Opinión | Tras el informe PISA

Albert Soler

Albert Soler

Periodista

Los alumnos catalanes ya son como los daneses

Pupitres en una clase vacía.

Pupitres en una clase vacía. / EP

Un informe que se llame PISA ha de salir torcido por fuerza, y aun así, como nuestras autoridades usan muchos eufemismos para valorar los resultados, yo se los resumo: los niños catalanes son cada vez más tontos. Saltaba a la vista, pero está bien que lo confirme un estudio elaborado por expertos, por si las dudas. Los pobres niños no tienen la culpa, todos los niños nacen sin saber nada, y es tarea de los mayores enseñarles, cosa que hasta ahora, mal que bien, hacía la escuela. Tampoco la tienen los profesores, que hacen lo que buenamente pueden. La tiene un sistema educativo, creado por unos políticos ignorantes y afianzado por unos padres sobreprotectores, que premia por igual el esfuerzo que la indolencia.

Los resultados en Catalunya han sido de los peores de España -que ya es decir, puesto que los de España son de los peores de la OCDE-, especialmente en matemáticas y en comprensión lectora. Lejos de ser un fracaso, debe considerarse un éxito del Governet, ya que es el primer paso para convertir Catalunya en la Dinamarca del sur que prometía el 'procés': los alumnos catalanes ya tienen el mismo nivel de comprensión lectora ante un texto en catalán o en castellano, que los escolares daneses ante el mismo texto. Igualarlos en matemáticas va a ser más difícil, de momento nos conformamos habiendo conseguido que, ante un párrafo en catalán de Josep Pla, un chaval de Copenhague y uno de Girona pongan la misma cara de incomprensión.

No ha sido fácil llegar a esta meta, los poderes públicos se lo han trabajado mucho. Ernest, por ejemplo, empezó la escuela en un colegio público. Con el paso de los cursos, veíamos extrañados que tenía casi ocho años y aún no le enseñaban a multiplicar. Un día le preguntamos que había hecho en la escuela.

-Hemos dedicado el día a pintar un mandala.

Qué bonito. A tan tierna edad, Ernest ya sabía hacer cosas que yo no he hecho jamás, yo ni siquiera sé lo que es un mandala. A mi señora, en cambio, casi le dio un ataque, la muy anticuada ignora que el futuro es de las mandalas, que matemáticas, geografía y ortografía de nada sirven, que con mandalas se le abren a uno todas las puertas. Otra madre, que al ser rusa debía de estar acostumbrada a planes de estudio quinquenales y sin bromas, preguntó a la dirección del centro por qué su niño no aprendía.

-Es que aquí primamos que los niños sean felices.

Acabáramos, se trata de felicidad. Gracias a esos métodos de estudio, los escolares catalanes son los más felices. Los más ignorantes también, pero eso tanto da. Cambiamos a Ernest de colegio, claro. Ahora pagando, claro. Hice caso a mi señora en lugar de a la política educativa del Governet, tal vez porque es ella quien duerme conmigo y no la consellera de Educació. A veces me arrepiento de haber claudicado, de haber puesto a la familia por delante de Catalunya, seguro que los niños daneses no saben pintar mandalas, íbamos a superarlos por fin.

La Generalitat atribuyó los resultados del informe PISA al exceso de inmigrantes en las pruebas, será que los inmigrantes son más idiotas que los autóctonos, aunque viendo a nuestros políticos, autóctonos todos ellos, se me antoja imposible. El problema no es ese, el problema es que la pruebas PISA están mal hechas. Si consistieran en pintar mandalas, Catalunya sería líder. En lugar de eso, ponen a los escolares en situaciones tan dramáticas y estresantes como saber matemáticas y entender lo que leen. Así no hay manera.