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Barcelona, campus universitario

El rector de la Universitat de Barcelona (UB), Joan Guàrdia, conversa con el director de EL PERIÓDICO, Albert Saéz, durante el afterwork celebrado en 'Casa Seat'.

El rector de la Universitat de Barcelona (UB), Joan Guàrdia, conversa con el director de EL PERIÓDICO, Albert Saéz, durante el afterwork celebrado en 'Casa Seat'. / Jordi Otix

La próxima semana, según ha adelantado Helena López en EL PERIÓDICO, las cuatro universidades públicas de Barcelona van a presentar un artefacto (así lo llamó el conseller Joaquim Nadal en un desayuno informativo) para mostrarse al mundo con una marca común que les vincule con la ciudad. Estamos hablando de la UB (con casi 600 años de historia), la UAB (con su campus principal en Bellaterra), la UPC (especializada en estudios técnicos e industriales) y la UPF (la start up del sistema universitario catalán con un fuerte peso en las áreas de conocimiento vinculadas a ciencias sociales y económicas). Entre todas, suman más de 100.000 estudiantes y la mayoría de ellas se encuentran en los ránkings internacionales muy por encima de lo que les correspondería por la inversión pública en enseñanza superior. Tienen volumen, son eficientes y acumulan prestigio. Pero, como explicaba también esta semana el rector de la UB, Joan Guàrdia, en el Afterwork de EL PERIóDICO, los retos de las universidades en el mundo pospandemia son enormes, tanto por la necesidad de adecuar su modelo pedagógico como por la exigencia de seguir ayudando a mantener la distinción entre banalidad y conocimiento en un mundo azuzado por la incertidumbre y la credulidad.

El ruido por la crispación que irradia ahora el epicentro político y mediático de Madrid nos está dejando al margen del gran debate europeo del momento: la autonomía estratégica de la UE. La pandemia nos ha hecho ver que no todas las fábricas pueden estar deslocalizadas y la guerra en Ucrania ha evidenciado que, sin patentes tecnológicas y sin recursos estratégicos, la UE se parece más al Imperio Británico decadente de principios del siglo XX que a Estados Unidos y China, las potencias del siglo XXI. Las universidades, que son y deben ser igual de potentes en docencia que en investigación, son una pieza clave de esa autonomía estratégica, en el ámbito de la tecnología, pero también en el de las ideas.