Conflicto en Gaza
Rafael Vilasanjuan
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Mientras dure la guerra

Si además se bombardean hospitales y campos de refugiados, quienes denuncian a su enemigo como terrorista, deben aceptar que califiquemos estas prácticas con el mismo calificativo

Paisaje destruido tras un ataque aéreo israelí en Khan Younis

Paisaje destruido tras un ataque aéreo israelí en Khan Younis / IBRAHEEM ABU MUSTAFA / REUTERS

No hay duda de que el ejército de Israel asediando la capital de Gaza va a vencer, otra cosa bien diferente es que además convenza. El asedio de una ciudad en guerra acaba con millones de víctimas inocentes, y si además se bombardean hospitales y campos de refugiados, quienes denuncian a su enemigo como terrorista, deben aceptar que califiquemos estas prácticas con el mismo calificativo. 

Desde los ataques desde Gaza del 7 de octubre, el gobierno de Israel se ha entregado a una guerra hasta el final para acabar con Hamás. Algo que casi todos los analistas consideran casi imposible, por más que dejen la franja de Gaza como un erial. En el camino, mientras tanto, está desplazando a cientos de miles de palestinos y masacrando a víctimas inocentes, en lo que empieza a parecer una limpieza étnica de una parte del territorio.

Pero el problema ya no es solo para los palestinos, ahora mismo esa guerra apunta a que será larga, muy costosa y con un potencial enorme para escalar hasta convertirse en un conflicto regional. Los ciudadanos de Israel, que eran muy críticos antes de la guerra con Benjamin Netanyahu y su gobierno trufado de ultraortodoxos, ahora están más a riesgo de lo que han estado en décadas.

El dilema, por lo tanto, es ¿a quién favorece esta guerra? Si se trata solo de la revancha contra Hamás, habrá que fijar el límite, si no, lo que hace falta es responde a una pregunta aún más sencilla ¿Qué hacer después? Hoy por hoy con toda la ambigüedad de lo que supone la propuesta de dos estados conviviendo en paz en el mismo territorio, ese plan, que incluso promueve el presidente Joe Biden, tiene dos grandes enemigos.

En Palestina, Hamás y en Israel los ultraortodoxos y el propio Netanyahu. Esta guerra, por lo tanto, es el choque de estos dos movimientos negacionistas opuestos. Para acabar con ella lo que falta en ambos lados es liderazgo y capacidad política para llegar a acuerdos. Pero no vendrá de ninguna de estas dos partes, porque ellos son los únicos que ganan, mientras dure la guerra.