Negociación PSOE-Junts
Joaquim Coll

Joaquim Coll

Historiador

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El grano en el culo para Sánchez

Peor que la amnistía, es haber aceptado una mesa en el extranjero, con apuntador incluido, que confirma el relato del 'procés' que quieren los separatistas, ignorando así a la mayoría de los catalanes

Sánchez acusa al PP de 'lawfare' y defiende el verificador porque él "no se entiende" con Puigdemont

La fundación Henry Dunant, mediador en el desarme de ETA, será el verificador del PSOE y Junts en Ginebra

Puigdemont, Nogueras y Turull.

Puigdemont, Nogueras y Turull.

La negociación mensual a la que se ha comprometido el PSOE con Junts en Suiza para reelegir a Pedro Sánchez y apoyar al Gobierno a lo largo de la legislatura va a ser para los socialistas peor que un grano en el culo. Que se negocie en el extranjero y con la presencia de un verificador, posiblemente del Centro para el Diálogo Humanitario Henri Dunant, una organización que ya hizo de mediadora entre ETA y el Gobierno Zapatero, produce bochorno general. Contrariamente a lo que declaró Sánchez, la razón para algo tan inaudito no es la desconfianza entre PSOE y Junts, que también, sino el interés de Carles Puigdemont por darle a ese encuentro una dimensión internacional. El objetivo es crear la ficción de que hay dos sujetos diferentes, Catalunya y España, oprimido y opresor, que negocian para pactar un “acuerdo histórico” a un conflicto que se remonta nada menos que a 1714. Peor que la amnistía, es haber aceptado una mesa en el extranjero, con apuntador incluido, que confirma el relato del 'procés' que quieren los separatistas, ignorando así a la mayoría de los catalanes. La mesa con ERC, que también aborda un posible referéndum, por lo menos tiene el paraguas formal de que son reuniones entre gobiernos, el autonómico catalán y el español, y se hace en casa. 

La presidenta del Congreso, Francina Armengol, en la sesión inaugural de la legislatura con la presencia de Felipe VI decepcionó nuevamente con un discurso de escasa altura, que la oposición interpretó en algunos pasajes como un ataque por lo que no fue aplaudido por la mitad de las Cortes. No había pasado nunca e indica que ya no queda ni pizca de sentido institucional en ningún lado. Subrayó, lógicamente, el insustituible papel del Parlamento, pero obvió comentar las ausencias de casi todos los grupos que apoyan al Gobierno. Ese desaire permanente al jefe del Estado, que lo es también a las Cortes y a la Constitución, debiera ser censurado alguna vez. También evitó referirse al auténtico grano en el culo para Sánchez y para la institución que ella preside. Que fuera del Congreso, y de España, se decida el desarrollo de la legislatura.