Investidura
Astrid Barrio

Astrid Barrio

Profesora de Ciencia Política de la Universitat de València. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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El dilema de Junts

El partido de Carles Puigdemont se enfrenta al riesgo de que la llave que ha exhibido desde las elecciones acabe convirtiéndose en un tanto con el que se hará el harakiri

¿Qué han pactado el PSOE y ERC? Todas las claves del acuerdo para la investidura de Sánchez

Puigdemont tacha de inaceptable el "uso estratégico de leyes para perjudicar a disidentes o rivales"

Puigdemont defiende que deben tomar precauciones "por más prisas que tengan algunos"

François WALSCHAERTS / AFP / Video: EFE

Un mes después de que el Rey propusiese a Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del Gobierno su investidura parece estar más cerca pero todavía es incierta. Esta semana se ha dado un paso de gigante amarrando los votos de ERC, pero justamente ese paso, tanto por su contenido, como por el momento, como por la solemne escenificación que ha supuesto la firma del acuerdo por parte de Félix Bolaños y Oriol Junqueras, ha complicado el apoyo de Junts per Catalunya.

Las negociaciones entre el PSOE y el independentismo se han alargado y han sido discretas hasta que la semana pasada, cuando más de tres meses después de las elecciones, Pedro Sánchez pronunció la palabra mágica, amnistía, el elefante en la habitación sobre la que todavía no se había pronunciado y de la que todo el mundo habla, hasta el punto de que sin existir ya se han organizado manifestaciones en su contra. La pronunciaba y la asumía abriendo la puerta a un reconocimiento largamente reivindicado por Junts y que se consumó en la reunión que mantuvo el secretario de organización del PSOE con Carles Puigdemont en Bruselas oficializando la existencia y el avance de las negociaciones. Todo ello coincidió con el aviso de ERC de que había quien en el PSOE estaba dificultando los avances, en clara alusión a la ministra de Hacienda, lo cual surtió efecto y favoreció una aceleración.

El jueves todo parecía encarrilado y de hecho se empezaba a especular con que el debate de investidura tendría lugar la semana siguiente y que la intención del PSOE era registrar la ley de amnistía firmada por todos los grupos, antes de la investidura. Sin embargo, el acuerdo del PSOE con ERC dio al traste con los planes. Los republicanos, avanzándose a Junts y robándole todo el protagonismo, anunciaban que habían logrado arrancar el traspaso de Rodalies, así cono una quita de 15.000 millones de la deuda de la Generalitat, satisfaciendo de ese modo la carpeta de las políticas de lo cotidiano, y que también habían logrado un acuerdo respecto de la amnistía así como la designación de un mediador, encargado de realizar el cumplimiento de los acuerdos de la mesa de diálogo y verificar su cumplimiento. Y a pesar de que la letra pequeña pueda matizar el alcance de los logros lo cierto es que ERC conseguía satisfacer buena parte de sus exigencias y también las Puigdemont, con la excepción del ejercicio de la autodeterminación, dejando así un estrecho margen para que Junts pudiese exhibir un triunfo a la altura del ‘acuerdo histórico’ al que se había comprometido. Ello explica los titubeos y la dilatación del acuerdo.

Al parecer, el escollo fundamental con Junts es el alcance y la interpretación de la amnistía. Para el PSOE, y ERC parece haberlo aceptado, la amnistía es un ejercicio de reconciliación y una manera de poner el contador a cero, ya que incorpora a las personas encausadas por los actos del 1 octubre y de sus consecuencias, incluyendo a Tsunami Democràtic, mientras que Junts pretende que la amnistía se convierta en un acto de desagravio del Estado con el independentismo y que incluya también a personas encausadas por asuntos que califican de ‘lawfare’, lo que supondría beneficiar a algunos estrechos colaboradores de Puigdemont, como Josep Lluís Alay y Gonzalo Boye y hasta incluso, porque no se ha desmentido, a Laura Borrás. Pero a nadie se le escapa que en caso de de lograrse esta concesión tampoco podría exhibirse como un acuerdo histórico sino más bien como un beneficio particular.

Junts se enfrenta al riesgo de que la llave que han exhibido desde las elecciones acabe convirtiéndose en un tanto con el que se hará el harakiri. Si no formalizan el pacto serán considerados los únicos culpables de la repetición electoral, con el consiguiente descontento del sector posibilista del partido y de su electorado. Y si lo hacen sin exhibir logros mayores a los conseguidos por ERC, mas allá de los casos de ‘lawfare’, algo que en estos momentos no se vislumbra, estarán haciendo una enmienda a la totalidad a la estrategia que han seguido en los últimos años y avalando la de Esquerra que tanto habían criticado. La decisión dependerá de lo que consideren que les resulta más asumible o más beneficioso en términos electorales.