apostaron por una industria turística que no debía tener límites, haciendo bandera de un discurso 'ayusista' en pro de la libertad y los ingresos económicos que no se ha traducido en libertad e ingresos para ningún vecino. En consecuencia, este 2024 se batirá el récord de cruceristas con 4 millones de visitantes previstos, más del doble que los habitantes de la ciudad.

¿Y no puede ser que el PSC haya cambiado de opinión? Podría ser, pero tristemente no hace ni tres meses que Barcelona en Comú volvió a poner sobre la mesa la reducción de cruceristas adelantándonos al previsible colapso estival y los grupos municipales de PSC y ERC votaron otra vez en contra de esta proposición. Con esta trayectoria, cuesta creer que la reducción de cruceros o la gestión de zonas saturadas que ha anunciado Collboni vayan en serio. ¿Qué pretende tapar con esta cortina de humo? ¿Las protestas vecinales contra el desfile de Louis Vuitton? ¿El voto en contra de regular alquileres de temporada por parte de su partido? ¿El escándalo por circular en bici por una vía donde él mismo lo había prohibido?

Como las palabras se las lleva el viento, déjenme que me fie mejor de los hechos: en este primer año de mandato, Collboni ha acabado con la moratoria de hoteles en el centro, a la que ya se opuso en 2021 cuando anunciamos el PEUAT. Ha apostado por acoger grandes eventos como la Fórmula 1 en Paseo de Gràcia o la Feria del Lujo. Ha priorizado la Copa América frente a la Cumbre por la Sequía que anunció a bombo y platillo. Y no se cansa de reclamar la ampliación del aeropuerto cada vez que tiene ocasión. Su modelo es el crecimiento sin límites y el turismo de masas, propio del pasado. Si no es así, entonces debería confirmarlo con más políticas concretas y menos anuncios superfluos: este verano dedicará 400.000 euros a publicidad sobre la gestión del turismo, pero ni uno solo a regular los usos del espacio público, a crear empleo de calidad o a reducir el precio de los alquileres. Barcelona y las vecinas que sufren los efectos de la masificación turística merecen un gobierno más honesto.