Opinión | Responsabilidad afectiva

Olga Ruiz

Olga Ruiz

Periodista

Si eres así, deja de serlo

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No estaban muertos, estaban reinventándose, por Olga Ruiz

Cola de personas en un CAP

Cola de personas en un CAP / MANU MITRU

Ella muy disgustada, nerviosa, desnortada. Le calculo ochenta y tantos, como a él: cabizbajo, superado. Ambos intentan explicar en el mostrador de su Centro de Atención Primaria el último problema con su médica de familia. Habla ella, extremadamente educada, casi pidiendo perdón por la queja. La chica que les atiende al otro lado del cristal le pregunta con paciencia y ternura el nombre de la doctora en cuestión. Al oír la respuesta, mira a su compañero con esa certeza de las causas perdidas y espeta: "Uf sí, no hay nada que hacer. Ella es así". Acto seguido le propone un cambio de médico.

Me revuelve la escena. Odio ese mantra que todo lo justifica. "Ella es así", a modo de terrón de azúcar que deshace cualquier daño colateral. Lo que precede a un "yo soy así" es un comportamiento abusivo, una grieta emocional.

Suele ser recurso socorrido de personas con nula responsabilidad afectiva, las mismas que desaparecen cuando más las necesitas, que no responden un mensaje o que olvidan sistemáticamente cosas que para ti son importantes. Cuando les expones tu frustración por su trato, la coletilla salta como un resorte: "Yo soy así". Acabáramos, vía libre entonces para su ninguneo.

El dichoso mantra es caldo de cultivo también en el ámbito laboral. Ese jefe que te chilla porque él es así, esa compañera permanentemente malhumorada porque ella es así, ese colega que se despista siempre en los momentos decisivos. Ellos son así. El problema al parecer es tuyo por no aceptar de buen grado su agria bilis. Porque tú no eres así. Apechuga con las consecuencias.

Vuelvo a pensar en la anciana del otro día en el CAP, no merecía el sofoco ni el trato. También en la cantidad de veces que he soportado un "yo soy así" como única respuesta ante actitudes decepcionantes. Pienso en los vínculos que establecemos a lo largo de nuestra vida, en la importancia de una red afectiva que nos trate y nos quiera bien, que nos sostenga cuando todo se desmorona. Si eres así, deja de serlo.