Tras el encuentro en Suiza
Ernest Folch

Ernest Folch

Editor y periodista

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Un relator para el independentismo

Ni Esquerra ni Junts se dan cuenta de lo estéril y ridículo que supone que haya dos mesas de negociación que nadie sabe en qué se diferencian

El diplomático Francisco Galindo Vélez coordinará la verificación de los pactos entre el PSOE y Junts

Aznar ve una "vergüenza" la cita "clandestina" en Suiza con mediador

El expresident Carles Puigdemont, este jueves desde Bruselas tras la firma del pacto con el PSOE.

El expresident Carles Puigdemont, este jueves desde Bruselas tras la firma del pacto con el PSOE. / EFE

No hay mejor aval que la rabia incontenida del PP y la extrema derecha. La indignación, al límite del racismo, generada por la aparición del salvadoreño Francisco Galindo Vélez como mediador en una mesa de negociación en Suiza es ya de por sí un triunfo aparente de Puigdemont. En política la puesta en escena lo es casi todo, y la teatralización impuesta con toda la perversión por Junts recuerda a las negociaciones de países en guerra y de conflictos atávicos que necesitan intervención internacional. Puigdemont y Sánchez pusieron el anzuelo y Feijóo picó como siempre: la ira de la derecha extrema es un salvavidas para Junts en un momento que tiene que contener sus propias crisis internas. Eso sí, todos sabemos que esta mesa no desembocará jamás en un referéndum por la independencia, pero el valor que tiene es su propia existencia, amplificada hasta límites grotescos por quienes pretenden combatirla. En realidad lo único que quiere demostrar Junts es que su mesa es mejor que la de Esquerra, y que Puigdemont negocia mejor que Junqueras. Paradójicamente, Junts no hace sino seguir el camino iniciado por los republicanos en la primera mesa, cuyo único valor, como esta, era ella en sí misma. Y es que es precisamente la guerra civil entre las dos grandes facciones independentistas lo que permite a Pedro Sánchez hacer concesiones teatrales a cada una de las partes, porque sabe que en estos momentos Junts y Esquerra se anulan mutuamente. Da igual si es Rodalies o el mediador internacional, da igual si son traspasos de competencias o cesiones puramente simbólicas, el PSOE sabe que el partido que no ha logrado el acuerdo se dedicará a minimizar o ridiculizar lo que ha conseguido el otro. Un detalle nada menor: la mesa de negociación suiza, con mediador salvadoreño, ha conseguido una repercusión internacional casi nula, puesto que la opinión publicada europea la ha descifrado no como ninguna negociación territorial sino como un simple encuentro de parte, en el que falta la otra mesa de negociación. Sí, porque aunque parezca cómico, queda todavía otra mesa y sobre todo otra puesta en escena, esta vez entre gobiernos, que Esquerra dirá que es la que vale y que será menospreciada por Junts.

Puede que en cada uno de estos encuentros el partido independentista que se sienta en la mesa se crea ganador por un día, pero ni Esquerra ni Junts parecen darse cuenta de lo ridículo y estéril que supone la coexistencia de dos mesas que más que escenificar el conflicto entre Catalunya y España son sobre todo la expresión de un conflicto interno y muy doméstico del independentismo. Esta convivencia de dos negociaciones que nadie sabe en qué se diferencian son el perfecto resumen de la guerra fratricida que ha destruido el independentismo. Los líderes que se creían muy ‘astuts’ han resultado ser una calamidad porque si hubiesen sido capaces de acordar una unidad real de acción, una sola mesa de negociación y un solo discurso, hubieran conseguido, quizás, algún avance. La mesa de verdad necesaria es la que debería sentar a Esquerra y Junts para dirimir sus irresolubles diferencias, que más que un mediador internacional, necesitarían la ONU entera para ser resueltas. Esa seguro que no la veremos nunca.