Limón & vinagre

Pilar Garcés

Periodista

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Borja Thyssen: pleitos tiene (con Hacienda) y los gana

Borja Thyssen-Bornemisza y su mujer, Blanca Cuesta, llegan al juzgado de lo Penal número 15 de Madrid, donde se les juzga

Borja Thyssen-Bornemisza y su mujer, Blanca Cuesta, llegan al juzgado de lo Penal número 15 de Madrid, donde se les juzga / EFE/ Borja Sánchez Trillo

Si litigar con Hacienda fuese una de las bellas artes, a Borja Thyssen, de 43 años, habría que consagrarle un museo al lado del que lleva su ilustre apellido. El primogénito de Carmen Cervera acaba de ganarle un pleito al fisco español, en el que se le pedía un año de cárcel y una multa de casi millón y medio de euros por no tributar los beneficios obtenidos tras la venta de un lujoso chalet en Eivissa. No se ha acreditado la «ocultación maliciosa», entiende la jueza en una sentencia recurrible que describe una de esas inextricables marañas societarias que favorecen a los muy ricos para que contribuyan lo menos posible a la caja común. Todo legal, al fin y al cabo. Su madre le había aconsejado discreción, «paga y calla», pues considera que no se deben exponer a los cuatro vientos controversias económicas con el mismo Estado con el que acabas de llegar a un acuerdo sustancioso: el arrendamiento durante 15 años de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza a cambio de 6,5 millones de euros anuales, de los que el hijo se lleva un tercio en su condición de copropietario. Pero él no se conformó, que las herencias se consolidan tacita a tacita. 

No es la primera vez que Borja sale victorioso de una liza con Hacienda, ministerio que forma parte del patronato del museo Thyssen, como él mismo, junto al de Cultura. Hace cuatro años fue absuelto de otro supuesto fraude fiscal, que llegó a juicio por mucho que su progenitora aconsejara igualmente «paga la multa y calla». Se le reclamaban dos años de cárcel y un montante de 2,5 millones de euros por fingir su residencia en Andorra para no abonar los impuestos derivados de la venta de exclusivas a las revistas de corazón. Ventas millonarias, cabe aclarar, de una biografía que nunca ha dejado de estar bajo el foco. 

En las páginas rosa se ha contado episodio a episodio su vida sentimental, desde sus estudios en carísimos internados a su enamoramiento a los 17 años de la modelo Blanca Cuesta, que entonces contaba 24 y hoy es su mujer y la madre de sus cinco hijos. La baronesa Thyssen se opuso desde el primer momento a la relación por la diferencia de edad, y por considerar a su nuera una cazafortunas y una mala influencia, con alusión incluida a los tatuajes y músculos que el chaval empezó a lucir. 

Ella misma, una actriz y 'miss España' divorciada y madre sola, había sido tachada de interesada por la familia del aristócrata Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza cuando decidió convertirla en su quinta esposa en 1985 y adoptar al hijo de un año, nombrándole heredero igual que a sus otros descendientes, un paralelismo que no representó un plus de empatía hacia la joven elegida por su retoño. Se opuso a la boda, celebrada con la novia embarazada y casi en la intimidad para proteger la exclusiva, por precipitada y durante años no tuvo apenas relación con los nietos que fueron llegando. 

De forma discreta, pero con trascendencia pública, Borja Thyssen mantuvo una relación cordial que no estrecha con su padre biológico, un publicista llamado Manolo Segura que ya se había separado de Carmen Cervera cuando ella supo de su embarazo, y que falleció en 2020 de un cáncer. Este progenitor reencontrado medió para que la familia restableciera los vínculos rotos y firmara su reconciliación, cuando el hijo tomó posesión al fin de su millonario legado.

Dueño de un pasaporte suizo, y para no contravenir su declarada residencia en Andorra, Borja Thyssen reparte su tiempo en sus casas del Principado, Londres, Dubái, donde posee negocios inmobiliarios, y Madrid, lugar en que ha residido de forma permanente su familia numerosa hasta este invierno, cuando se han instalado en la exclusiva estación de esquí de Gstaad. Disfruta de los veranos navegando en catamarán por aguas de Eivissa y también es coleccionista de arte, asesorado por los conservadores de las pinacotecas que portan su apellido. Si se hacen realidad los deseos de su madre, vicepresidenta vitalicia de la fundación que gestiona el ingente legado Thyssen, Borja le sucederá en el cargo. De momento, lleva una retirada vida de lujo y negocios, solo interrumpida por las inauguraciones de las exposiciones de su mujer, también pintora, y alguna gala filantrópica o fiesta 'hippy'. Una existencia plácida de magnate, hasta que Hacienda pretenda ajustarle de nuevo las cuentas y le rete a darse otro paseíllo judicial.