Conflicto
Rafael Vilasanjuan
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Víctimas y enemigos

El conflicto se mueve entre la ambigüedad de quienes se reclaman víctimas del terrorismo o y las que lo son del asedio, sometidos a una violencia desproporcionada

Militares israelíes en la frontera con la Franja de Gaza.

Militares israelíes en la frontera con la Franja de Gaza. / EFE

El potencial que tiene el conflicto en Oriente Medio para polarizar el debate político es tremendo. A diferencia de la invasión rusa en Ucrania, donde apenas nadie en occidente tiene dudas sobre quién es el enemigo, en Gaza el conflicto se mueve entre la ambigüedad de quienes se reclaman víctimas del terrorismo o y las que lo son del asedio, sometidos a una violencia desproporcionada, como si todo estuviera permitido.

No es extraño, por tanto, que un conflicto tan polarizado divida a Europa, como lo hace también en EE.UU. donde el presidente Biden intenta navegar a las puertas de una campaña electoral donde su electorado más progresista le pide mano dura con el gobierno de Israel y la comunidad judía, en cambio, que no flaquee frente a la amenaza terrorista. Algo parecido le ha pasado esta semana a Pedro Sánchez, poniendo de manifiesto que la Europa que ahora mismo preside, no debería seguir moviéndose en la ambigüedad de que en esta guerra haya un solo enemigo. 

No lo hay. Aunque el inicio de la violencia actual es la carnicería del 7 de octubre, la falta de voluntad política en Israel en décadas para proponer una solución a una población palestina sin estado es el principal obstáculo para su seguridad. La violencia actual solo puede agravarla, porque ha conseguido polarizar y eliminar muchos de los lazos que a pesar de todo seguía habiendo entre musulmanes y judíos. Por eso, aunque el alto el fuego y el intercambio de rehenes y prisioneros -por cierto, muchos de estos últimos encarcelados sin juicio- sea un paso en el buen sentido, el conflicto no apunta a una solución rápida.

Mas bien al contrario, la guerra se ha hecho demasiado grande y profunda como para que el horizonte de un acuerdo esté cerca. Por eso es necesario seguir poniendo presión, recordando a cada una de las partes que ambos utilizan la violencia y que si son incapaces de encontrar por sí mismos otra solución, serán víctimas, -como reclaman-, pero víctimas de sí mismos. Y eso aplica a ambos lados.